Víctor Hugo Acuña Ortega

Comunidad política e identidad política en Costa Rica en el siglo XIX*

 

Escuela de Historia-CIHAC/Universidad de Costa Rica

vhacuna@cariari.ucr.ac.cr


Los estudios sobre la formación de las naciones en América Central realizados en la última década han insistido en el hecho de que los procesos de construcción nacional se iniciaron solo después de la llegada de los liberales al poder a partir de 1870 y que las comunidades políticas existentes después de 1821 no pueden considerarse como naciones. Dicha perspectiva también ha sido adoptada en los trabajos sobre la formación de la nación en Costa Rica.1

La óptica indicada ha dejado, no obstante, sin respuesta dos preguntas: que era la comunidad política existente antes de los liberales y que tipo de identidades políticas existieron en el periodo previo a la invención nacional. Aquí, vamos a ver como concebían las élites de Costa Rica su comunidad política y que tipo de rasgos atribuían a la población integrada dentro de esa comunidad política. Las ideas principales que vamos intentar ilustrar son las siguientes:

1.- Desde el momento de la Independencia en 1821 hay una voluntad en las élites costarricenses de afirmar una soberanía, una pretensión autonómica sobre su provincia, frente al dominio de los otros poderes más cercanos, Nicaragua y Guatemala. En este sentido, a partir de 1821 empieza a construirse en Costa Rica una comunidad diferenciada.

2.- Para legitimar esa aspiración autonómica se reclama el derecho de posesión, uti possedetis, la autoridad heredada una vez disuelto el pacto colonial, y la existencia de la provincia como una entidad de origen colonial. También se invoca el principio pactista según el cual disuelto el vínculo con la corona española, la soberanía ha vuelto a "los pueblos", representados por sus ayuntamientos.

3.- Esa comunidad política para constituirse debe obtener el reconocimiento a nivel interno, es decir, hacer valer su superioridad frente a los poderes e intereses locales, e imponer su existencia real y efectiva frente a sus vecinos. Esto último en el caso de Costa Rica implica: primero, separarse civil y eclesiásticamente de Nicaragua; segundo, sostener su posesión sobre el Partido de Nicoya, anexado en 1824 y, tercero, permanecer al margen de las guerras civiles en el país vecino y en los otros estados centroamericanos.

4.- La comunidad política llamada Costa Rica, que de Provincia se convierte en Estado, existe, de hecho y de derecho, desde la propia Independencia. No obstante, estima que no es viable como nación, y de este modo en la perspectiva pactista, debe ceder de nuevo su soberanía a una entidad mayor. Esto significa que existe frente a sus vecinos en el espacio regional, pero no puede existir a nivel internacional, porque a esa escala no es viable, es pequeña y pobre, y debe estar subsumida con otros en, lo que se denomina, un "centro común".

5.- A partir de la proclamación de la República de Costa Rica en 1848, se inicia el proceso de afirmación de Costa Rica como comunidad viable, capaz de adquirir los atributos de nación, es decir, como una entidad política inserta en la comunidad internacional de estados. No obstante, la expectativa de reconstruir la unión centroamericana no desaparece y persiste hasta inicios del siglo XX. De todos modos, después de 1850 las élites costarricenses piensan que su país ya es viable.

6.- Nicaragua y los otros países del istmo fungirán como espejo en la construcción de la identidad de Costa Rica que en este periodo es esencialmente política y secundariamente social o cultural. La forja de esa identidad se produce casi de manera espontánea, por la mera comparación con el contexto cercano, pero también se elabora de manera interesada con fines de reivindicación de la soberanía del Estado de Costa Rica.

7.- Las señas de identidad de Costa Rica empiezan a surgir a partir del propio momento de la Independencia. Esta comunidad es ejemplar por su vocación de paz, por su capacidad de constituirse mediante un "pacto" y por su respeto al orden y a las leyes y por su neutralidad frente a los conflictos de sus vecinos. En esta comunidad todos son propietarios y todos están emparentados entre sí y es homogénea en términos raciales.

8.- Después de 1835, la comunidad política costarricense vivió distintos momentos de conflicto político y militar. Sin embargo, tales conflictos no afectaron su imagen pacífica. De este modo, esos enfrentamientos fueron vistos como incidentes pasajeros, en una sociedad esencialmente estable y ordenada. El pueblo costarricense es un pueblo práctico que no se deja embelezar por ideas utópicas y aunque después de 1835 hubo conflictos políticos recurrentes, el pueblo no se involucró en ellos.

9.- Se podría decir que en el primer siglo de vida independiente se crearon una serie de atributos que aún perduran en el imaginario de la nación costarricense. De este modo, los liberales de la segunda mitad del siglo esencialmente lo que hicieron fue propagandizar entre las masas una ideología construida previamente en el seno de las élites durante la primera mitad del siglo XIX.

