Günther Schmigalle

Darío, cronista de la modernidad.
Presentación de sus Crónicas desconocidas

Karlsruhe, Alemania

Schmigalle@BLB-Karlsruhe.de

Notas*Bibliografía

Desde Los raros hasta Todo al vuelo, Darío mismo reunió algunas de sus mejores crónicas en libros; otras fueron recogidas después de su muerte por Alberto Ghiraldo, E. K. Mapes, Roberto Ibáñez, Pedro Luis Barcia y otros. Sin embargo, una gran parte de sus crónicas y otros textos dispersos quedan todavía por descubrir, por recopilar y por editar.

El punto de partida de nuestro proyecto "Las crónicas desconocidas de Rubén Darío" fue la edición crítica de La caravana pasa que estamos realizando desde el año 2000 con el apoyo de la Academia Nicaragüense de la Lengua. Buscando la versión original de las crónicas de La caravana pasa, nos encontramos con dos sorpresas. La primera: En La Nación de Buenos Aires se encuentran todavía muchísimas crónicas de Darío que nunca se publicaron en ningún libro. En el volumen actualmente en preparación presentaremos cincuenta y tres de ellas que vieron la luz en el gran diario bonaerense entre los años 1901-1906. El propósito de nuestra edición crítica y anotada es, por un lado, ofrecer un texto fiel y exacto de las mismas, y, por el otro, facilitar una lectura profunda de estos textos, por medio de la identificación de las citas, alusiones, referencias y contenidos sumergidos que son como las garras del león dariano.

La segunda sorpresa está en la persistente resonancia actual de estas páginas. Es cierto que el afán y el entusiasmo renovador del modernismo ha pasado, y hoy lo sustituye, en una gran parte de los medios intelectuales, un cinismo apático disfrazado de postmodernismo. Pero lo que realmente trae Darío es algo más profundo y extenso que el modernismo: “nada menos que la modernidad”1, y allí está el secreto de la actualidad de sus crónicas en los albores del siglo XXI. El contacto cosmopolita entre las razas y culturas ha avanzado considerablemente y facilita placeres, conocimientos y progresos antes inimaginables. Pero también ha avanzado la americanización del mundo. La “globalización feliz” y el “fin de la historia” se ven sustituidas, en los últimos años, por las “nuevas amenazas” y el “choque de civilizaciones”2 . Predomina en el mundo un modo de desarrollo que profundiza las desigualdades, agrava la heterogeneidad y los desórdenes del mundo, destroza las áreas culturales no occidentales y criminaliza la economía y las finanzas. En todas partes, la pobreza de muchos hombres sigue siendo la condición y la contrapartida de la riqueza ostentosa de unos cuantos. Parece que, como en los tiempos de la primera revolución industrial, los capitalistas nunca han sido tan libres y las cárceles nunca han estado tan llenas de pobres. El materialismo, el egoísmo, la doble moral, la destrucción del patrimonio cultural y del medio ambiente, todos observados por Darío en su momento, acompañan como sombras fieles los grandes progresos económicos y tecnológicos. La cantidad de los productos estandardizados que nos rodean no logra llenar el vacío espiritual, y a veces nos sentimos tan frustrados como Darío entre los miles y miles de cuadros académicos en cada nuevo salón de París. Lo que Darío sentía frente a las guerras en Sudáfrica o en China, nosotros lo sentimos frente a las primeras guerras del siglo XXI, en Afganistán o en Irak. Escándalos, espantos, fieros males acompañan los inicios del siglo XXI como los del XX. La civilización humana con todos sus logros se nos aparece a veces como un barniz que cubre, de manera precaria, la barbarie original. El espíritu de Darío, con su sed infinita de conocimientos y de sentimientos, con su sensibilidad y compasión profunda, con su vocación de pluralidad integrada3, se enfrenta con todas esas contradicciones y nos hace sentir que, a pesar de todo, “el hombre sigue en su ascensión infinita ... la Humanidad se desenvuelve y se perfecciona”.

Calidad de las crónicas desconocidas

Una pregunta preliminar parece imponerse. Si estas crónicas se han quedado al margen tanto de los volúmenes reunidos por Darío como de aquellos que se deben a compiladores posteriores, ¿significa esto que se trata de textos de una calidad inferior?

En primer lugar, hay que aclarar que los compiladores posteriores a Darío generalmente no se dirigieron por criterios de calidad. Algunos, hasta donde veo, reunieron todo lo que podían encontrar, en el tiempo limitado de que disponían y en la situación bibliográfica y hemerográfica, más o menos difícil, del respectivo país. Otros, si tuvieron el privilegio de poder escoger, escogieron los textos que trataban de poetas y de poesía (pensando, no sin justificación, que eso era el área de mayor competencia de Darío) o de monarcas y mandatarios (esperando, erróneamente, poder conseguir de manera póstuma la protección oficial que el gran poeta nunca logró en su vida). De los textos que se quedaron fuera, por consecuencia, muchos tratan de temas no literarios, y algunos de política revolucionaria. Tenemos, típicamente, en el presente volumen, toda una serie sobre el anarquismo en Rusia y en España. Recordemos que la sección “Crónica política” del tomo 4 de las Obras completas viene precedida de una nota justificativa, donde el editor se disculpa explicando que “estos artículos son trabajos ocasionales y volanderos; se publicaron hacia 1890. Dibujan un perfil poco conocido del Poeta; y, si aquí se reúnen, es para que nada falte en la ingente figura que describe el vastísimo conjunto de la Obra”4 . Nuestras Crónicas desconocidas permiten ver que el interés político de Darío no era nada ocasional ni volandero, y que su fascinación por el tema de la revolución social no se limita a cuando tenía veintitrés años, sino que se mantuvo constante durante su vida adulta.

En segundo lugar, Darío, al compilar sus libros de crónicas, sí se guiaba por un criterio de calidad, y escogió las “mejores”. Las “mejores”, para él, eran aquellas que seguían un modelo clásico de crónica, cuyo prototipo se puede estudiar en La caravana pasa. Es un texto que parte de una noticia o de una experiencia en el ámbito social o cultural, lo comenta, refleja, amplía y desarrolla por medio de asociaciones literarias o históricas o de reminiscencias personales, para llegar a una conclusión final que muchas veces tiene la forma de un aforismo: “La verdad es que el derecho al pan es indiscutible ... y también este otro; que cada cual tenga en la vida su parte de rosas”5. “Cuando la mueve su pasión, su interés, ó su conveniencia, la civilización europea es más bárbara que los bárbaros”6. “La mejor conquista del hombre tiene que ser, Dios lo quiera, el hombre mismo”7. Esas conclusiones son importantes porque en ellas se da el salto de lo particular a lo general, de lo efímero a aquello que merece llegar a la posteridad. Sin embargo, el modelo de la crónica es muy flexible8, y ya en La caravana pasa encontramos esquemas totalmente diferentes: el de la crónica-entrevista (“Los milagros de Lourdes”), el de la reseña de un libro (“La fuerza yanqui”) o de un artículo (“Los Estados Unidos y la América Latina”), y el de la crónica de salón artístico, el más problemático de todos porque el peligro de caer en la enumeración es muy difícil de evitar.

Variedad de las crónicas desconocidas: los diferentes géneros

Crónicas impresionistas. El modelo que predomina en las Crónicas desconocidas no es, pues, el modelo clásico. Lo representan, típicamente, las series “París – Hombres, hechos é ideas” y “Artículos de París”. Cada artículo de estas series se compone, a su vez, de un conjunto de fragmentos o de impresiones – pueden ser de dos a cinco en un solo artículo –, de temática infinitamente variada y que tienen únicamente dos denominadores comunes: que ocurren bajo el cielo de París y que se reflejan en la mente de Darío. Amado Nervo, muy amigo de nuestro poeta en sus años parisienses y gran cultivador de este tipo de crónica, se ha expresado irónicamente sobre ella: “Por lo demás – esta frase me deleita, porque es una especie de cuña para colmar todas las soluciones de continuidad de una crónica –, por lo demás, Don Juan Tenorio ha recitado sus enfáticos y melodiosos versos en todos los teatros”9. Son crónicas que no pretenden llegar a ninguna conclusión; son piezas de tipo conversacional, parecidas a la plática que Darío tendría con un viajero que llegara de Managua o de León, de Buenos Aires o de Santiago, y a quien, en la calle Feydeau, en el Luxemburgo o en el café d'Harcourt, entretendría con las novedades de París. Son crónicas que, en su momento, les parecían efímeras a Darío y a sus contemporáneos, pero que para nosotros, cien años después, asumen el carácter de documentos inestimables, porque reflejan un nivel de consciencia bastante cercano al de la vida cotidiana, la mente de Darío y la mentalidad de su época.

Crónicas de salón. Después de las crónicas impresionistas de “París – Hombres, hechos é ideas” y de los “Artículos de París”, las crónicas de salón forman un grupo grande dentro de las Crónicas desconocidas. Los editores y compiladores siempre han tenido dificultades para apreciar las crónicas de Darío sobre arte. En La caravana pasa, el quinto libro – compuesto de tres crónicas de salón y dos sobre artistas individuales – fue eliminado de todas las ediciones, excepto de la primera. Esta decisión de los editores, por chocante que sea para un filólogo, no es completamente incomprensible. Frente a la pintura de salón, Darío manifiesta poco entusiasmo, y a veces cae en la enumeración o incluso en la confusión. Pero su malestar refleja un malestar de la época. En 1880, en Francia, los salones de arte se habían emancipado del control estatal, impuesto hacía más de doscientos años antes10. Existían tres asociaciones, teóricamente autónomas, controladas únicamente por los artistas mismos: la Société des Artistes Français, la Société Nationale des Beaux-Arts y la Société des Artistes Indépendants. Pero ningún gran arte había surgido de esa transformación. Por un lado, el peso de la tradición seguía dominando a los jurados y por ende a los cuadros seleccionados. Por el otro, la democratización había provocado una gran afluencia de telas mediocres, convirtiendo a los salones, según Octave Mirbeau, en “un inmenso bazar de mediocridades de a trece centavos”11, donde el genio no se veía por ningún lado. Darío se muestra paciente y benévolo frente a los artistas hispanoamericanos que exponen en el Salón de los Artistas Franceses (1901)12 ; disfruta la inauguración de la Société Nationale des Beaux-Arts13, pero se aburre entre los cientos de “cuadros y cuadritos” expuestos tanto en el Salon des Beaux-Arts como en el de los Artistas Franceses (1903)14. En 1906, en una especie de autocrítica, promete ya no caer en la enumeración tediosa de años anteriores15. Pero frente al Salón de los Independientes, pierde la paciencia con los “persistentes que enarbolan el estandarte protestante del mamarracho, la bandera de lo grotesco presuntuoso ó sibilino”; y las obras de un pintor entonces novedoso y chocante, el hoy célebre aduanero Rousseau, le hacen exclamar: “¡Oh dulce y vasta estupidez humana!”16 Cierto, la época de las exposiciones independientes del movimiento impresionista, defendidas apasionadamente por Zola y Mallarmé, había pasado desde hacía mucho tiempo17. Darío admira el genio de Rodin y le dedica una crónica llena de entusiasmo en Peregrinaciones; alaba a sus amigos, el mexicano Ramos Martínez y el argentino Irurtia; pero la época actual en su conjunto, con su materialismo y su “arribismo”, le inspira los juicios más duros. En general, Darío como crítico de arte es mejor frente a una obra individual (la de Benjamin Constant o de Antoine Wiertz en La caravana pasa, la de Evelyn Morgan en las Crónicas desconocidas) que frente a un salón con sus grandes cantidades de tela pintada.

