Julio Terán Dutari, S.J.

Religión y nación
El aporte de la fe a la construcción de la nacionalidad:
en torno a la figura del obispo veragüense
don Rafael Lasso de la Vega
Notas

1. Introducción

1.1. El tema asignado

"La Iglesia, modeladora de la nacionalidad". Así tituló un célebre investigador ecuatoriano sus estudios sobre el tema que hoy nos ocupa1. Los estudios se referían a lo que ahora es la República del Ecuador; pero ese título, resumen de la obra, que fue citado por Su Santidad Juan Pablo II en su visita al Ecuador, se puede aplicar a todas las repúblicas de nuestra gran Patria hispanoamericana, en especial a las grancolombianas, y en cada una de ellas deberá precisarse con rasgos y coloridos propios.

Habría que examinar los varios campos que constituyen la nacionalidad de cada pueblo, de cada país, para descubrir allí cómo se cumple la tesis de que la Iglesia ha contribuido poderosamente a modelar las nacionalidades. Es imprescindible hacerlo también para la República de Panamá, que en este año 2003 celebra su primer centenario de vida definitivamente independiente y quiere robustecer con ello su identidad nacional. Pero no sería posible pretenderlo dentro de los límites de este breve estudio. Tendría que mostrarse cómo la Iglesia católica, portadora de la fe cristiana, y exponente eximia de la religión, ha ido contribuyendo a plasmar la nacionalidad panameña en las diversas fases de su historia y en las muchas facetas de su fisonomía particular.

Para la finalidad de esta conferencia, creemos que lo más conducente es presentar un ejemplo insigne de lo que afirmamos, tomado de un momento decisivo en el proceso histórico de esa forja multisecular que ha creado la identidad panameña. Y el ejemplo tiene un nombre distinguido, el de un personaje que es al mismo tiempo ilustre Prelado de la Iglesia Católica y prócer de la patria grancolombiana; y antes que todo esto, es un veragüense y santiagueño de nacimiento: el Obispo Doctor Rafael Lasso de la Vega.

1.2. Breve esbozo de su vida

Quien habría de ser Obispo de Mérida en Venezuela y luego Obispo de Quito, quien sería llamado el más célebre Obispo americano en la gesta de la independencia, brazo derecho del Libertador Simón Bolívar para el restablecimiento de relaciones entre las naciones americanas y la Iglesia Católica, Don Hilarión José Rafael Lasso de la Vega, fue oriundo de Santiago de Veraguas en el Istmo de Panamá; nació el 26 de octubre de 1764, estudió en el Colegio Mayor del Rosario, donde se graduó en Teología y Cánones, en Santafé de Bogotá, ciudad en la que ejerció con altura su ministerio sacerdotal hasta 1812. Desterrado de esa metrópoli por su posición inicial de firme fidelidad al Rey de España, y tras corta estadía en Panamá como Chantre de la Catedral, fue preconizado Obispo de Mérida por el Rey Fernando VII en 1814.

En esa sede episcopal de Mérida, en Venezuela, da el vuelco decisivo de su vida: de ser un realista acérrimo se convierte en fervoroso independentista y traba aquella fuerte amistad con Bolívar que le lleva a colaborar en la organización de la Gran Colombia, hasta firmar la nueva Constitución en 1821 como Vicepresidente del Congreso de Cúcuta y destacarse luego como Senador en los siguientes Congresos colombianos. Empiezan entonces sus gestiones ante el Papa Pío VII y posteriormente ante León XII, que llevarán a la provisión, con obispos favorables, de las sedes vacantes que trajo la revolución sudamericana, al arreglo pacífico de los asuntos eclesiásticos perturbados por la política, y finalmente a la aceptación de las nuevas repúblicas por parte de Roma; todo lo cual significaba el espaldarazo mejor para que quedase constituida y reconocida en sus rasgos esenciales la nacionalidad de esos cuatro países que formaron la Gran Colombia: Venezuela, la actual Colombia, Ecuador y Panamá.

Promovido de la sede episcopal de Mérida a la de Quito en diciembre de 1828 por propuesta del Libertador, el ilustrísimo Señor Lasso de la Vega hizo su entrada en Quito en diciembre de 1829; medio año después, mientras cumplía la visita pastoral de su diócesis, celebró las exequias del Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre. Bolívar tenía previsto que con Don Rafael se preparara y consiguiera la elevación a Arquidiócesis de la sede capitalina del futuro Ecuador, pero la muerte del Libertador se apresuró, llenando de dolor a su amigo y reservando el cumplimiento de estos proyectos al sucesor de Lasso. Poco después murió el mismo Don Rafael en Quito, el 6 de abril de 1831, con fama de patriota y de santo.

1.3. Significado patriótico y cultural del Obispo Lasso de la Vega

Esta vida tan rica quisiéramos presentarla hoy otra vez, apuntando a su significado profundo, el que ha tenido no sólo para las gestas libertarias de América del Sur, sino también para la cultura y la nacionalidad hispanoamericana y en particular panameña, que a través de esas gestas entró, con el acompañamiento de la Iglesia Católica, en una nueva fase de su desarrollo.

En efecto, la actuación del Obispo Lasso al haber apadrinado por parte de la Iglesia la independencia americana y haber hecho posible junto a Bolívar el establecimiento de relaciones normales entre las nuevas repúblicas y la Santa Sede, ha de considerarse como un aporte muy positivo en la consolidación de nuestras nacionalidades, con esa cultura propia latinoamericana que se había ido formando al amparo de la Iglesia Católica y que el Episcopado de nuestros pueblos viene identificando y valorando altamente en las últimas décadas, desde las Conferencias Generales de Puebla y Santo Domingo.