Entrevistas. Otro subgénero dentro del variadísimo género de la crónica es la entrevista. Darío tiene el arte de encontrar expertos y conocedores sobre los temas más variados, sabe hacerlos hablar y escucharlos activamente. Noel Rivas menciona algunos ejemplos que se encuentran en España contemporánea18. En La caravana pasa, esa variedad está representada por “Los milagros de Lourdes”19, que consiste prácticamente en un monólogo de Gonzalo Núñez, personaje misterioso, pianista y ocultista, sobre la corrupción y la decadencia de la iglesia católica. Contiene una refutación de otra entrevista dada por el canónigo Brettes al periodista Ludovic Naudeau20, y anuncia de paso la próxima venida del Anticristo. En los Escritos dispersos, tenemos “Cosas de Orfeo”, otra entrevista con Núñez que, como musicólogo, era un precursor de la música dodecafónica 21; “La invasión anglosajona”, que es en su mayor parte una entrevista con el doctor Marco Aurelio Soto, ex presidente de la República de Honduras22 ; y “En la tierra de Homero”, que es una entrevista con el médico y escritor Francisco Cobos, “director del hospital San Roque de Buenos Aires ... persona singular, tan admirablemente retratada en una bella página por el desventurado y talentoso Christián Roëber”23. En las Crónicas desconocidas encontramos nuevamente a Núñez, motivado por Darío a disertar, por esta vez, sobre la decadencia en el arte de tocar el piano, la influencia nefasta de los fabricantes yanquis, y la resistencia del público francés contra la transformación del pianista en un acróbata “del nivel intelectual de los bailadores de cuerda floja y de aïssouas, tragadores de vidrio y fuego”24. Encontramos además a Alejandro Sawa, hablando en el transcurso de tres crónicas sobre el anarquismo español, haciendo el retrato de precursores y activistas como Amilcare Cipriani, Louise Michel, Teobaldo Nieva, Juan Serrano Oteiza y Fermín Salvoechea, hoy casi todos injustamente olvidados25. El nihilismo ruso es el tema de otra entrevista con un estudiante que se llama Azaroff, amigo de Darío que parte a Rusia en enero de 1905 para participar en la revolución social, y de quien no sabemos absolutamente nada excepto lo que Darío cuenta de él26. Ahmed Riza, representante del movimiento Joven-Turquía en París, redactor del periódico Me_veret (“Consulta”), opositor moderado al sultán Abdul-Hamid II, es, por el contrario, un personaje histórico. Protagonista de otra entrevista más formal sobre el tema de los armenios, pueblo masacrado en aquel tiempo por las tropas del sultán y defendido mal que bien por el llamado movimiento armenófilo, impresiona al cronista por su sinceridad y demuestra al mismo tiempo sus capacidades retóricas e incluso demagógicas27. Y de los labios de Enrique Carlos Hayton, cónsul argentino en Italia, Darío recoge un discurso muy bien informado sobre los problemas de la inmigración italiana en la República Argentina, que estaba transformando en estos años a Buenos Aires de “gran aldea” en “cosmópolis”28. La primera crónica sobre Max Nordau, también, es en gran parte una entrevista con el famoso médico y escritor que recibió a Darío en su apartamento de la calle Léonie, en París: “Y el habló, habló, durante más de una larga hora” con el cronista que le había dedicado un capítulo de Los raros y ahora le escuchaba con deferencia29. En “El concurso general agrícola”, hay una larga parte atribuida a las palabras de un “señor Dechambre, profesor de zootecnia en la escuela agrícola de Grignon”, de un “M. D'Adhemar” y de un “M. Lemoine”: ¿son entrevistas breves, conferencias que Darío escuchó, resúmenes de artículos? Lo ignoramos todavía30. En todos estos casos, se podría plantear el problema de la autoría. ¿Quién es el autor de una entrevista, el personaje entrevistado que expone sus ideas, o el entrevistador que pregunta, escucha, estimula, anota y redacta? Se trata, podríamos decir, de una autoría compartida, y la prueba es que las entrevistas, en nuestra colección, requieren de menos anotaciones que las otras crónicas. Son textos menos densos: Núñez y Nordau, Sawa y Riza, Hayton y Azaroff, a pesar de sus grandes capacidades, nunca se expresaron de manera tan poética como lo hace Darío cuando “habla solo”.

Polémicas. Otro subgénero muy relacionado con el de la entrevista se puede mencionar brevemente: se trata de la polémica, ausente en La caravana pasa, pero representada en estas Crónicas desconocidas por el segundo texto sobre Nordau31 y por la respuesta a Emilio Ferrari32. El primero se había regocijado imprudentemente por la supuesta defunción del movimiento simbolista, anunciada por el poeta “naturista” Maurice Le Blond; el segundo había atacado al modernismo en su discurso de recepción en la Real Academia Española, en 1905. Ambos provocaron, por parte de nuestro poeta, refutaciones enérgicas que me recordaron las magníficas polémicas de su período costarricense: la del "asunto Montalvo" y la del “asunto Guzmán”33. Darío, por su parte, afirmó: “No soy afecto a polémicas. ... Tan solamente he contestado a la crítica tres veces, por la categoría de sus representantes, y porque mi natural orgullo juvenil, ¡entonces!, recibiera también flores de los sagitarios. Por lo demás, ellos se llamaban Max Nordau, Paul Groussac, Leopoldo Alas”34.

Reseñas de libros. Darío era un lector incansable. Es lógico que la reseña o presentación de libros tenía que ocupar un lugar importante dentro de sus crónicas. Los editores y compiladores han descuidado esta variedad; tal vez porque tenían la idea de que un poeta genial todo lo tiene que encontrar dentro de sí mismo; idea romántica, aunque no se compadezca con la praxis de los poetas románticos. En España contemporánea, “Una novela de Galdós” es una reseña de La estafeta romántica, publicada en 189935. En La caravana pasa, este subgénero está representado por “La fuerza yanqui”, reseña de The Americanisation of the World or the Trend of the Twentieth Century, de William Thomas Stead36. En los Escritos inéditos recogidos por Mapes encontramos numerosas reseñas escritas en los años 1894-1895, sobre libros de Martín García Merou, Leopoldo Díaz, Rafael Núnez, Bartolomé Mitre y Antonio Rubió y Lluch37. Allí mismo, “Sursum”38, un texto bastante misterioso a primera vista, es, más que una reseña, una especie de divagación acerca de Fabiola, novela histórica del cardenal Wiseman de la cual se había publicado poco antes una versión francesa39. “Un poeta príncipe”, en la misma sección, es la reseña, no de un libro, sino de toda la obra del poeta y gran duque Konstantin Konstantinovich Romanov, conocido como K. R. (1858-1915), y más que eso, reseña de la literatura rusa tout court, donde desfilan con elegancia y no sin profundidad León Tolstoi, Dostoiewsky, Kantemir, Lomonosov, Sumarokov, Derzhavin, Kriloff, Kozlov, Zhukovsky, Batiuchkof, Delvig, Pushkin, Baratynski, Jasykow, Khomyakov, Tzyganof, Benediktov, Koltsov, Lermontov, Alexei Tolstoi, Polonsky, Maikoff, Nekrassow, Mei, Aksakoff, Pleshchéev, Nikitin, Nadson ...40 En los Escritos dispersos, una de las numerosas crónicas impresionistas de la serie “Hombres, hechos, ideas"” consiste en su mayor parte en una reseña del libro del inglés Moncure Daniel Conway, Demonology and Devil Lore41 . En El Mundo de los sueños, “Wells y su ‘Time Machine’” es una reseña de la novela fantástica del español Enrique Gaspar, El Anacronópete, para compararla con la conocida novela de Wells42. En las Crónicas desconocidas son ocho las reseñas de libros. La más brillante, sin duda alguna, se llama "Las transformaciones de Mimi Pinson". El título parece familiar: en Impresiones y sensaciones y en el primer tomo de las Obras completas se publicó una versión mutilada de la misma43, en la cual se eliminaron todas las referencias al libro que la inspiró, Florise Bonheur. En la versión original, desconocida44, Darío expresa su entusiasmo por esta "novela-interview, en que por primera vez se ha juntado en una obra orgánica el arte y el periodismo", y por su autor, "el príncipe de los repórteres, que es también un escritor admirable, Adolphe Brisson". Al final de esta crónica que combina de manera genial45 impresiones de lectura con reminiscencias personales, Darío concluye: "En cuanto á la obra de Brisson, yo no sabré sino alabarla, por su presentación real y efectiva de una existencia y de un tipo, por su procedimiento que es creación, por la manera sutil y penetrante con que expresa la exacta psicología, la emoción, la virtud del gozo, en esa figurita tan moderna, tan de nuestro tiempo, y que revela un lado especial de la capital de las capitales". (Florise Bonheur fue reseñada también, ampliamente, en las páginas de La Nación, por el escritor francés Marcel Prévost.46) Las otras reseñas en nuestra colección se refieren a L’Art de choisir sa femme d’après la physionomie, de Joséphin Péladan47; Le Bienheureux Bernardin de Feltre et son oeuvre, de Ludovic de Besse48; Les Soliloques du pauvre, de Jehan Rictus49; La Cuisine française – L’art du bienmanger, de Edmond Richardin50; Les Charmes, de la señora Catulle Mendès51; Au Maroc – Dans l'intimité du sultan, de Gabriel Veyre52; y Mérélia – Roman autobiographique, de Valentine Mérelli53 . En esta variadísima colección, ¿hay algún denominador común? Creemos que sí: todos estos libros encantan a Darío porque en cada uno se combinan, de una manera original, temas tradicionales con procedimientos modernos. Florise Bonheur es una novela psicológica, género viejo; pero Brisson la basa en una serie de entrevistas periodísticas, método moderno. En el libro de Péladan, el ocultismo con su ley de correspondencias y significaciones es antiguo; pero su aplicación a un texto de autoayuda, eminentemente práctico y eminentemente inútil, es novedosa. La vida del Bienaventurado Bernardino de Feltre pertenece a hagiografía tanto como a la historia de la economía; Bernardino tanto como su biógrafo, Ludovico de Besse, son "frailes de acción al mismo tiempo que de piedad", precursores de la teología de la liberación, que no existía todavía. Les Soliloques du pauvre y Les Charmes son libros de poesía, género más viejo que Homero; lo novedoso está en que el uno está escrito en argot, y el otro lo escribe una mujer enamorada. Sobre La cuisine française, Darío apunta que "la literatura y la cocina han hecho siempre muy buenas migas" y que "me han encantado unas cuantas recetas de deleitosos platos hechas por hombres de letras": el tema es clásico, pero su ejecución es nueva. Au Maroc – Dans l'intimité du sultan retrata una cultura antigua que tiene todavía "un encanto salvaje de primitiva poesía", pero el que la retrata es un fotógrafo y cinematógrafo que "fué contratado para ir á enseñar la fotografía al príncipe curioso de progreso". Y si Mérélia es una "autobiografía en forma de novela", género viejo; el hecho de que la escribe la ex compañera de un presidiario es una cosa muy siglo veinte, según Darío54.

Unidad de las crónicas desconocidas: el ensueño y la desilusión

Después de hablar de la variedad de las Crónicas desconocidas, tenemos que decir algo sobre su unidad. El hilo rojo que reúne tantos vigores dispersos no se pierde. Se trata del tema de París, mejor dicho, del ensueño y de la desilusión con la capital de las capitales. Este París tiene un carácter doble: por un lado, se trata de la ciudad real que se presenta a los ojos del cronista y a los sentidos del poeta; por el otro, París sigue siendo el parangón del ideal dariano que representa la unión posible entre el arte y la vida, entre la poesía y la realidad. Es un tema que viene de lejos, y para ubicarlo hay que recordar algunas citas conocidas en los escritos autobiográficos de Darío.

En 1887, en Chile, es el ensueño compartido con Pedro Balmaceda: "¡Iríamos a París, seríamos amigos de Armand Silvestre, de Daudet, de Catulle Mendès, le preguntaríamos a éste por qué se deja sobre la frente un mechón de su rubia cabellera; oiríamos a Renan en la Sorbona y trataríamos de ser asiduos contertulios de madame Adam; y escribiríamos libros franceses!, eso sí"55.

Recordando el año 1893 en que llegó a París por primera vez, Darío apunta: "Yo soñaba con París desde niño, a punto de que, cuando hacía mis oraciones, rogaba a Dios que no me dejase morir sin conocer París. ... Y cuando en la estación de Saint-Lazare pisé tierra parisiense, creí hollar suelo sagrado"56 . Se sabe que esta primera visita de Darío a Paris le permitió conocer a Verlaine, hacer amistad con Moréas – un griego que "escribió libros franceses!, eso sí" – y realizar miles de lecturas apasionadas que transformó en las magníficas crónicas reunidas después en Los raros. Algo que no se sabe es que en esa misma estancia, en julio de 1893, nuestro poeta fue testigo de todo un mes57 de rebelión y de represión: manifestaciones violentas de estudiantes y obreros, de socialistas y de anarquistas; el Barrio Latino y la Bolsa del Trabajo ocupados por la policía; un empleado, Antoine Nuger, muerto por una fosforera cuando tomaba su bock en la terraza del café d'Harcourt; Jean Carrère, el "rey de las Escuelas", líder de 4.000 estudiantes, herido y hospitalizado – todo por un baile artístico (¿o escabroso?) y unas muchachas desnudas. Darío ha dedicado una crónica – una sola – a estos dramáticos sucesos, y en ella se nota que este espectáculo violento no mermó su gozo de la bella capital: "París también ha amanecido en perfecta salud. ... La revolución ... se deshizo en el viento. El incomparable París ríe, con muy claro sol y excelente humor. ... Todo ha sido espuma de la vida parisiense; la espuma de una simbólica e hirviente copa de champagne"58.

Las primeras manifestaciones de desilusión aparecen mucho más tarde, en la segunda mitad del año 1900, cuando Darío, después de llegar a París como corresponsal de La Nación, ya pasada la emoción de la Exposición Universal y del viaje a Italia, se instala definitivamente en la capital de las capitales. Se trata de las crónicas "«Mais quelqu'un troubla la fête»" y "Reflexiones del Año Nuevo parisiense"59. La primera, escrita en el calor del estío, el 2 de agosto de 1900, se inspira de una obra dramática de Louis Marsolleau, representada en el Théâtre Civique; la segunda, escrita cuando la nieve cubre París, el 1 de enero de, contiene una comparación de la Francia actual con la de hacía cien años60. La primera trata de la miseria negra del pueblo que contrasta con la riqueza ostentosa de unos pocos, y su trasfondo es la latente violencia anarquista. La segunda trata de la decadencia y concluye que, durante el siglo que acaba de terminar, Francia ha progresado mucho en el aspecto material, pero se ha estancado en el aspecto moral, y desemboca en la visión apocalíptica y profética de "esta locomotora que va con una presión de todos los diablos a estrellarse en no sé qué paredón de la Historia y a caer en no sé qué abismo de eternidad"61. Pero lo importante es que la desilusión, en este momento, no lleva a un rechazo. Más bien permite una visión crítica que se refleja plenamente en el volumen siguiente, La caravana pasa, donde encontramos tanto el entusiasmo con París como una comprensión profunda de las contradicciones que dominan esta "tierra de contrastes"62. Es esta la disposición mental que determina también las Crónicas desconocidas de los años 1901-1902 en adelante, hasta la gran crisis de 1905-1906, en la cual el gozo de París desaparece, la desilusión se convierte en rechazo, y el ideal ya no encuentra su posible encarnación. Vamos a estudiar este cambio de perspectiva por medio de cuatro ejemplos.

Chismes y apodos. La crónica "París – Hombres, hechos é ideas", escrita el 8 de abril de 1901, no aparenta ser un texto de mayor importancia. Firmada descuidadamente con una D., como si el poeta Rubén Darío no estuviera plenamente identificado con ella, no nos habla ni del conflicto entre tradición y modernidad ni de las contradicciones de la sociedad finisecular. Es, sin embargo, un documento de puro gozo parisiense. El primero de los seis párrafos que la componen anuncia la llegada de la primavera:

La primavera ha venido; ya los árboles, retardatarios, no pudieron contenerse por más tiempo, y los brotes aparecen, y han comenzado las ramas á vestirse de verde. Los jardines se pueblan de visitantes; la alegría vuelve á reinar en el parque Monceau, en el Luxemburgo, en las Tullerías. Los bulevares hierven; las terrazas de los cafés parecen, por lo tupidas y variadas, de exposición. Las muchachas de amor inauguran las modas nuevas, y las carreras atraen á mucha gente. El Bosque se despierta. Es el momento en que los partidarios de la repoblación sueñan. El ambiente está como más oxigenado, el sol reasoma sonriente, se les encuentra más talento á los cocineros, el aire libre invita á imitar su libertad; se suelen encontrar con más frecuencia que de costumbre, parejas que se besan en plena calle, y M. Berenger, el senador, se sofoca.63

La referencia al pudoroso y combativo senador Bérenger, que es como una alusión "entre entendidos", introduce el segundo fragmento, una especie de "quién es quién" donde desfilan veintiún personajes del "todo París", no con sus más recientes logros y triunfos, sino con sus particularidades en el comer, en el vestir y en otros aspectos demasiado humanos:

El prefecto de policía M. Lepine no usa calzoncillos. (Shocking!)

Paul Bourget debe gran parte de su buena fortuna á haber comido muchas veces en la colonia norteamericana.

Claretie, en la mesa, por charlar, – es un excelente conversador, – deja enfriar los platos. Una vez en casa del conde Potocki – el mismo quizá á quien vió perder el Dr. Cané quinientos mil francos en un rato – dejó pasar tres cuartos de hora entre la sopa y el pescado.

Massenet habla poco y come poco.

El ex ministro Rambaud bebe su vino de un solo trago. Lanessan come carne con los carrillos llenos alternativamente. Chauchard come con solemnidad.

El comediógrafo Laredan [sic], se «dedica» á comer, y no le hace caso á nadie mientras come, contestando con gritos.

El dibujante Forain es temido en las reuniones y banquetes, por sus salidas y pullas. Una vez estaba junto al general Mercier y Coppée, en la mesa. Un viejo «solista» se levantó á brindar; y Forain, con el mozo, á gritos: – Des poires! des poires!

Lemaître y Coppée, á pesar de aparente amistad, no se llevan muy bien en las reuniones. El poeta de Los humildes es el más insoportable poseur.

Drumont es poco cuidadoso de su persona. Una vez, en casa de una marquesa muy conocida, el furioso antisemita no cesó de hablar de horrores, muertes y espantos.

Il a des idées noires! dijo alguien.

Jusqu’au bout des ongles, agregó la marquesa.

El príncipe Henri d’Orléans es un agradable compañero de mesa. Sólo que llega á cansar con su tema de los asuntos coloniales.

M. Bourgeois era antes descuidado en el vestir. Después del congreso de la Haya ha mejorado su indumentaria. Se habla aún de los calcetines rojos y de las botas con punteras de charol que antes usaba. Hoy es famoso su gabán de pieles.

M. Delcassé tiene el orgullo de sus camisas admirablemente planchadas. Lanessan, ministro de marina, en el bastón, en la cartera, en el pañuelo, etc., lleva una corona de conde.

Cloris Hugues fué célebre por su falta de tenue.

Hanotaux gusta de la levita negra, y mantiene el aspecto diplomático. Los dos diputados más elegantes de la cámara son el conde de Aulan y M. Napoleón Magne.

Deschanel viste bien; pero comete lamentables errores: llevar corbatas hechas, de resorte, y monedas en los gemelos de los puños!64

Estas "indiscreciones", presentadas con una serie de aforismos introductorios ("no hay hombre grande para su ayuda de cámara, ni cosa oculta para los periodistas"), no llevan a ninguna parte65, pero indican hasta qué punto nuestro poeta disfrutaba aún de las trivialidades de la vida parisiense, y nos hacen compartir algunos de sus sentimientos primaverales. Es la poesía de lo cotidiano, de lo trivial, parecida a la "alegría social" del género chico (Julián Marías).

Cuatro años y medio más tarde, en una crónica de la serie "'Articles' de París" escrita en diciembre de 1905, Darío presenta una moda nueva, similar, pero diferente: la de los apodos.