Hay tres aspectos en la vida de Don Rafael que fundamentan nuestro enunciado: Su actuación fue la del criollo identificado con su propia historia. Fue la del eclesiástico católico, que supo valorar lo que significa la Iglesia Católica para nuestras nacionalidades. Fue finalmente la del político perspicaz, que pudo entender y orientar desde el campo eclesiástico la difícil intuición genial del Libertador Simón Bolívar. Por eso desarrollaremos el estudio en tres partes, que corresponden a esos tres aspectos. Paralelamente consideraremos la vida de Don Rafael dentro de las tres etapas fundamentales suyas, en tres escenarios ambientales constitutivos de su personalidad y de su obra: primero, el ambiente criollo de su patria chica veragüense; luego, el ambiente religioso de su ministerio sacerdotal y episcopal en bien de la Iglesia y de la sociedad; finalmente, el ambiente político-eclesiástico de sus maduras actuaciones bolivarianas. Cerraremos nuestro aporte con una valoración de la obra del Obispo Lasso en la construcción de la nacionalidad.

2. Desarrollo

2.1. Entorno patrio: El criollo de Veraguas

"El Señor Lasso, – dice la primera fuente histórica que tenemos – descendiente de una antigua, ilustre y acaudalada familia, nació en la ciudad de Santiago de Veraguas, a cincuenta leguas al Sur Oeste de Panamá2". Hoy podemos precisar algo mejor lo que era su terruño y su entorno familiar. Veraguas es el feudo que dieron los Reyes Católicos a Colón en Tierra Firme. Suelo feraz, en la parte occidental del istmo panameño, con playas en los dos océanos, con anchurosos ríos que bajan a las llanuras desde la cordillera rica en minerales y habitada por valientes indígenas, ríos que desembocan en un amplio golfo donde ha florecido la "bucería de perlas".

Con su capital Santiago, era Veraguas, junto a Panamá, una de las dos provincias del Istmo, en la antigua Castilla del Oro, que habían constituido una Real Audiencia independiente de otras jurisdicciones. Desde 1739 las dos provincias pasan a formar parte del nuevo Virreinato de Santa Fe, integrado además por la Nueva Granada, Quito y Venezuela. También bajo los regímenes republicanos colombiano y panameño, hasta el día de hoy, Santiago conservará su categoría de capital de la Provincia de Veraguas.

Los actuales estudios sociológicos califican a Santiago de Veraguas como un caso especialmente revelador de la sociedad latifundista de aquel tiempo, con una poderosa y hermética oligarquía agraria3. A comienzos del Siglo XIX cuenta Santiago con 4.568 habitantes; allí y en las aldeas de la región veragüense abunda la población indígena, con cholos, mestizos y algunos negros. Pero unas cuantas familias procedentes de España, en buena parte llegadas a comienzos del Siglo XVIII y mantenidas por desarrollo endogámico, dominan el panorama económico, social, político y eclesiástico. Sus miembros son terratenientes con grandes crías de ganado junto a plantaciones de caña de azúcar, y para su provecho financiero alquilan también al Estado el cobro de los diezmos de la Iglesia, la cual por lo demás posee grandes latifundios en esta región. De entre los hijos de esas familias salen figuras de la milicia, la política y la clerecía4.

Los intereses de esta oligarquía agraria, que un observador británico de la época compara con la de los landlords5 estaban en contraste con los de la élite de comerciantes en la capital del istmo. Los miembros de la oligarquía capitalina de Panamá eran hombres de negocios que mantenían contacto con el ancho mundo y sus ideas, a través del nutrido tráfico de la vía interoceánica. Para finales del Siglo XVIII se volvían pragmáticos, liberales, hasta anticlericales; en ese clima acogieron fácilmente el movimiento libertario, que en Santiago de Veraguas no prendió sino con dificultad. Hacia 1821 su cabildo no muestra entusiasmo en refrendar la independencia proclamada en Panamá; cuando suscriba su propia acta de independencia lo hará más bien con expresiones de fervor religioso.

Sin embargo, algunos miembros de esas familias capitalinas escapan a esta tendencia secularista, pues en la segunda mitad del S. XVIII, después de que la ruta marítima con su empalme a través del istmo es sustituida por la del Cabo de Hornos, provocándose un decaer general del tránsito de pasajeros y del comercio, buscan asentarse como terratenientes en el interior del país, apoyados en alianzas matrimoniales con la oligarquía rural. Este pudo haber sido el origen de los Lasso de la Vega en Santiago, pues sabemos que el bisabuelo, Diego Lasso de la Vega, era natural de Cádiz en España6, y el abuelo, Juan José Lasso de la Vega, casó con la criolla Ambrosia de Ayala. Estos probablemente residían en la ciudad de Panamá, porque ya el padre del Obispo, el Capitán de Milicias Reales, don Nicolás Feliciano Lasso de la Vega, desempeñó el cargo de Alcalde ordinario de la capital de Tierra Firme (Panamá), donde también fue Arcediano de la Catedral un hermano suyo; Nicolás casó así mismo con una criolla, Estefanía Josefa de la Rosa Lombardo, madre de nuestro Rafael7.

Fue bautizado Rafael por un tío materno suyo, el sacerdote Pedro José Lombardo; una tía materna fue su madrina, y el padrino fue también militar como su padre, el capitán Agustín Núñez de Arce.

En este entorno social y religioso de la colonial Santiago pasa Rafael sus primeros quince años de vida; por cierto, en absoluto mutismo, si hemos de creer a nuestra primera fuente8, hasta que irritado un día con un hermano menor suyo suelta de repente la lengua. Esta circunstancia, que parece tener implicaciones psicológicas, explicaría ciertos rasgos de su carácter y modo de actuar: Reservado y meditativo, muy agudo e inteligente, firme, recto e inflexible, pero también irritable, no muy fácil de palabra y con algún defecto en la pronunciación.