Y el juego de última hora, en los medios más elegantes, es el que se llama «jeu des sobriquets», ó sea de los apodos. Hasta hoy eso era tenido en todas partes como muy de provincia, y como entretenimiento de gentes malignamente vulgares. Ahora, las más lindas duquesas, herederas de las preciosas de antaño, no están satisfechas en las más selectas reuniones si no se han comunicado por lo bajo los apodos de los más notorios individuos é individuas. En esos apodos los «calembours» más ásperos y corrosivos compiten con las insinuaciones más pérfidas. Se ataca el honor ajeno con la mayor crueldad, se sacan á la mofa general los más ocultos defectos y secretos, debilidades de caballeros y señoras. Hay «sobriquets» que no pueden escribirse. Los hay escatófagos, obscenos y ridículos. Y la lista corre de mano en mano. Y no hay duda que los hay graciosos en su sintética malicia. Al senador Berenger, por ejemplo, que es famoso por su dedicación á los asuntos de moralidad pública, se le llama «Le Vieux Continent».66

Después del senador Bérenger, que ya conocemos, siguen otros ejemplos, diecisiete en total, antes de llegar a la conclusión:

Y eso circula, y eso regocija á los representantes del buen gusto en la más culta de las naciones, en los comienzos del siglo XX.67

El juego social, indiscutiblemente, ha cambiado. Las indiscreciones del año 1901 eran en el fondo inofensivas; los apodos del año 1905 son profundamente agresivos y malignos: "se apunta con infalible instinto al lado flaco de cada cual", como dice Marcel Prévost en una crónica sobre el mismo tema68. Las indiscreciones divertían a nuestro poeta; los apodos le inspiran disgusto e indignación. Son para él un pequeño pero significativo "exceso de civilización", síntomas de una cultura que no ha superado la fundamental barbarie humana.

Escándalos. El cronista Rubén Darío no ha despreciado nunca los escándalos, ni los grandes de la alta política ni los pequeños que se suelen clasificar como hechos de gacetilla. Entre los primeros, tenemos sus textos sobre el golpe de estado de los Ezeta en El Salvador69, sobre los disturbios en Chile70, sobre el suicidio de Balmaceda71 y sobre los sucesos ocurridos en Valparaíso en octubre de 189172. Entre los segundos, mencionemos una crónica poco conocida, escrita en Costa Rica, sobre unas huérfanas que se habían evadido del orfelinato73, y otra sobre Joseph Vacher, asesino y mutilador de pastores y pastoras, llamado el Jack el Destripador francés74. Entre los Escritos dispersos, tenemos, entre otros, la "cuestión Buffet – Déroulède", donde se trata de insultos y amenazas entre dos poetas, uno de ellos político monárquico75, y el "asunto Rodays – de Castellane", que es una historia de puñetazos y balazos entre el redactor en jefe del Figaro y "uno de esos nobles que no hacen nada, pero [que son] incomparables para sus levitas y pantalones"76. Tanto en los asuntos "grandes" como en los "faits divers", Darío trata de transfigurar poéticamente el respectivo tema. La estética de lo feo, propagada por Karl Rosenkranz, se había impuesto a lo largo del siglo XIX, a pesar de la polémica de Hegel contra Hoffmann; y nuestro poeta, admirador de Baudelaire y aficionado, en Los raros, a Poe, a Rachilde y hasta al monstruoso Lautréamont77, estaba más que familiarizado con ella. Cuando describe un golpe de estado en Serbia – "La reina Draga desventrada; el rey asesinado con exceso de crueldad; los cuerpos desnudos tirados al patio por una ventana; otros cuantos muertos en el Konak por la soldadesca traidora y borracha" –, encuentra elementos poéticos abundantes en la noticia– "La tragedia serbia ha sido, en verdad, shakespeariana ... pero muy nocturnamente bárbara y muy final de Hamlet. El finado Moratín lo certificaría con espanto" – y publica su crónica con el título "Shakespeare de última hora"78. Las huerfanitas que ya mencionamos le hacen evocar a Don Juan, a Lovelace, a Boccaccio y a Casanova79, y al pastoricida Vacher le certifica que "es un poseso. Cien cancerberos le han mordido el alma y no está rabioso por eso. Está rabioso por la simple picadura de una abeja del jardín de Venus. Mirad que es la más horrorosa de las fobias, la que le ha puesto en su espíritu una legión: la que tuvieron los príncipes de Gomorra; la que tuvieron algunos de los doce Césares; la que tuvo el mariscal Giles de Raie; la que tuvo el Dolmancé de Sade"80.

Acercándonos a la época de las Crónicas desconocidas, el escándalo por antonomasia, en aquel tiempo, es el asunto Dreyfus que divide la sociedad francesa entre los años 1894-1906. Darío lo menciona con frecuencia, pero nunca le ha dedicado una crónica completa. Pero hay un gran número de escándalos menores que llaman la atención al público y a nuestro cronista.

El 19 de enero de 1901, en el Colegio de Francia, la estudiante rusa Vera Gelo dispara con su revólver al profesor Émile Deschanel. Su amiga, otra estudiante rusa, la señorita Zelenine, corre a interponerse y el disparo la hiere a ella. Vera Gelo declara que confundió a Deschanel con alguien que, en circunstancias indefinidas, había atentado contra su honor. Con permiso del juez, visita a su amiga en el hospital y le pide perdón. La señorita Zelenine recibe flores de la familia del señor Deschanel. La señorita Vera Gelo recibe flores del hermano de la señorita Zelenine. En abril, la señorita Zelenine muere. En julio, se anuncia que el hermano de la señorita Zelenine se casará con la señorita Vera Gelo. En dos crónicas, la primera escrita el 8 de abril y la segunda el 1° de junio, Darío comenta la noticia en un estilo de puro humorismo, con aforismos como "el matrimonio es frecuentemente algo más trágico que la muerte" y "La muerte es uno de los mayores estímulos para la vida", y con reminiscencias literarias que evocan El Cid Campeador, Victor Hugo y Ernest Renan. La transfiguración poética se opera sin ningún esfuerzo81.

El 9 de enero de 1902, en pleno día – o más bien a las cuatro de la tarde – , cerca de la estación de tranvía Saint-Augustin-Cours de Vincennes, la batalla estalla entre dos pandillas. Los de la banda de los Orteaux, cuyo jefe es Manda82, tratan de matar a Leca83, jefe de la banda de los Popincourt, quien, apuñalado, tiene que regresar al hospital Ternon del que estaba justamente saliendo. Manda y Leca se odian por una mujer de la calle84, una belleza rubia que acaba de dejar al uno para irse con el otro. Esos amores y esas luchas fascinan a los periodistas del diario Le Matin que, bautizando a la dama "Casco de Oro" y a los pandilleros "los Apaches de París", les brindan una gran publicidad, y encantan al público refinado de la capital, hambriento de sentimientos fuertes y sencillos. La policía, por su parte, comienza a actuar, y por suerte tiene un infiltrado en una de las bandas. Manda y Leca son enfrentados a la Justicia, el primero en junio, el segundo en octubre. Condenados a trabajos forzados, toman el vapor para la Guyana, junto con quinientos presidiarios más. Casco de Oro, para entonces, se vuelve famosa. Cuando es encarcelada en la cárcel de mujeres de Saint-Lazare, un conde español ofrece una caución de 300.000 francos para liberarla. El 11 de marzo, "en plena instrucción, se la ve en el Gil Blas, calle de Provence n° 11, con un vestido color ceniciento, un sombrero ligero, un magnífico zorro azul. La blancura mate de su piel forma un contraste con el resplandor de su cabello. Los que la observan notan que ya no se ve como una muchacha de la calle. Comenta con convicción: 'Voy a debutar, señores, en la escena, en la revista 'Casco de oro y los Apaches', en el teatro de los Bouffes du Nord. Estoy saliendo de la casa del pintor [Albert] Depré que va a exponer mi retrato en el Salón'"85. Ya tres días antes, el 8 de marzo, Darío había escrito en la citada crónica de Mimí Pinson:

¿Y qué decir del éxito sin igual de esa salida del arroyo, y de la infamia, cuyo apodo de Casque d’Or es ahora célebre? Amantes por partida múltiple, sadismo y desvergüenza insigne, he ahí lo que le ha valido renombre y ganancias. Dos bandidos de lo peor, dos Alfonsos de la ”Tierra del Fuego” de París, se dan de puñaladas por ella; tras la resonancia de los crímenes, sube en valor la rubia Helena de prostíbulos; y la que debía estar por toda su vida en una casa de corrección, es solicitada por un pintor que hace su retrato para el Salón próximo, y por un empresario de teatro que le ofrece un puesto y por un dramaturgo que le escribe un papel! La reina de los ”Apaches de Belleville” va á trabajar pronto en los Bouffes du Nord! Y ha dejado los andrajos por magníficos trajes, y no será raro que pronto la mande al Bois de Boulogne, en coche propio, algún aficionado de tantos, rastacuero nacional ó rastacuero extranjero...86

Y en una de las crónicas de La caravana pasa, movido por la misma indignación, menciona a "los célebres, por ahora, Leca y Manda, dueños que fueron de la innominable Casque d'or"87. Sin embargo, Casco de Oro no tiene éxito como artista. Un año después, cuando actúa como domadora de leones en una famosa exposición de fieras, un discípulo de Manda la apuñala para vengar a su maestro. Sobrevive. En 1917 se casa con un obrero quince años más joven que ella, y termina sus días como dueña de una pulpería. Escritores, pintores, directores de cine han encontrado los aspectos poéticos de esta mujer88 que, para Darío, había quedado, en las palabras de Rosenkranz, como "un monstruo apoético"89 .

El 9 de mayo de 1902 se abre la famosa caja fuerte ("coffre-fort") de los Humbert. Thérèse Humbert, la estafadora del siglo, lleva veinte años engañando a la sociedad parisiense con el cuento de ser la heredera de unos cien millones de francos que le fueron, dice, legados por el millonario americano Crawford. Los acreedores que, con préstamos de un total de cuarenta millones, le han permitido convertir su casa en un centro del tout Paris, han logrado al fin una orden judicial. La caja de los valores se encuentra vacía, Thérèse ha huido a España con su esposo, su hija y sus dos hermanos; el asunto de la herencia Crawford se convierte en el "escándalo Humbert". En diciembre, la familia es detenida en Madrid. Un académico español, Emilio Cotarelo, especialista en historia medieval, los ha denunciado a la policía. La crónica de Darío, escrita en enero de 1903, la primera de la serie "Artículos de París", es otro ejemplar de humorismo mordaz y de sátira feroz, en la mejor tradición de Swift, a quien Darío cita al inicio. Los protagonistas del escándalo desfilan en forma de juguetes: Teresa, "una pobre diablesa, una espesa portera convertida en reina de París por la influencia del dinero. Es la Nuestra Señora del Capital. Callados, avergonzados, cuando no traidores, están los que ayer, periodistas, banqueros, políticos, nobles, la adulaban. Hoy se ocultan, no la quieren reconocer, los que recibían los favores de sus cheques ó se sentaban á su mesa, ó jugaban al lawn-tennis con sus dos vírgenes familiares". Eva, "la víctima, es un caso en que los hijos pagan la culpa de los padres. ... Esa será una buena esposa, porque ha sufrido mucho". Cotarelo, el académico, "es un inquisidor. Es católico de verdad y cree en su cura. Su cura le dice: 'haz esto'. Él lo hace". ¿Y el esposo, Frédéric? "Federico es el poeta, es decir, no sirve para nada. ... Pobre Federico, no tiene cerebro; es Polichinela. Tiene cerebro nada más que para rimar y soñar, inútilmente". Es una crónica sumamente significativa porque Darío, separando por una vez su genio de su figura, logra dar una forma poético-humorística a un asunto que, para él, en el fondo, se sale del ámbito de la poesía90.

El 8 de diciembre de 1904, el señor Gabriel Syveton, profesor de literatura y diputado de la extrema derecha, es encontrado muerto en su apartamento, asfixiado, aparentemente, por el óxido de carbono de la calefacción. Un mes antes, el 4 de noviembre, había abofeteado en plena sesión parlamentaria al ministro de la Guerra, el general Louis André. Syveton, desaforado, iba a comparecer ante la Justicia el 9 de diciembre. ¿Se trata realmente de un accidente?, ¿o de un asesinato?, ¿o de un suicidio? Para aclarar el asunto, su esposa afirma que Syveton se suicidó porque tenía, desde hacía años, relaciones ilícitas con su hijastra, la señorita Margot de Bruyn, y que ésta, recién casada, había decidido hacer público el escándalo. En una primera crónica, escrita en diciembre de 1904 y publicada en Parisiana91 , Darío encuentra aspectos literarios y tragicómicos al asunto, y después de citar el Cantar de mío Cid, a Quevedo y a Racine, recuerda que "por una mujer murió Gambetta, por una mujer se suicidó Boulanger, por una mujer sucumbió amorosamente el presidente Félix Faure, por una mujer se ha matado M. Syveton...", y concluye con "una inocente broma de Bourget: Liberté, Égalité, Fraternité, Adultère!..."92 Pero ya en una segunda crónica, "El Año Nuevo de París", escrita el 5 de enero de 1905, se le acaba el humorismo y deja riendas sueltas a su indignación, motivada no tanto por el adulterio y el suicidio del profesor de literatura, sino por el comportamiento de la prensa y el de la esposa:

Aun sigue el chapoteo de la prensa en el más infecto de los lodazales á propósito del misterioso morir de ese desgraciado M. Syveton. Y ha sido el folletín más espeluznante, más complicado, más lleno de crimen y de vicio que uno hubiera podido imaginarse. Y lo más extraordinario del caso es que ha sido la esposa misma, la esposa de Syveton, la que ha revuelto más y la que sigue revolviendo el fango del menos trivial de los hogares, de su propio hogar, para echar sobre el pobre muerto una cantidad tal de infección, que todos los desinfectantes juntos de la tierra serían incapaces de purificar el aire de esos horribles miasmas. La figura del antiguo profesor de bellas letras queda catalogada en el museo del secreto de las vesanias peligrosas y de las historias obscenas. La novela tiene de todo: du Gaboriau, du Sue, con su poco de marqués de Sade; desfile de personajes interesantes, curiosos, crueles, y hasta bufos y ridículos. ¿Qué diario publica hoy en su piso bajo novelón de más intriga? Cada día, desde el hallazgo del cadáver, ha habido un capítulo lleno de sorpresas y de cosas pasmosas. ... De todos modos, la señora que ofreció al principio, sin que nadie se lo solicitase, «defender la memoria de su pobre Gabriel», lo ha hecho aparecer primero como un monstruoso erotómano y luego como un ladrón. ¡Deliciosa consorte! Y se trata de gente altamente colocada; del tesorero de la Patrie Française, del compañero íntimo de Lemaître y de Coppée! El público, goloso de escándalos, está contento...93

Transfigurar poéticamente un escándalo "muy siglo XX" no es cosa fácil. Darío lo intenta en la primera crónica, pero abandona el intento en la segunda. Él mismo nos dice por qué:

Este caso me recuerda el de la muerte de Bonmartini, el del crimen de Bolonia; pero Quincey habría hallado su «belleza» al crimen italiano, algo medieval y sangriento de pasión; mientras si se aclaran aquí bien las cosas, no creo que se encuentre más que un caso de asesinato por bajos lucros.94

"El odio, la sed de venganza, los celos, la pasión del juego, la ambición", dice Rosenkranz, "son más estéticos que el robo, que la falsificación, que el fraude, que la cruda impudicia, que el asesinato que se comete sólo por tener y disfrutar algo"95 . El asesinato por bajos lucros no se presta a la poesía.

Salones de arte. Un movimiento análogo que conduce del entusiasmo a la desilusión a través de varias etapas intermedias se observa en sus crónicas de arte.

El 5 de mayo de 1901, Darío habla con verdadera indulgencia de una docena de artistas hispanoamericanos que exponen en la Société des Artistes Français. Son diez señores y dos señoras, por nacionalidades cinco argentinos, tres chilenos, un mexicano, un colombiano, un peruano y un venezolano, y Darío encuentra palabras de aprecio y de animación para cada uno de ellos, reservando la alabanza más cordial a su amigo Ramos Martínez.96

En abril de 1903, en la inauguración o "vernissage" de la Société Nationale des Beaux-Arts, Darío se entusiasma con el "rumor de colmena y el ambiente de jardín", halaga la belleza de las parisienses y se inclina de paso ante las rioplatenses, reproduce el discurso de un amigo, inspirado por los escritos de Mauclair, sobre la psicología del retrato moderno, y concluye con una autocrítica donde afirma:

No seré minucioso, inútilmente minucioso como en otras ocasiones, en que os he enviado letanías de nombres y de cuadros. Vale más señalar las obras de mérito y daros una idea de las pocas obras maestras, que pasar una revista que no dejará ningún provecho, ni siquiera á título informativo, por la multiplicidad.97

Buenas intenciones, pero su crónica, escrita en mayo del mismo año y publicada en dos partes, cae justamente en las "letanías de nombres y de cuadros" que quiso evitar. En las diecisiete salas de la Sociedad Nacional de Bellas Artes y en las treinta y siete de la Sociedad de Artistas Franceses, lo más positivo son, al inicio, el saludo que dirige al pintor español Zuloaga ("Goya en Montmartre"), y al final, el saludo al escultor argentino Yrurtia ("de lo mejor que hay en escultura"). Destaca, en Bellas Artes, aunque no en los Artistas Franceses, algunas telas logradas: Carolus-Duran ("Velázquez chez Paquin"), Cottet ("realiza en sus telas lo que en sus libros un Austin de Croze"), Sargent ("obra maestra"), René Menard ("poesía que brota de la verdad de la naturaleza"), Le Sidaner ("regalo y dulzura para los espíritus tristes"), y aprecia igualmente al satírico J. Veber. Pero también, desde el inicio, oye con displicencia "la canción de la monotonía. No surge nada nuevo".

El público desfila por costumbre ante los kilómetros de tela pintada, y el Estado no halla qué hacer con los cuadros que compra, cuya creciente cantidad llenaría todos los Louvres y Luxemburgos posibles.

Apunta que no hay "nada que admirar", se cansa ante tanto "aceite, aceite, cuadros y cuadritos", y la escultura de ambos salones le inspira dos veces la misma cita bíblica: "Muchísimos son los llamados y pocos, muy pocos, los escogidos"98.

Tres años más tarde, en abril de 1906, el equilibrio delicado se rompe y la balanza se inclina definitivamente hacia lo negativo. En el Salón de los Independientes, Darío se burla francamente de "los que, por no saber dibujo, se juzgan con derecho á lo absurdo; los que, mal devorando las teorías más ó menos practicables de algunos innovadores, pregonan el triunfo de la pintura de confetti, ó la omnipotencia de la espátula, ó la perfección de lo inconcluso, ó la victoria del lente ahumado, ó la sublimidad del rompecabezas", y sobre todo de la "legión de los subs", es decir, de los que imitan ciegamente a Henri Martin, Moreau, Carrière, Raffaelli, Redon o Rodin. Su resumen de este salón es:

He recorrido los dos enormes depósitos de tela pintada y confieso no haber encontrado entre tanto cuadro – ¡cinco mil quinientos cincuenta y dos envíos! – nada que verdaderamente halague los ojos y el gusto de un sincero amante del arte. ... Este salón de los independientes es un salón que da frío.

...

¡Oh dulce y vasta estupidez humana! Sería de traer á los jóvenes perseguidos por el espíritu del remedo á que mirasen en ejemplo patente la seguridad del fracaso. ¡Y este ejército de copistas, de serviles, de calcadores, de seguidores, de imitadores, es el que proclama y se confiere la representación del arte independiente! Está bonito el arte independiente.99

¿Por qué, podríamos preguntar, tanta indignación? ¿Por qué un rechazo tan violento? La respuesta está en que, más allá de la mediocridad de un salón de (pseudo) independientes, Darío observa un fenómeno general de la época:

El corolario de todo eso es que en el caso presente bien puede afirmarse que cualquier tiempo pasado fué mejor. La época simbolista, las luchas idealistas de ayer no más, tuvieron manifestaciones de esfuerzo, de entusiasmo y de inequívoca pasión de arte, tan solamente comparables á las de los buenos tiempos del romanticismo. Lo que hoy se nota principalmente es que no hay un ideal seguro ni una decoración sincera. Como en las letras, como en la ciencia, como en la política, la ola del arribismo de cualquier manera lo invade todo.100

De la misma manera, su reseña del salón de la Sociedad Nacional de Bellas Artes, escrita también en abril de 1906, desemboca también en una crítica de su época:

Desde los tiempos de Diderot, ¡qué digo! desde los de Gautier y Baudelaire, todo ha cambiado mucho. Y entre todo, más que nada, el espíritu que guía las inspiraciones ó las voluntades. Ayer se trabajaba con un ideal más ó menos alto; hoy, parece que no se toma el cincel ó el pincel sino con la mira de entrar en el instituto y de tener encargos de ultramar. Pintar ó esculpir por orden del estado, ó retratar ricas chicagüenses ó neoyorquinas, he ahí lo principal. Esa es la gloria del siglo vigésimo.101

Max Nordau. En las dos crónicas dedicadas a Max Nordau el proceso de la desilusión asume una forma diferente. En la primera se refleja el deseo de Darío por llegar a una relación amistosa con el colega famoso que era también un colaborador asiduo de La Nación. En la segunda, atacado por Nordau, nuestro poeta responde con una dura polémica de la cual sale, por ahora, como ganador.

El motivo de la crónica escrita el 23 de marzo de 1901 es un libro de Maurice Muret en el cual Nordau es retratado como pensador judío. Darío confiesa que, al leer las obras de Nordau, se sentía predispuesto en contra del autor que, en su famoso Entartung, ataca a casi todos los literatos modernos y los presenta como degenerados morales y enfermos mentales. Cuando lo visita y es recibido en su apartamento en la calle Léonie de París, se sorprende al encontrarlo "amable, charlador, agradable, dueño de una bella cabeza de pensador, fresco bajo sus canas estudiosas, y trascendiendo á castellano viejo". En el transcurso de una larga entrevista, se sorprende más al encontrarle rasgos de idealista y hasta de utópico. Lo escucha con respeto, aunque con numerosas reservas mentales que no expresa en el momento, pero que deja plasmadas en el artículo102.