Formado en la profunda religiosidad de sus mayores y animado por el ejemplo de sus tíos, ingresa al Seminario de Panamá, pero no permanece allí: la alcurnia y los medios económicos de su familia habrán influido para que viajara a continuar sus estudios en la capital del Virreinato de Nueva Granada, en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, cuya beca y manto se le entrega en marzo de 1783. Aquí recibirá lo más importante de su formación intelectual, en el espíritu de Santo Tomás de Aquino y en la espiritualidad de los Padres dominicanos, a los que permaneció muy afecto durante toda su vida. El año 1790 se gradúa Rafael Lasso de la Vega como Bachiller en Artes. Recibe órdenes menores a título patrimonial con derecho a beneficios eclesiásticos, prebendas o canonjias en América. A los 28 años, en 1792, lo ordena presbítero el Arzobispo de Santa Fe de Bogotá, Martínez y Compañón. Al año siguiente la Universidad de Santo Tomás lo promueve a Doctor en Teología y Cánones. Desde entonces, y por seis años consecutivos, ejerce el magisterio en la misma Universidad en las cátedras de Latinidad, Sintaxis y Prosodia.

Ya en estos años de niñez y juventud se iría plasmando esa personalidad tan acentuada del futuro Obispo, no sólo en los aspectos de cultura social, cívica e intelectual, que tanto subrayan sus historiadores, sino también en la formación religiosa y espiritual, que daría frutos de una virtud acendrada a través de las etapas siguientes. Todo este conjunto de su fuerte personalidad es lo que consideramos decisivo en el momento de valorar el aporte de su obra para enriquecimiento de la cultura grancolombiana y panameña, con su raigambre católica.

La historiografía nos ofrece un cúmulo de datos sobre las virtudes de este sacerdote ejemplar, recto, justo, humilde y pobre, que en algún modo contrastan con ciertas costumbres de la familia y de la sociedad en la que se crió. Especialmente llamativa es su austeridad personal, unida al desprendimiento en favor de los necesitados y su confianza en que Dios proveería (como lo hizo cuando partió sin nada hacia Quito, a través de la generosidad de amigos y del sobrino Pedro Lasso)9.

2.2. El entorno eclesiástico bajo el patronato español: actuación de Lasso en Bogotá, Panamá y Venezuela

El mismo año 1794, en que se doctoró, recibe Rafael Lasso de la Vega la cura de almas en la parroquia de Funza, entonces llamada Bogotá; durante ese ministerio, prolongado por más de diez años, construye la sacristía, la torre y la casa cural. En 1804, por los servicios prestados a la Corona y a la Iglesia, obtiene un beneficio eclesiástico, y gana en oposiciones la Canongía Doctoral del Capítulo Metropolitano de Santafé. En este cargo tiene que ocuparse de la construcción de la catedral, recabando de la tesorería real los fondos pertinentes y oponiéndose a los gastos superfluos. Presenta también por ese tiempo alegatos que demuestran su conocimiento de las Leyes de Indias y su formación regalista.

Viene entonces el gran cambio político en la Nueva Granada, con la Junta Suprema de Gobierno de 1810 instalada en Santafé. El Dr. Lasso de la Vega mantiene sus posiciones de fidelidad al Rey, negándose a prestar el juramento de sumisión al nuevo gobierno y manifestándose "contrario a la facultad con que lo enalteció el pueblo"10. Como esta actitud de persona tan prestante inquietara mucho, se le intimó que saliese de la capital a una provincia; pero el hecho es que Lasso pudo permanecer en Santafé hasta octubre de 1812, cuando el Presidente Antonio Nariño convocó a una reunión de notables, en la que el Dr. Lasso se abstuvo de votar a favor de las propuestas del Presidente. Este le mandó abandonar la Provincia de Cundinamarca en el término de veinticuatro horas, por lo que aquel tuvo que salir apresuradamente y, después de esquivar a Bolívar en Cúcuta, llegó a Cartagena, donde encontró dificultad de parte de los patriotas para obtener pasaporte hacia Jamaica. A esa isla – que era en verdad isla de libertad - llegó de todos modos, llevado por la intención de entrevistarse con el nuevo Arzobispo de Bogotá, el realista Juan Bautista Sacristán, quien no conseguía entrar en su diócesis por impedírselo la revolución. Lasso no pudo encontrarlo, pero le envió dinero de apoyo a Santiago de Cuba.

En 1813 finalmente puede entrar en su patria Panamá, donde recibe el real despacho con el nombramiento de Chantre de la Catedral de Panamá, gracias a las gestiones de su hermano José Anastasio, que servía como militar al Rey de España. Pero ya a los pocos meses, en octubre de 1814 Lasso es propuesto por Fernando VII para Obispo de Mérida, por sus méritos de fidelidad a la corona.

Una vez obtenida la aceptación pontificia, el Rey comunicó a Lasso su designación, que fue por Bula del 8 de marzo de 1815. En octubre de ese mismo año, siguiendo las instrucciones del Rey, entra Lasso en Maracaibo, adonde decide trasladar la Sede de Mérida, destruida hacía poco por el terremoto de 1812, en el que había perecido el anterior Obispo. Mientras llegaba su nombramiento oficial, el Obispo preconizado se encargó del gobierno de la diócesis. Encontró al clero diezmado y dividido por las luchas políticas y la guerra. Poco después se dirigió a Santafé, donde fue consagrado Obispo el 11 de diciembre de 1816 por el Arzobispo Juan Bautista Sacristán, teniendo por padrino al Virrey de la Nueva Granada, Juan de Sámano.

De vuelta de Bogotá, el Obispo Lasso llega a principios de 1817 a Mérida, su sede propia, entonces devastada, donde reorganiza el seminario y restituye conventos y obras pías. En abril publica una pastoral condenando la revolución y exigiendo la obediencia al Rey, según la fuerte Bula de Pío VII "Etsi longissimo", que él glosa con términos más fuertes aún. En sus continuas predicaciones tacha como pecado mortal el seguir lo que llamaba la insurrección. En mayo de 1817 abre proceso a los clérigos que habían actuado así, dándoles un plazo para corregirse, bajo pena de la pérdida de sus beneficios. Esto no obstante, su actuación pastoral es extraordinaria: visitas pastorales haría cinco; y convocaría tres sínodos, los dos primeros todavía bajo un turbulento ambiente político-eclesiástico.

Ya durante este período, como también después, la obra episcopal de Lasso de la Vega, así en sus aspectos más propiamente eclesiásticos y religiosos como en los aspectos culturales, debe valorarse en muy alto grado. Como juicio de su iniciativa sinodal, valgan las palabras que, con alusión a los discursos de Juan Pablo II sobre Fe y Cultura, dice el venezolano editor crítico de esos tres sínodos: "Pese a la breve vigencia de sus constituciones, que fueron derogadas por el gobierno en 1839, tuvieron bastante influencia, especialmente en la catequesis: [sus catecismos] fueron utilizados en otras diócesis, incluso del Nuevo Reino de Granada y Quito. … Estos sínodos, redactados por un eminente criollo en colaboración con españoles y mestizos, ponen de manifiesto la gran influencia de la Iglesia católica durante casi cinco siglos en las costumbres morales, cívicas, políticas y sociales del Nuevo Mundo"11.

2.2.1. El entorno político-eclesiástico de Lasso de la Vega en su período independentista y bolivariano: de Venezuela a Santafé y a Quito.

La principal actuación, y de importancia excepcional, que ha consagrado para la historia al Obispo Lasso de la Vega, es su influjo decisivo en el establecimiento de relaciones entre los nuevos países de América Hispana y la Santa Sede. Para situar correctamente esta actuación, hay que considerar que, con la ruptura del dominio español en los territorios americanos, se rompía también el marco jurídico (Patronato Regio) que regulaba las relaciones de estos, en cuanto parte del vasto imperio hispánico, con la Santa Sede. Este hecho tenía consecuencias muy graves, tanto en lo estrictamente eclesiástico (comenzando por el nombramiento de los Obispos y proyectándose hasta las amenazas de un cisma americano), como también en lo civil y político, donde había intereses decisivos para las nacientes repúblicas, desde el cobro del diezmo eclesiástico por parte del poder civil, hasta los altos asuntos de las relaciones internacionales, en las que el buscar un reconocimiento de los nuevos Estados por parte de la Santa Sede era un factor de máxima importancia. Estaba también, más al fondo, la cuestión de la identidad cultural de las nuevas naciones, cuestión a la que en este trabajo prestamos atención especial.

En tal contexto encontramos que, ya desde el principio de la emancipación, y por tanto bajo el pontificado de Pío VII (quien, por lo demás, había concedido audiencia a Bolívar en 1805), hubo conatos de empalme con Roma por parte de México, de las Provincias Unidas del Plata y de Nueva Granada, que pretendían superar por trámites directos ante el Soberano Pontífice los obstáculos de la diplomacia española, por supuesto mucho más influyente. El conato de mayor trascendencia fue el de Venezuela, que a través de su emisario Palacio Fajardo preparó en 1813 un proyecto de Encíclica a favor de la emancipación, proyecto que sin embargo se vio finalmente frustrado.

A pesar de todo, esta confusa lucha de intereses tuvo una importante consecuencia, que fue la provisión en 1814 de algunas sedes episcopales americanas, hasta entonces vacantes. Esta provisión la realizó el Papa, a propuesta del Rey de España, con sujetos de toda confianza para la causa española. Entre tales sedes estuvo la de Mérida, en Venezuela, para la cual el Rey Fernando VII propuso el 19 de octubre de 1814, al Dr. Lasso de la Vega, ya bien conocido por su fidelidad a la corona.

Es significativo que, poco después, a comienzos de aquel mismo año de 1816, en cuyo último mes Lasso sería ordenado Obispo, se había expedido por obra de la diplomacia española el Breve o Encíclica "Etsi longissimo" de Pío VII, que pretendía dar apoyo al Rey de España por medio de los Obispos americanos, en la recuperación de la obediencia a su dominio regio, ya casi perdida en tierras de América. El Papa por entonces consideraba la revolución criolla como un apéndice de la revolución francesa y de las agitaciones de Bonaparte, por lo que aquí la llama 'sedición' y 'rebelión' (sin que por eso haya de tenerse este documento como una declaración programática y definitiva en contra de la libertad latinoamericana)12. El documento tuvo repercusiones diversas en la América española, pero predominó entre la Jerarquía del nuevo mundo el aplauso y aparecieron cartas pastorales que divulgaban y reafirmaban el escrito pontificio.

En este ambiente, el nuevo Obispo Lasso, fiel a sus principios realistas, comienza apoyando vehementemente la Encíclica en repetidas pastorales y en continuos sermones. Ante los triunfos de Bolívar (victoria en Boyacá 1819), se enardece más en su polémica; se retira a Coro, ciudad realista, desde donde escribe incluso que los sacerdotes deben exhortar a los fieles a alistarse en las tropas del rey. Había decidido entonces seguir el ejemplo de otros Prelados y emprender viaje a España. Pero en 1820 suspende su propósito, frente a la gravedad de nuevos acontecimientos: Allí estaban, en primer lugar, los cambios en España misma, donde la expedición peninsular destinada a la reconquista de América se subleva en Cádiz; por otra parte, el "pacificador" Morillo recibe órdenes de entenderse con Bolívar; y, más que todo, ante el movimiento liberal que exalta los derechos del pueblo contra el despotismo, y la supremacía democrática contra la legitimidad y el derecho divino de los reyes, el mismo Rey Fernando VII se ve obligado a jurar la Constitución popular española, abriendo también el paso a hostilidades del Gobierno de Madrid contra la Iglesia Católica.

El 28 de enero de 1821 Maracaibo, la sede del Obispo Lasso, se proclama independiente de España. Cuando la Junta de Gobierno le envía al Obispo realista la orden de quedar como arrestado en su propia casa, éste reúne al Cabildo y sorprende a todos con una primera apertura ante los nuevos acontecimientos, en forma de neutralidad: por una parte, dice que mientras queden curas realistas no quiere declararse todavía republicano; pero que tampoco se oponía al movimiento de la ciudad, antes quería ofrecer a todos por igual sus servicios pastorales.