La crónica escrita dos años después, el 5 de abril de 1903, tiene antecedentes un poco más complejos. En diciembre de 1902, en un artículo publicado en L'Aurore, Maurice Le Blond había declarado la muerte del simbolismo, provocando una discusión en la cual sobresalieron las respuestas de André Beaunier en el diario Le Figaro y de Stuart Merrill en la revista La Plume. El 5 de marzo de 1903, en una crónica publicada en el suplemento de La Nación, Nordau retoma una cita de Le Blond para afirmar, no solamente la muerte del simbolismo sino también la insignificancia histórica de ese movimiento, y al mismo tiempo trata de vengarse de Darío quien, al final de la crónica que acabamos de comentar, lo había retratado como un poeta y un creador frustrado. Exagerando considerablemente la agresividad del texto dariano, afirma: "En estas mismas columnas ese gran talento de Rubén Darío me fulminó con terrible apóstrofe".

La respuesta de Darío, escrita el 5 de abril, es muy hábil. Retomando la expresión de Nordau, contesta: "Yo no he tratado nunca de ser fulminante para el Dr. Max Nordau, antes bien he celebrado en estas mismas columnas y desde hace mucho tiempo, su saber, su sagacidad, su dialéctica y su valor". En cuanto a la supuesta muerte del simbolismo, la refuta por medio de tres citas, la primera de un libro reciente del mismo Nordau, las otras de Gourmont y de Merrill. Explica que el simbolismo es mal conocido por el gran público que se concentra únicamente en sus aspectos singulares y grotescos, extravagantes y caricaturescos, para poder asemejar simbolismo y decadencia. Está de acuerdo que el simbolismo, como cualquier movimiento histórico, tiene que tener un principio y un fin, pero subraya el éxito social de los simbolistas:

Henri de Regnier colabora desde hace tiempo en la Revue de deux Mondes; Jean Moréas ostenta, por simple poeta, la Legión de honor; M. Paul Adam impone sus opiniones en la gran prensa; y si un sillón hubiera de derecho propio en la Academia Francesa, ese sillón sería el de M. Remy de Gourmont.

Pero insiste sobre todo en su victoria en el área poética y espiritual:

Si algo grande, alto y provechoso trajo el simbolismo, fué la libertad, la independencia mental, el florecimiento de energías individuales.

...

El simbolismo fué, pues, un movimiento de ideas que causó en todas partes un inmenso bien intelectual, y de cuyo influjo se resintieron, aun los que más contrarios le fueron.

...

Entre los simbolistas hubo personalidades de todas las ideas. Hubo católicos y ateos, creyentes y anarquistas, aristócratas y trabajadores de la revolución social. Ese movimiento trajo, entre otras cosas, el amor de la reflexión, la guerra á los prejuicios; nuevas especulaciones filosóficas, apego á la erudición intelectual, y á la alta crítica científica; ritmos nuevos, y hallazgos de manifestación verbal; odio á la vulgaridad, desdén de los inútiles análisis y tendencia á las síntesis; resurrección de clásicos mal estudiados ú olvidados; vistas simpáticas á las literaturas extranjeras, é importación de nuevas tendencias, como las de los grandes pensadores rusos y escandinavos.

Y para concluir dice: "Se verá que jamás el ideal tuvo más admirables servidores"103.

Se nota que, en esta controversia con Max Nordau, la desilusión se refiere a la relación personal con el famoso crítico y colega104, pero no al ideal. El ideal, representado por el simbolismo, se mantiene de pie, y Darío lo defiende más apasionadamente que nunca. Eso fue en 1903. Tres años más tarde, en 1906, según los textos que hemos visto, Darío ha llegado a dudar, si no del ideal mismo, por lo menos de las posibilidades para realizarlo en el París del siglo XX. París se ha convertido en un "Gran Bosque"105 que es justamente la negación de la selva sagrada donde el poeta de "El rey burgués" adquiere el licor de la nueva vida, donde el Orfeo de "El sátiro sordo" ve "la grandeza y la luz rara"106, donde el poeta de los Cantos de vida y esperanza encuentra "la profunda / emanación del corazón divino"107. En vez de las "ninfa y bacantes ... siempre acariciadas y siempre vírgenes"108, en vez de las Eulalias poéticamente "malignas y bellas", en vez de las "seductoras y perversas mujeres finiseculares"109, las hetairas que pueblan este bosque le merecen un calificativo ya no de prosa profana, sino de prosa tout court: "La Merelli", dice nuestro poeta, "no es más que una de tantas ciudadanas del París de la galantería, tanto más peligrosas cuanto más bonitas é impregnadas de tinturas de libros, y á las cuales hay que evitar, porque tienen el diablo dentro"110.

¿Qué había pasado? Tres cosas: 1° Una crisis personal en la vida de Darío, descrita de manera impresionante por su biógrafo Francisco Contreras. 2° El final definitivo del movimiento simbolista, que, según los entendidos, después de quince años de una fructífera existencia, se extingue en 1905, dejando un vacío cultural y espiritual; así como el inicio de la fase crepuscular del modernismo que se puede fechar entre los años 1905-1910. 3° Una nueva ola de comercialización y capitalización que inunda cada vez más los santuarios del arte y de la literatura, descrita por Darío en 1905:

Mauclair ha probado con datos ciertos que la prensa parisiense es un perfecto mercado de gloriola. Todo se hace por relaciones ó por dinero. Las vanidades de la literatura tienen su tarifa en la administración como las vanidades de la crónica social. Si aparecer entre los que han comido en el Ritz, ó en el Palace, con el príncipe de Plombino y la gran duquesa de Gerolstein, me cuesta un luis, con quinientos luises tengo un artículo bastante bien firmado, en la primera plana de tal ó cual diario mundano y elegante, en el cual se me ceñirá la frente de los más frescos y verdes laureles de encargo. La ciencia, la grave ciencia, tiene sus representantes en la enfermedad general. Y la literatura, ¡la querida literatura!...111

Tanto su vida en París como su posición como corresponsal parisiense de La Nación se vieron afectados por la nueva situación. Fue, según parece, la dirección misma del diario argentino la que le recordó que, como cronista y corresponsal, "no era ... un escritor independiente sino un asalariado que debe atender las órdenes del jefe de redacción"112. Darío tuvo que defenderse:

Se extrañaba LA NACIÓN, últimamente, de mis nostalgias, manifestadas alguna vez en este París que fué el atrayente paraíso de mi juventud. ¡Cómo no voy á sentirme extranjero aquí, donde he perdido todas las ilusiones que traía de un París de arte sincero, de noble entusiasmo, de generosidad intelectual! Aquí no puede sentirse á sus anchas sino el que se ha saturado del elemento ambiente, el que se ha parisienizado. Yo no he podido echarme el alma al hombro, cambiar de piel y lanzarme á la corriente.113

Por suerte, se encontró una solución casi salomónica. En 1906, Darío deja de ser el corresponsal parisiense de La Nación. Él mismo ha recomendado, con éxito, a su sucesor: es su admirado Remy de Gourmont, quien publica su primera crónica parisiense el 26 de agosto de 1906114. Las crónicas de salón, que Gourmont no quiere asumir, se encargan a un cronista nuevo: Fernando Fusoni, que pone énfasis en aspectos descuidados por Darío: los precios de venta que se obtienen por cada cuadro115, la estética de la calle116, las mujeres que pintan117, los vencidos118, el trabajo artístico119, el arte enfermo120, los artistas argentinos que viven en París121, el escultor Frémiet122, el pintor Alfred Philippe Roll123, etc. Sobre las inundaciones de París, catástrofe mayor del año 1910, escriben Alfredo Ebelot y Jules Claretie124. Gómez Carrillo sigue adelante con sus sempiternas crónicas sobre la vida parisiense, casi siempre interesantes y a veces excelentes125. Darío, por su parte, no pierde ni su trabajo ni sus ingresos: se convierte en corresponsal europeo y cosmopolita del diario bonaerense. Retoma sus peregrinaciones, se va nuevamente en busca del ideal. Escribe desde Londres126 , desde Amberes127, desde Bruselas128, desde la Bretaña129. Retorna a España130 , viaja a Río de Janeiro131, vuelve a Nicaragua después de quince años de ausencia132. Viaja a Cuba133. Más tarde volverá a París, pero su relación con la capital de la cultura nunca será la misma.

© Günther Schmigalle


Notas

arriba

vuelve 1. Francisco Umbral, cit en: Arellano, "Rubén: '¿Un negro con alma de princesa cachonda y pia-nista?'".

vuelve 2. "¿Las 'nuevas amenazas' no son acaso la 'divina sorpresa' que le faltaba a Washington para justificar la transición hacia una dominación abierta del mundo?" (Jean de Maillard, "Nouveaux bunkers de l'Occident", Le Monde diplomatique, enero de 2003, p. 7).

vuelve 3. Alejandro Serrano Caldera, "Rubén Darío: renovador de la palabra y la cultura", La Prensa, 2 de enero de 2003.

vuelve 4. RD, OC, t. 4, p. 1067.

vuelve 5. RD, La caravana pasa. Libro primero, p. 78.

vuelve 6. Ibíd, p. 91.

vuelve 7. Ibíd., p. 149.

vuelve 8. "Como género", dice Noel Rivas, "la crónica imponía muy pocas limitaciones, tan sólo la obli-gación de partir de un hecho real, de actualidad y de cualquier índole temática que interesara a los lectores: una velada teatral, la presentación de algún libro, un acontecimiento de la sociedad, la semblanza de un personaje conocido, la visita a países lejanos para informar sobre cos-tumbres, idiosincrasia, historia, etc., etc. Partiendo del suceso, el escritor-periodista iniciaba en su comentario una divagación por el mundo de la actualidad, del pensamiento, la imagi-nación y la creación" (Rivas, Introducción a: RD, España contemporánea, p. 17).

vuelve 9. Nervo, OC, t. 1, p. 1033.

vuelve 10. El primer salón de arte bajo control estatal se realizó en 1665 (Genova, Symbolist Journals, p. 192).

vuelve 11. Cit. ibíd., p. 212.

vuelve 12. RD, "En el 'Salón'. Los hispanoamericanos", La Nación, 6 de junio de 1901.

vuelve 13. RD, "Salón. I. El de 'Beaux Arts'", La Nación. Suplemento Semanal Ilustrado, 28 de mayo de 1903.

vuelve 14. RD, "Salón. El de 'Beaux Arts'", La Nación. Suplemento Semanal Ilustrado, 11 de junio de 1903, y "Salón. El de 'Beaux Arts'", La Nación. Suplemento Semanal Ilustrado, 18 de junio de 1903.

vuelve 15. RD, "Los salones de 1906. I. Société Nationale des Beaux-Arts", La Nación, 30 de mayo de 1906.

vuelve 16. RD, "'Articles' de París", La Nación, 25 de mayo de 1906.

vuelve 17. La octava y última exposición de los impresionistas fue en 1886.

vuelve 18. Rivas, Introducción a RD, España contemporánea, p. 45.