Sucede así en la vida de Don Rafael aquel hecho decisivo por el que se convierte no sólo en amigo cordial, sino en defensor y agente de la misma causa que había combatido con tanto vigor. Después de breve tiempo pide a Bolívar una entrevista, que tuvo lugar, de modo extraordinariamente llamativo y amistoso, en Trujillo el 1 de marzo de 1821. Allí le declaró al Libertador su disposición a quedarse en su diócesis, reconociendo la República, y aun a informar al Papa sobre el verdadero estado de las cosas13. Así nació aquélla colaboración, fundada en generosa amistad, entre Bolívar y Lasso de la Vega, que fue tan benéfica a la Patria y a la Iglesia. La reacción de los patriotas era exultante. Santander expresará luego confidencialmente: "El Obispo está más patriota que Bolívar"14.

Por insinuación de Bolívar la Provincia de Maracaibo eligió al señor Lasso como representante suyo en el Congreso Constituyente del Rosario de Cúcuta. Ya el 9 de junio de 1821, en medio de sus visitas pastorales, Lasso oficiaba al Congreso protestando obediencia y complaciéndose por su instalación. El 28 de agosto fue elegido Vicepresidente de la Constituyente, en la que tuvo destacada actuación. Continuó como Senador en los Congresos de 1823 y 1824 (el único obispo con esa investidura) y permaneció un buen tiempo en Santafé, donde atendió a importantes asuntos eclesiásticos de esa sede vacante.

Aquel mismo año de 1821 se da el paso que desencadena un vuelco en las relaciones de las repúblicas americanas con la Santa Sede: Por insinuación de Bolívar, que acogía de ese modo la propuesta hecha en su primera entrevista por el Obispo de Mérida, éste escribe el 20 de octubre directamente al Papa un breve informe eclesiástico, al que responde el Pontífice el 7 de septiembre de 1822 en una carta, muy difundida luego por América y Europa, con expresiones que por primera vez manifiestan una neutralidad pontificia ante los cambios políticos americanos. Con esto, se declara en la práctica que ya es imposible el ejercicio del Patronato Regio15.

El Papa pide allí a Lasso de la Vega más informaciones, y éste las envía en nueva carta de 1822, que ya no encuentra a Pío VII, pero será muy apreciada por el Pontífice subsiguiente, León XII, quien acogerá en mayo de 1827 las propuestas hechas por Lasso para el nombramiento de los siete primeros obispos "propietarios" de sedes en el territorio de la Gran Colombia y Bolivia, nombramientos que habrían de realizarse incluso sin los procedimientos jurídicos usuales y desde luego, en completa prescindencia del obsoleto Patronato, lo cual invalidaba las indebidas pretensiones de los amigos del mismo, tanto en España como en la Gran Colombia y apartaba definitivamente de esta última república el peligro de cisma al que sucumbió por un tiempo la República del Salvador y que estuvo a punto de asolar a México. Mientras tanto, como culminación del nuevo clima de buenas relaciones que Lasso venía promoviendo, León XII había expedido ya el 24 de Septiembre de 1824 la Encíclica "Etsi iam diu", por la que se acepta la legitimidad de los gobiernos constituidos en América.

Viene luego en 1828 el nombramiento de Lasso de la Vega para Obispo de Quito, sede que se encontraba sin Pastor desde 1822. Sobre la nueva provisión de Quito había escrito Bolívar personalmente al Papa, en la carta que por primera vez le dirigió, el 7 de noviembre de 1828. Bajo este influjo es preconizado de inmediato el propio Dr. Lasso en el consistorio de 15 de diciembre de ese mismo año. Éste recibe en Venezuela la notificación oficial del Presidente de la Gran Colombia, Simón Bolívar, que por entonces se encontraba en Guayaquil; y se apresta a asumir con penosa travesía la nueva misión, que a los achaques y enfermedades de sus años ya no significaba tanto un honor, sino mucho más un sacrificado servicio a una diócesis inmensa16.

En Quito, pues, donde muere Don Rafael en abril de 1831, su ministerio de pastor abnegado y su proficua labor patriótica fueron breves, aunque de infatigable empeño y de maduros frutos. Como el fruto de mayor trascendencia señalamos que ese mismo año de su muerte se preparaba la Constitución Apostólica "Sollicitudo Ecclesiarum" de Gregorio XVI, con el ansiado reconocimiento oficial de las nuevas repúblicas americanas por parte de la Santa Sede. Es la suprema realización de nuestro Obispo criollo, que más que panameño por su nacimiento, o venezolano o quiteño por las sedes que ocupó, merecerá llamarse grancolombiano por la extensión de su obra, bolivariano por la estirpe de su espíritu, y gestor insigne de auténtica cultura latinoamericana.

3. Valoración

¿Qué significa toda esta concatenación de sucesos favorables, patrocinados por Lasso de la Vega, para la construcción de las nuevas nacionalidades? La respuesta a esta pregunta merecería estudios que exceden el marco del presente trabajo. Con todo, algunos elementos para responderla se ofrecen en el breve examen que ahora haremos para terminar.

3.1. El cambio del Obispo Lasso

A quienes se admiraban de que el acérrimo realista Lasso de la Vega se hubiera transformado en paladín de la causa independentista respondió ya el mismo Lasso en un opúsculo con el título de "Conducta del obispo de Mérida desde la transformación de Maracaybo" y su respuesta está corroborada por sus cartas al Papa Pío VII. Vistas todas estas razones, no podrá tachársele de ser un oportunista, que sacrifica sus ideas iniciales a las conveniencias del momento posterior.

Su primera carta al Sumo Pontífice, en octubre de 1821, deja ya entrever motivos ideológicos, aunque se fija más en las necesidades espirituales y sociales que le han hecho cambiar de posición. A éstas se refiere, al indicar que es necesario que acaben los disturbios y los muchos males que se han seguido, también para la Iglesia. Supone que no hay otra forma de contener esta desintegración social y religiosa sino obteniendo que la causa de la independencia, robustecida por su reconciliación con la misma Iglesia, implante la paz y el progreso.