vuelve 19. RD, La caravana pasa. Libro primero, pp. 171-198

vuelve 20. Cf. Ludovic Naudeau, ”L’envers du miracle. Entretien avec le chanoine Brettes”, Le Journal, 4 de septiembre de 1901.

vuelve 21. RD, "Cosas de Orfeo. Teología artística. Una nueva teoría musical", La Nación, 28 de abril de 1901; Escritos dispersos, pp. 88-93. El compositor argentino Julián Aguirre respondió a las teo-rías de Núñez: "Cosas de Orfeo. A propósito de una nueva teoría musical", La Nación, 16 de mayo de 1901.

vuelve 22. RD, Escritos dispersos, t. 2, pp. 130-135.

vuelve 23. RD, "Articles de París", La Nación, 30 de noviembre de 1904; Escritos dispersos, t. 2, pp. 217-220.

vuelve 24. RD, "Pianos y pianistas", La Nación. Suplemento Semanal Ilustrado, 4 de junio de 1903. Darío vio a los aïssouas, miembros de la secta de Sidi Mohamed ben Aïssa, cuando visitó Tánger a mediados de febrero de 1904 (RD, Tierras solares, p. 121).

vuelve 25. RD, "La anarquía española", La Nación, 24 de julio de 1905, "La anarquía española. II", La Nación, 28 de julio de 1905, "La anarquía española. Intelectualidad y acción", La Nación, 1 de octubre de 1905. El 1 de junio de 1905, había estallado la bomba de la calle de Rohan, cuando Alfonso XIII visitó al presidente Loubet en París. Todavía no había estallado la bomba de la Calle Mayor de Madrid, durante las bodas de Alfonso XIII (31 de mayo de 1906).

vuelve 26. RD, "Azaroff", La Nación, 4 de marzo de 1905.

vuelve 27. RD, "La Armenofilia. Opinión de un escritor turco", La Nación, 2 de noviembre de 1902.

vuelve 28. RD, "La inmigración de la Italia meridional en la República Argentina", La Nación, 30 de julio de 1904.

vuelve 29. RD, "Nuestros colaboradores. Max Nordau", La Nación, 24 de abril de 1901.

vuelve 30. RD, "El concurso general agrícola. En la galería de las máquinas", La Nación, 30 de mayo de 1902.

vuelve 31. RD, "Al Dr. Max Nordau", La Nación. Suplemento Semanal Ilustrado, 14 de mayo de 1903.

vuelve 32. RD, "En la Academia Española. El inmortal Señor Ferrari", La Nación, 13 de junio de 1905.

vuelve 33. Cf. Schmigalle, "La pluma es arma hermosa", pp. 17-20.

vuelve 34. RD, "Dilucidaciones", El canto errante, OC, t. 5, p. 952.

vuelve 35. RD, España contemporánea, pp. 299-305.

vuelve 36. RD, La caravana pasa, pp. 202-209.

vuelve 37. RD, Escritos inéditos, pp. 52-82; OC, t. 4, pp. 703-786.

vuelve 38. RD, "Sursum", Escritos inéditos, pp. 28-30.

vuelve 39. Nicholas Patrick Wiseman, Fabiola ou L'église des catacombes (Limoges: E. Ardant, 1892).

vuelve 40. RD, "Un poeta príncipe", La Nación, 10 de octubre de 1893; Escritos inéditos, pp. 44-50; OC, t. 4, pp. 684-699. Quedan dos preguntas: 1° ¿Cómo consiguió Darío su documentación sobre este poeta ruso tan "raro", tan desconocido en la misma Europa? 2° ¿Cómo pudo RD expresarse con tanta autoridad sobre la poesía rusa en su conjunto? La primera pregunta todavía no tiene respuesta. La segunda tampoco, porque el libro de Alexander von Reinholdt, Geschichte der russischen Litteratur von ihren Anfängen bis auf die neueste Zeit (Leipzig: W. Friedrich, 1886), que Darío cita dos veces, y el de Louis Léger, Litérature russe. Notices et extraits (París: Armand Colin, 1892), que RD no cita, presentan muy pocas analogías con su genial esbozo de las letras rusas. Otra fuente posible es "la Antología de Saint Albin", obra no identificada que nuestro cronista menciona dos veces.

vuelve 41. RD, "De París. Hombres, hechos ideas", La Nación, 4 de agosto de 1902; Escritos dispersos, t. 2, pp. 160-164.

vuelve 42. RD, El Mundo de los sueños, pp. 76-81.

vuelve 43. RD, OC, t. 1, pp. 789-797.

vuelve 44. RD, "Las transformaciones de Mimi Pinson", La Nación, 13 de abril de 1902.

vuelve 45. No podemos entrar ahora a una interpretación detallada de ninguna de ellas. Pero sea dicho de paso que lo que nos parece genial en "Las transformaciones de Mimi Pinson" es algo muy importante que RD agrega cuando comenta el libro de Brisson. Comparando a Florise Bonheur, por un lado, con Mimi Pinson, y por el otro con las muchachas actuales que, sucumbiendo a la tentación del dinero, se convierten en pelanduscas como Liane de Pougy o en ladronas como Casco de Oro, transforma las observaciones sociológicas de Brisson en un estudio sobre el amor en los tiempos... no del cólera, pero del capitalismo. Camille Mauclair, que tantas afinidades profundas tiene con RD, ha hecho algo similar en las páginas que dedica a las muchachas de Montmartre, donde dice: "Y ella también ha desaparecido, la raza de muchachas que vivían con estos artistas y de quienes Louise [de Charpentier] ha dado la expresión lírica más famosa y más exacta. Ya no hay más Louises, ya no existen estas plebeyas que preferían el artista pobre al burgués adinerado, que vivían con nada, esperando para el amante la gloria de la cual nunca se vanagloriarían ni se beneficiarían, resignándose a que las dejara después de duros años soportados juntos, y se reían, y estaban bonitas, y amaban el amor y la poesía, locas y encantadoras..." Mauclair, que escribe en 1922, agrega que todavía tiene que haber sobrevivido en algún rincón remoto de Montmartre, "una última pequeña luz, la lamparita de Jenny, de Francine, de Mimi y de Louise antes del progreso – antes de la electricidad, del auto, del teléfono, del avión, del cine, de la lata de conservas, del fonógrafo, del bar y de todas nuestras bellezas actuales" (Servitude et grandeur littéraires, pp. 149-150).

vuelve 46. Marcel Prévost, "Una novedad literaria. 'Florise Bonheur'", La Nación, 18 de mayo de 1902.

vuelve 47. RD, "El arte de escoger esposa", La Nación. Suplemento Semanal Ilustrado, 6 de noviembre de 1902.

vuelve 48. RD, "Un santo, economista. La vida del Bienaventurado Bernardino de Feltro, por el Padre Lu-dovico de Besse, capuchino", La Nación. Suplemento Semanal Ilustrado, 12 de febrero de 1903.

vuelve 49. RD, "Los soliloquios del pobre", La Nación. Suplemento Semanal Ilustrado, 16 de julio de 1903.

vuelve 50. RD, "'Articles de París'. La literatura y la cocina", La Nación, 20 de diciembre de 1904.

vuelve 51. RD, "Una musa. Madame Catulle Mendès, 'Les Charmes'", La Nación, 18 de enero de 1905.

vuelve 52. RD, "La cuestión de Marruecos. El sultán íntimo", La Nación, 17 de febrero de 1906.

vuelve 53. RD, "'Articles de París'", La Nación, 11 de abril de 1906.

vuelve 54. Una nota para los coleccionistas: de los ocho libros reseñados, Florise Bonheur y Les Soliloques du pauvre son los que se consiguen todavía fácilmente en el mercado de libros viejos. L'Art de choisir sa femme no se consigue por ninguna parte y de ninguna manera. Los otros cinco se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia. Algún día, cuando los estudios darianos tengan una buena base financiera y una buena organización internacional, se podría pensar en reeditar los libros que más importancia han tenido para la creación de RD, sobre todo los que comentó en Los raros, los que reseñó, y los que estimó dignos de un prólogo de su pluma.

vuelve 55. RD, A. de Gilbert, OC, t. 1, p. 163.

vuelve 56. RD, Autobiografía, OC, t. 1, p. 102.

vuelve 57. Los disturbios comenzaron el 1 de julio y se prolongaron hasta el 6 de agosto de 1893.

vuelve 58. RD, "Impresiones de París – La agitación recién pasada – Jean Carrère – Ferro non auro", La Nación, 14 de agosto de 1893; Escritos inéditos, pp. 139-141, aquí p. 141; OC, t. 4, pp. 509-517, aquí p. 516. Esta crónica fue escrita los días 5, 8 y 9 de julio de 1893. La fecha que aparece al inicio, 5 de junio [sic], se debe a un error de imprenta.

vuelve 59. RD, Peregrinaciones, OC, t. 3, pp. 482-502.

vuelve 60. Esta comparación se podría comparar, a su vez, con el libro Un siècle, mouvement du monde de 1800 à 1900 (prefacio de Eugène-Melchior de Vogüé, París 1900).

vuelve 61. Ibíd., p. 502.

vuelve 62. Ibíd., p. 500. RD alude a la obra de James Fullerton Muirhead, The Land of Contrast´s – A Briton's View of his American Kin (Boston: Lamson, Wolffe, 1898).

vuelve 63. RD, "París. Hombres, hechos é ideas", La Nación, 13 de mayo de 1901. Este fragmento se podría comparar con el poema "Por el influjo de la primavera", en: RD, Cantos de vida y esperanza, OC, t. 5, pp. 896-897.

vuelve 64. Ibíd.

vuelve 65. Siete años después de la crónica de Darío ya se comenzó a analizar la psicología de los chismes: J. D. Logan, "The Psychology of Gossip", Canadian Magazine 31(1908), pp. 106-111.

vuelve 66. RD, "'Articles' de París", La Nación, 2 de febrero de 1906.

vuelve 67. Ibíd.

vuelve 68. Marcel Prévost, "El ingenio cruel", La Nación, 12 de enero de 1906.

vuelve 69. RD, "Historia negra: los Ezeta", OC, t. 4, pp. 1076-1094.

vuelve 70. RD, "La obra del populacho", OC, t. 4, pp. 1156-1160.

vuelve 71. RD, "Balmaceda, el presidente suicida", OC, t. 4, pp. 1148-1152.

vuelve 72. RD, "Por el lado del norte", El Heraldo de Costa Rica, 15 de marzo de 1892; Schmigalle, op. cit., pp. 49-51.

vuelve 73. RD, "Palomas fugitivas", El Heraldo de Costa Rica, 27 de abril de 1892; Schmigalle, op. cit., pp. 54-55.

vuelve 74. RD, "Vacher, o el loco de amor", OC, t. 1, pp. 754-758.

vuelve 75. RD, "París. Hombres, hechos é ideas", La Nación, 10 de abril de 1901; Escritos dispersos, t. 2, pp. 82-83. El enfrentamiento fue entre los poetas André Buffet y Paul Déroulède. Este último, además de poeta, era político realista.