Luego señala también la situación política y sus consecuencias a la luz del derecho: una vez que el mismo rey de España ha jurado la Constitución española democrática, de hecho y de derecho la soberanía vuelve a su verdadera fuente, "a saber, el consentimiento y disposición de los ciudadanos". Si esto vale para el pueblo español, por qué no ha de valer en justicia también para el pueblo americano, para "nosotros", pregunta el obispo criollo17.

Aquí vemos cómo aflora el argumento filosófico de fondo: el de la soberanía del pueblo. Este argumento no parecería muy concorde con los de la rigurosa formación tomista (de tinte más bien regalista, por cierto) que había recibido el Dr. Lasso con los dominicos de Santafé. Y sin embargo tiene sus raíces en la filosofía española del S. XVI con Suárez el jesuita y Vitoria el dominico a la cabeza. Estas doctrinas no le serían del todo desconocidas, al menos por el lado del dominicano Vitoria18. En todo caso, eran las que circulaban en aquellos ambientes libertarios americanos que buscaban una justificación en la tradición filosófica y teológica de la Iglesia, como lo han demostrado las investigaciones del P. Leturia19.

Y estas ideas eran los antecedentes (hoy tal vez olvidados) en que se fundamentaba la ideología de los libertadores - por lo demás marcadamente liberal. Ellos conocen bien sus filósofos franceses; pero conocen también el enorme influjo del pensamiento de la Iglesia sobre los pueblos americanos20 . Por eso ellos, y en primer lugar Simón Bolívar, recurren a los clérigos para que argumenten con bases filosóficas y teológicas21 a favor de su causa. No sabemos hasta qué punto fueran todos estos próceres sinceros en su profesión de afecto a la religión católica; hay razones para creer que a veces se sirvieron de los clérigos y de sus ideas para servir a sus propios intereses, por más legítimos que fueran. Pero en el caso de Rafael Lasso de la Vega y su relación con Bolívar, tenemos un ejemplo de rectitud y transparencia. Sin negar el enorme atractivo idealista que ejercía la figura del gran criollo Bolívar22 atractivo que se puede comprobar también sobre el Obispo criollo, podemos concluir que aquí se encontraron dos personalidades cabales e íntegras, y confluyeron dos pensamientos, en todo coherentes con sus respectivos principios, de modo que a través de Lasso la genialidad de Bolívar recuperó mucho de sus antiguas raíces en aquel sustrato de cristianismo que por obra de la Iglesia Católica se había hecho alma de la cultura criolla.

3.2. Causas del éxito en la actuación de Lasso

Con esto se insinúa ya la pauta principal para entender por qué tuvo tanto éxito la actuación del Obispo Lasso por la causa americana. Tuvo un éxito que no fue concedido a otras gestiones. Apoyándonos en los estudios del Padre Leturia podemos inferir que este extraordinario resultado se debe a la confluencia de varios factores, resumidos aquí en los cinco siguientes:

- Era un genuino criollo de profunda raigambre cultural,

- representante cualificado de la Jerarquía eclesiástica,

- convertido sinceramente a la causa independentista,

- colaborador estrecho del Libertador Simón Bolívar,

- que, en grave situación confusa, trató directamente con el Sumo Pontífice.

Queda bosquejada arriba la gravísima situación confusa que existía. Añadamos una palabra sobre lo excepcional del trato directo de Lasso con el Pontífice, antes de ponderar los otros factores. Bajo el patronato, las relaciones que con Roma podía tener la Iglesia de la América española pasaban todas normalmente por la corte de Madrid, donde residía el Nuncio Apostólico; las leyes de Indias impedían la correspondencia epistolar ordinaria del Nuncio con las regiones americanas. Pero desde que comenzaron en estas regiones los movimientos de independencia, la nunciatura de Madrid informaba al Papa sólo con información de fuentes realistas y legitimistas, las únicas que – por lo demás - podía tener. Por eso, desde muy pronto los conductores del proceso liberador hicieron intentos, aunque vanos, de conseguir un contacto inmediato con Roma. En 1821 comenzaron a filtrarse allá en Roma, aun sin títulos oficiales, agentes criollos de Argentina, México y Chile. Pero para los extensos territorios que hoy llamamos bolivarianos no existía canal alguno de contacto, y casi no quedaban ya obispos en estos territorios. El mismo Lasso describe esta triste situación en su primera carta de 1821 a Pío VII, concluyendo: "en realidad diré: estoy solo"23. De allí la enorme importancia de esta comunicación directa, que en seguida hace reaccionar a Pío VII, en su famosa respuesta de 7 de septiembre de 1822 al mismo Lasso de la Vega, anticipo de la Encíclica de León XII (1824). El Sumo Pontífice expresa así por primera vez, y sin intermedio de poder político alguno, la posición neutral, netamente pastoral, de la Santa Sede en la contienda americana24, que tanto habría de favorecer a la consolidación las nuevas nacionalidades.

Quien así trataba con el Papa tenía la mayor cualificación como representante de la Jerarquía en América, no ciertamente por haber quedado casi solo entre los obispos: en verdad, era un Prelado de las más altas ejecutorias intelectuales, sociales, pastorales y administrativas; siendo un patriota convencido, no lo era en forma improvisada ni exaltada ni oportunista; tenía la saludable experiencia de haber resistido en un principio a la emancipación; tenía el conocimiento más directo de los diversos partidos, arraigos y etapas de la misma.