vuelve 76. RD, "París. Hombres, hechos é ideas", La Nación, 21 de abril de 1901; Escritos dispersos, t. 2, pp. 84-85. El enfrentamiento fue entre el redactor en jefe del Figaro, Fernand de Rodays, y el conde Boni de Castellane.

vuelve 77. Cf. Kleine, Zur Ästhetik des Häßlichen, pp. 28-34.

vuelve 78. RD, “Shakespeare de última hora. ‘Les rois en exil’”, La Nación, 15 de julio de 1903; “Cosas de Shakespeare”, OC, t. 4, pp. 1238-1244.

vuelve 79. RD, "Palomas fugitivas", en: Schmigalle, op. cit., p. 54.

vuelve 80. RD, "Vacher, o el loco de amor", op. cit., p. 754.

vuelve 81. RD, "París. Hombres, hechos é ideas", La Nación, 13 de mayo de 1901; y "París. Hombres, hechos é ideas", La Nación, 30 de junio de 1901.

vuelve 82. Joseph Plaigneur (1876-1936).

vuelve 83. François-Dominique Leca (1874-1910).

vuelve 84. Amélie Hélie (1878-1933).

vuelve 85. Armand Lanoux, "La vraie Casque d'Or", en: Guilleminault, Le Roman vrai de la IIIe et de la IVe République, t. 1, p. 574.

vuelve 86. RD, "Las transformaciones de Mimi Pinson", La Nación, 13 de abril de 1902. Un rechazo similar se encuentra en el curioso libro de Chautard que afirma que "Mélie Hélie" fue la insti-gadora, además de los ataques a Leca, de tres asesinatos (Goualantes de La Villette et d'ailleurs, p. 87).

vuelve 87. RD, La caravana pasa. Libro primero, p. 60.

vuelve 88. No sin violar un poco la realidad, bien sûr. Jacques Becker, por ejemplo, en su película Casque d'Or (1952, con Simone Signoret y Serge Reggiani), envía a Manda a morir en la guillotina, provocando un juicio por difamación de parte del marido de la difunta Amélie Hélie (La-noux, op. cit., pp. 581-582).

vuelve 89. Rosenkranz, Ästhetik des Hässlichen, p. 199.

vuelve 90. RD, "Año Nuevo. 'Artículos de París'", La Nación. Suplemento Semanal Ilustrado, 19 de febrero de 1903.

vuelve 91. "Articles de París", La Nación, 15 de enero de 1905; "El caso de M. Syveton", OC, t. 4, pp. 1295-1298

vuelve 92. Ibíd., pp. 1297-1298.

vuelve 93. RD, "El Año Nuevo de París", La Nación, 5 de febrero de 1905.

vuelve 94. Ibíd.

vuelve 95. Rosenkranz, Ästhetik des Hässlichen, p. 263.

vuelve 96. RD, "En el 'Salón'. Los hispanoamericanos", La Nación, 6 de junio de 1901.

vuelve 97. RD, "Salón. I. El de 'Beaux Arts'", La Nación. Suplemento Semanal Ilustrado, 28 de mayo de 1903.

vuelve 98. RD, "Salón. El de 'Beaux Arts'", La Nación. Suplemento Semanal Ilustrado, 11 de junio de 1903, y "Salón. El de 'Beaux Arts'", La Nación. Suplemento Semanal Ilustrado, 18 de junio de 1903.

vuelve 99. RD, "'Articles' de París", La Nación, 25 de mayo de 1906.

vuelve 100. Ibíd.

vuelve 101. RD, "Los salones de 1906. I. Société Nationale des Beaux-Arts", La Nación, 30 de mayo de 1906.

vuelve 102. RD, "Nuestros colaboradores. Max Nordau", La Nación, 24 de abril de 1901.

vuelve 103. RD, "Al Dr. Max Nordau", La Nación. Suplemento Semanal Ilustrado, 14 de mayo de 1903.

vuelve 104. Esta desilusión se refleja también en "Dilucidaciones", el prólogo de RD a El canto errante: "Este doctor de fama universal os llama aquí 'ese gran talento de Rubén Darío', y allá os inflige un estupefaciente desdén..." (OC, t. 5, p. 958).

vuelve 105. RD, "'Articles' de París", La Nación, 2 de febrero de 1906.

vuelve 106. Ruiz Barrionuevo, Rubén Darío, p. 59.

vuelve 107. RD, "Yo soy aquél que ayer no más decía", Cantos de vida y esperanza, Obras completas, t. 5, p. 863.

vuelve 108. RD, Obras completas, t. 5, p. 635.

vuelve 109. Ruiz Barrionuevo, op. cit., p. 71.

vuelve 110. RD, "'Articles' de París", La Nación, 11 de abril de 1906.

vuelve 111. RD, "El Año Nuevo de París", La Nación, 5 de febrero de 1905.

vuelve 112. Rivas, Introducción a: RD, España contemporánea, p. 18.

vuelve 113. Ibíd.

vuelve 114. Entre 1906 y 1910 hemos localizado en La Nación cuarenta y cinco crónicas parisienses de Remy de Gourmont. Todo parece indicar que el escritor parisiense continuó escribiendo para el gran diario sudamericano hasta su muerte en 1915.

vuelve 115. Fernando Fusoni, "Desde París. Exposiciones y ventas – El hotel Drouot – Notas varias", La Nación, 21 de febrero de 1910.

vuelve 116. Fernando Fusoni, "El arte del pueblo", La Nación, 28 de marzo de 1910.

vuelve 117. Fernando Fusoni, "De París. Feminismo artístico", La Nación, 3 de abril de 1910.

vuelve 118. Fernando Fusoni, "Temas de arte. Los vencidos", La Nación, 4 de abril de 1910.

vuelve 119. Fernando Fusoni, "París trabaja. Una vieja calumnia. Una noble vida de artista", La Nación, 18 de abril de 1910.

vuelve 120. Fernando Fusoni, "Arte enfermo", La Nación, 6 de septiembre de 1910.

vuelve 121. Fernando Fusoni, "Artistas argentinos – 'Prix de Rome' – Georges Berger – 10° concurso Lé-pine – Crónica", La Nación, 16 de octubre de 1910.

vuelve 122. Fernando Fusoni, "De Francia – Emmanuel Frémiet – La obra de un gran escultor", La Nación, 6 de noviembre de 1910.

vuelve 123. Fernando Fusoni, "Alfred Philippe Roll, 'El paso de los Andes'" – Una gran obra artística", La Nación, 5 de marzo de 1911.

vuelve 124. Alfredo Ebelot, "Las inundaciones de París – Aspectos de diversos barrios", La Nación, 20 de febrero de 1910; Julio Claretie, "Las inundaciones de Francia – París y sus alrededores", La Nación, 22 de febrero de 1910.

vuelve 125. Se pueden destacar "La vida parisiense" del 16 de mayo de 1910, con un buen análisis de la novela de Paul Adam, Le Trust; y "La vida parisiense" del 29 de mayo de 1910, sobre la muerte de Jean Moréas. En esta última crónica Gómez Carrillo aborda el tema de Moréas como poeta griego, tema entonces completamente novedoso que fue estudiado muchos años después por Robert Jouanny.

vuelve 126. RD, "Londoniana. Diversiones inglesas", La Nación, 14 de junio de 1906.

vuelve 127. RD, "Antuerpiana. Al pasar", La Nación, 16 de julio de 1906.

vuelve 128. RD, "Vida belga", La Nación, 17 de mayo de 1907.

vuelve 129. RD, "En Bretaña", La Nación, 4 de agosto de 1907, y "La nobleza francesa", La Nación, 26 de agosto de 1907.

vuelve 130. RD, "En tierra de D. Quijote", La Nación, 9 de abril de 1905; "Notas de España", La Nación, 17 de mayo de 1905; "La cuna del manco", La Nación, 21 de mayo de 1905; "Alfonso XIII", La Nación, 3 de junio de 1905; "En la Academia española. El inmortal Señor Ferrari"; La Nación, 13 de junio de 1905; "La anarquía española", La Nación, 24 de julio de 1905; "La anarquía española. II", La Nación, 28 de julio de 1905; "A la orilla del Cantábrico. Notas y croquis", La Nación, 17 de septiembre de 1905; "La anarquía española. Intelectualidad y acción", La Nación, 1 de octubre de 1905; "Impresiones españolas", La Nación, 7 de febrero de 1909; "Poetas de España. Los hermanos Machado", La Nación, 15 de junio y 1 de julio de 1909 (y Escritos dispersos, t. 2, pp. 225-236); "Alejandro Sawa", La Nación, 8 de enero de 1910; "Films de la Corte. I. Kaulak. II. Ideal Room. III. Diálogo de los vivos. IV. Voz de arroyo", La Nación, 10 de enero de 1910; "Manuel II. Rey de Portugal", La Nación, 11 de enero de 1910; "Films de la Corte. I. Proveedores de alegría. II. Teatro de niños. III. L'art d'être grand'mère. IV. Recuerdo de Querol", La Nación, 18 de enero de 1910; "Films de la Corte. I. De Val. II. Rueda á América", La Nación, 19 de enero de 1910 (y Todo al vuelo, pp. 49-56); "Sangre azul", La Nación, 23 de enero de 1910; "Marquina y su obra", La Nación, 13 de febrero de 1910; "El Mistral de Valencia", La Nación, 15 de febrero de 1910; "Films de la Corte. I. Belisario Roldán. II. Romancero prosaico. III. Una nueva obra de Rusiñol", La Nación, 8 de marzo de 1910; "Films de la Corte. I. Cuba en España. II. Primicia de Henri de Regnier. III. Una frase de Cánovas de Cas-tillo", La Nación, 31 de marzo de 1910; etc.

vuelve 131. RD, "La conferencia de Río de Janeiro. Preliminares", La Nación, 28 de julio de 1906; "Sen-sa-ciones fluminenses", La Nación, 8 de agosto de 1906.

vuelve 132. RD llegó a Nicaragua el 23 de noviembre de 1907 y salió nuevamente del país el 3 de abril de 1908. Hemos localizado los capítulos II a XI de El Viaje a Nicaragua, publicados en La Nación entre el 6 de octubre de 1908 y el 2 de abril de 1909. Nos falta todavía el capítulo I. RD redactó también crónicas de actualidad, motivadas por el derrumbamiento de Zelaya: "La Revolución de Nicaragua", La Nación, 25 de febrero de 1910, y "La antidiplomacia. Una nota de Mr. Knox", La Nación, 1° de abril de 1910.

vuelve 133. RD, "Films de travesía", La Nación, 20 de octubre de 1910; "De Saint-Nazaire á Veracruz – Notas para los turistas", La Nación, 21 de octubre de 1910; "La administración Gómez en Cuba", La Nación, 24 de noviembre de 1910; "La administración Gómez en Cuba – El reverso de la medalla", La Nación, 28 de noviembre de 1910.


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