Por lo demás, la colaboración del Obispo con las cabezas del movimiento libertario nada tenía de adulo, servilismo o incondicional entrega. Lo demuestra ampliamente la permanente posición firme de Lasso respecto de la libertad y derechos de la Iglesia, tanto bajo el régimen español cuanto bajo el republicano. Una prueba contundente de esto la tenemos en el episodio de su juramento de ley en Bogotá, antes de tomar posesión de la sede de Quito, cuando se resistió a seguir instrucciones del gobierno de la república, que pretendía alterar la fórmula de obediencia eclesiástica. Posteriormente Lasso hizo una defensa de su actitud, mostrando que no se oponía con esto a los legítimos derechos de la autoridad civil, entendiéndola ahora como la 'República de Colombia' en vez de la de 'el Rey Católico'.25

Fácil es comprender que así sólo podía actuar una persona plenamente identificada a la vez con su ser de cristiano y de americano; es decir: un auténtico criollo, culturalmente hablando, que vivía las ansias de libertad de su pueblo dentro de aquella fe religiosa y de aquella civilidad que no eran algo simplemente transplantado de España, sino el brote genuino de toda una historia propia, en la que juega un papel preponderante la Iglesia Católica, con todas las sombras y falencias que se quiera, pero también con su papel educador, con sus enseñanzas humanísticas y con su constante evangelización, que estuvo siempre abierta en la práctica (mucho más que en la teoría) a la percepción, a la sensibilidad y al modo de actuar de nuestro ser mestizo.

Otro tema – y muy debatido –sería definir si la lucha por la independencia americana fue una gesta realmente liberadora, en el sentido en que entendemos ahora la liberación integral, y si por consiguiente se justifica en toda la línea el título de Libertador que dieron al adalid Bolívar las nuevas repúblicas y también el Obispo Lasso de la Vega, con su voz y con el servicio de toda una vida. Pero en ningún caso nos parece dudoso que en esa gesta de Bolívar y en esa obra de Lasso de la Vega se haya cumplido mucho de aquellos anhelos que la Iglesia actual reconoce en las culturas de tantos pueblos, y en particular de los latinoamericanos: "La conciencia de la libertad y de la dignidad del hombre –dice hoy el Vaticano-, junto con la afirmación de los derechos inalienables de la persona y de los pueblos, es una de las principales características de nuestro tiempo. … Es sobre todo en el siglo de las Luces y con la Revolución francesa cuando resuena con toda su fuerza la llamada a la libertad. … La Iglesia de Cristo hace suyas estas aspiraciones ejerciendo su discernimiento a la luz del Evangelio que es, por su misma naturaleza, mensaje de libertad y de liberación"26.

Por eso creemos nosotros que es aquí, en la entraña auténtica de lo que hoy llamamos 'cultura cristiana', donde reside el secreto de la obra constructora de patria y nacionalidad que nos legó el Obispo santiagueño Don Rafael Lasso de la Vega.

Bibliografía

La bibliografía a la que hemos tenido acceso, concerniente en forma directa al personaje, arroja bastante luz sobre las etapas de su actuación pública, pero no tanto sobre su infancia y juventud en Panamá. Por eso hemos buscado una documentación complementaria, con apreciaciones sobre el ambiente de Panamá y Veraguas en la época que nos ocupa27.

El testimonio más inmediato sobre Don Rafael Lasso de la Vega es el del Dr. Ricardo La Bastida Briceño, discípulo del mismo Lasso en el Seminario de Mérida28.- Similar antigüedad e inmediatez parecen tener las dos fuentes que, sin referencias a La Bastida, utiliza el Pbro. Enrique María Castro29.- Importante especialmente para el obispado quiteño de Lasso es el estudio publicado en el centenario de su muerte por el Canónigo de Quito Juan de Dios Navas30.- Estudios posteriores consultados son, en su orden cronológico, el del historiador panameño Ernesto Castillero31, el del dominico colombiano Alberto Ariza32 y el del venezolano Fernando Campo del Pozo en su introducción y edición crítica de los sínodos celebrados por Lasso33.- Acerca de todas las actuaciones del Obispo Lasso en relación con el campo político, acogemos aquí la más documentada fuente con los juicios más acertados, a la que todos los posteriores se refieren: las diversas investigaciones del español Padre Pedro de Leturia SJ34.


Notas

arriba

vuelve 1. Julio Tobar Donoso: La Iglesia, modeladora de la nacionalidad. La Prensa Católica. Quito, 1953.

vuelve 2. Labastida, p. 333.

vuelve 3. Para estos datos y apreciaciones, cfr. Figueroa, pp. 101-129.

vuelve 4. Figueroa (pág. 104) señala las principales familias con sus actividades económicas y políticas, entre las que no se encuentran los Lasso de la Vega, pero sí los Fábrega, del Bal, García, Sosa, Calviño, López, Dutari.- De esta última familia es el prócer José María Dutari, tatarabuelo del autor de este trabajo, citado varias veces en esa obra, quien como hacendado y diezmero se radicó el año de 1848 en la población de Soná, extensión rural de Santiago, y fue Senador por Veraguas en Santafé de Bogotá. Cfr. también Arosemena, pág. 11.

vuelve 5. Cfr. Figueroa, pág. 108.

vuelve 6. Siendo los Lasso de la Vega andaluces, se mezclan con los criollos de origen vario en la Península, pues entre los que encontramos por entonces en Santiago había vascos como los Arosemena y los Dutari, catalanes como los Fábrega, gallegos como los Calviño, muchos castellanos y hasta italianos (como probablemente los Lombardo; luego llegaría Don Giovanni Pardini, que casó en Son´a con Doña Felicia Dutari Arosemena, y con él llegarían los Martinelli y los Della Togna) y franceses (como los Barrera, que fueron Labarrière). Cfr. Figueroa, passim.

vuelve 7. Cfr. Castillero, pág. 8.

vuelve 8. Labastida, pág. 333.

vuelve 9. El mismo Bolívar, al escribirle entonces desde Quito para felicitarlo por su promoción a esa sede, ponía su esperanza en la generosidad del Pastor para con los pobres. Cfr. Navas, p, 198.

vuelve 10. Ariza, p. 526.

vuelve 11. Fernando Campo del Pozo: Sínodos de Mérida y Maracaibo de 1817,1819 y 1922. Madrid 1988, p. 79.

vuelve 12. Cfr. Leturia, pp. 115-116.

vuelve 13. Ibid. 169-173.

vuelve 14. Leturai, p. 131.

vuelve 15. Cfr. C. Alberto Roca: La Santa Sede, Bolívar y Fernando VII. Conferencia en la Sociedad Boivariana del Uruguay. Buenos Aires 1988, p.52.

vuelve 16. Lasso escribe al Ministro de lo Interior de Colombia el 18 de agosto de 1829: "Me he resignado ya a la obediente admisión del Obispado de Quito confiando con la gracia de Dios su desempeño". Navas, p. 203.

vuelve 17. Labastida, p. 339-340.

vuelve 18. Que el espíritu de Lasso no fuera de un dogmatismo filosófico oscurantista, sino estaba abierto a nuevas ideas para abrazarlas en el momento oportuno, me parece desprenderse también de la mentalidad que manifiesta su discípulo Labastida, por ejemplo al relatar un pretendido milagro de Don Rafael: cuando se construía la catedral de Mérida, hizo éste que, ante el asombro de todos, encajara una viga, que a juicio de los constructores era demasiado pequeña. Labastida atribuye el hecho a que Lasso sabía más de arquitectura que los constructores, pues no cree que Dios violente las fuerzas de la naturaleza, ni siquiera cuando se trata de auténticos milagros (pág. 336).

vuelve 19. Leturia, capítulos séptimo, octavo y noveno.

vuelve 20. Cfr. Leturia, p.150, con el testimonio del mismo Santander: "Le tienen más miedo al Vaticano que yo a Morillo"; y con las palabras del Doctor Roscio, prócer venezolano: "unas preces para el Papa que deben facilitar mucho el allanamiento del camino de nuestra relaciones con el ídolo de la mayoría de nuestros pueblos".

vuelve 21. Cfr. Ibidem, sobre el Provisor de la diócesis de Bogotá. Y también la carta de Bello, encontrada tardíamente por Leturia.

vuelve 22. Cfr, Ramón Díaz Sánchez: Bolívar el Caraqueño. Caracas 1997, 251 pp.

vuelve 23. Cfr, Leturia, p. 174-175.

vuelve 24. "Nos ciertamente estamos muy lejos de inmiscuirnos en los negocios que tocan a la política de Estado; pero, cuidadosos únicamente de la religión, de la Iglesia de Dios que presidimos, y de la salud de las almas relacionadas con nuestro ministerio, … deseamos también ardientemente proveer a las necesidades de los fieles de esas regiones americanas y, por tanto, queremos conocerlas con exactitud". Leturia, p. 116.

vuelve 25. Cfr. Navas, p. 201-204.

vuelve 26. Congregación para la Doctrina de la Fe.: Instrucción sobre libertad cristiana y liberación. Ciudad del vaticano 1986. Ns. 1 y 6.

vuelve 27. Sobre todo: Alfredo Figueroa Navarro, Dominio y Sociedad en el Panamá Colombiano (1821-1903). (Escrutinio sociológico). Panamá 1983, Editorial Universitaria.- Para conocer el ambiente de Veraguas en el Siglo XIX es ilustrativo Manuel H[iginio] Arosemena: Apuntes de datos de la Historia de Soná desde mayo de 1828 a 1897. Reimpreso en 1927. Editorial "La Moderna", Panamá.

vuelve 28. Ricardo Labastida: Biografías de los siete Obispos que han regido la Iglesia merideña desde 1777, en que fue expedida la Real Cédula de erección hasta 1873. Comentario por el Dr. Héctor García Chuecos. Notas críticas por el Excmo. Mons. José Humberto Quintero en: Boletín de la Academia Nacional de la Historia, Caracas, N. 163 (julio-septiembre de 1958), pp. 314-315. 331-343. El manuscrito del Dr. La Bastida pasó al historiador merideño Tulio Febres Cordero, cuyo hijo lo obsequió al por entonces Arzobispo Coadjutor de Mérida, Mons. Dr. José Humberto Quintero. Este puso notas al texto y lo cedió para la publicación a la Academia Nacional de Historia de Venezuela en 1958.

vuelve 29. Enrique María Castro: Historia de los Obispos de Mérida de Maracaibo, Valencia (Venezuela), 1881, pp. 36-45. Se apoya en los dictados del Padre Agustín Palacio, utilizados junto a un artículo del señor Talavera (en el número 123 de su Crónica Eclesiástica, de 15 de julio de 1857).

vuelve 30. Juan de Dios Navas E., Pbro: Después de un siglo. El Ilmo. Y Rdmo. Sr. Dr. Dn. Rafael Lasso de la Vega, Obispo de Mérida y de Quito. 1764-1831.- En: Boletín de la Academia Nacional de Historia [del Ecuador], volumen XII, No. 33-35- Quito 1931, pp. 185-221.

vuelve 31. Ernesto J. Castillero: Dr. Rafael Lasso de la Vega. Prelado, Legislador y Prócer (1764-1831), Maracaibo 1952.

vuelve 32. Alberto E. Ariza, O.P., El Illmo. Sr. D. Rafael Lasso de la Vega, Boletín de Historia y Antigüedades de la Academia Colombiana de Historia, Vol. LI, Bogotá 1964.

vuelve 33. Hilarión José Rafael Lasso de la Vega, Sínodos de Mérida y Maracaibo de 1817, 1819 y 1822: Introducción y edición crítica por Fernando Campo del Pozo, Colección "tierra nueva y cielo nuevo", N.XXVI, Serie "Sínodos americanos", N.7, Centro de Estudios Históricos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid 1988, pp. 77-81.- El estudio presenta una abundante bibliografía actualizada. En ella constan siete carpetas del Archivo Arquidiocesano de Quito con las "actuaciones y visitas del obispo Rafael Lasso de la Vega (1829-1831)".

vuelve 34. Aquí hemos utilizado: Pedro de Leturia, S.J., Relaciones entre la Santa Sede e Hispanoamérica. 1493-1835, Analecta Gregoriana, Vol. 102 / Publicaciones de la Sociedad Bolivariana de Venezuela. Roma-Caracas 1959, Vol. II: Epoca de Bolívar. 1800-1835, pp. 95-323.


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