Del Pacto de Concordia a la Proclamación de la República (1821-1848

Por su parte, José Román en Cosmapa no trasciende la mirada exotista del extranjero sobre una nación de campesinos que nunca va a progresar:

Desde el momento en que llega la noticia de la independencia a Costa Rica en octubre de 1821, el ayuntamiento de San José señala la necesidad de la provincia de autogobernarse, aunque acepta que esta no es viable para constituirse como un ente politico independiente, mientras se vincula a lo que se denomina un "centro común".2 El ayuntamiento de Cartago, por su parte opina de manera similar y propone la creación de una junta gubernativa.3 En esta voluntad de autogobierno esta presente el deseo de no estar sometidos a la autoridad de Nicaragua, ni en términos civiles ni eclesiásticos. En el documento "Bases para la unión al Imperio Mexicano" del 2 de setiembre de 1822 se manifesta expresamente que Costa Rica no dependerá de León y que tendrá su propio obispo.4

La creación de la Primera Junta Gubernativa y la promulgación del llamado Pacto de Concordia en diciembre de 1821, van a ser la materia inicial utilizada con el fin de elaborar motivos identitarios. Veamos la proclama de la Primera Junta Superior Gubernativa, al término de su mandato el 9 de noviembre de 1822:

"Cumplióse ya felizmente un año que rompiendo sin estrépito ni efusión de sangre las gruesas y pesadas cadenas del gobierno español, sacudisteis su yugo tiránico y os refrigeró dulcemente por primera vez el aura vivificante de la libertad. En el momento que os reconocisteis en su pleno goce, aborreciendo las exaltaciones y negros sentimientos de muchos pueblos del septentrión, sólo os movió la mira religiosa de perpetuar la paz que os es como innata y adherente. El pacto de concordia que formasteis fue el primer paso, despues de haber roto la carta de vuestra esclavitud. Paso el más sabio y digno de la admiración general de vuestros hermanos limítrofes, que aplaudiendo vuestra conducta han deseado justamente el haberle dado para no verse envueltos en las atroces oscilaciones y tristes resultados de la rebelión. Costa Rica, sí, la desconocida provincia de Costa Rica ha asustado al mundo con el majestuoso avance de no reconocer autoridades sospechosas y ya ilegítimas desde el momento de su libertad."5

En este mismo momento en que aparece el tema del caracter excepcional y ejemplar de Costa Rica, se articula el otro elemento identitario que es su complemento, el mal ejemplo de los vecinos y de otros países de América:

"Pues amados compatriotas, compañeros y conciudadanos, seguid uniformes en vuestro sentir. Alejad de vuestras almas grandes y generosas las pasiones exaltadas y viles intereses. Vuestra ventura depende únicamente de vosotros mismos, si permaneciendo unidos en vuestra opinión contempláis tranquilos desde vuestro hogar el desastroso cuadro de anarquía que desgraciadamente se asoma en muchas provincias de este continente; ni vuestra sangre, ni vuestro reposo, ni vuestros intereses deban ser pasto de la intriga, del capricho, ni de la opinión, ni víctima desgraciada de una injusta reflexión! Estad atentos a las crueles vicisitudes de otros países, para que perfeccioneis aquella sabiduría política que ahora os ha dado justamente honor."6

Una argumentación similar elabora José Santos Lombardo, líder cartaginés y ferviente partidario de la anexión a México, en diciembre de 1822, cuando hace un balance de lo actuado políticamente por la provincia de Costa Rica desde octubre de 1821. En su opinión, Costa Rica ha tenido una conducta singular en todo el Imperio Mexicano la cual ha sido objeto de general encomio:

"Tomó [Costa Rica] el partido más prudente y juicioso que acaso otras provincias han envidiado, cual fue el de reunirse toda por medio de sus representantes autorizados solemnemente por sus respectivos pueblos, para que así, discutiesen entre sí lo que mejor la conviniese. Con efecto, desempeñaron los legados esta confianza en tales términos, que mereció la aura popular su proyecto; estableciendo un pacto social, por el que la provincia gobernándose por sí misma, ha disfrutado de la paz y tranquilidad más constante, mientras que otras muchas del reino, han padecido lastimosas convulsiones."7

Las virtudes que desde la misma Independencia empieza a mostrar el pueblo costarricense, son asociadas en estos mismos años con otro rasgo que tendrá larga vida en la imagen de esta comunidad política: "la prudente neutralidad" de Costa Rica frente a los conflictos de sus vecinos.8 La neutralidad ha sido favorecida por una circunstancia de la geografía, su aislamiento. En su proclama de 26 de junio de 1824, la Junta Superior Gubernativa de Costa Rica retoma estos temas y explícitamente hace la comparación con Nicaragua. Desde esta época se elabora la oposición Costa Rica igual concordia, Nicaragua igual discordia:

"Volved hacia el de Nicaragua y observaréis la ruina por la división, en términos que sus individuos, emigrando hacia acá, le desamparan. [?] Sería la cosa más lastimosa que un estado cuya suerte es envidiada por su unión y que cortó brevemente la primera división que nación en su seno, se arruinase ahora por diferencias particulares, o que por la desidia y apatía no se uniformasen sus hijos a asegurar su futura suerte."9

En suma, se puede afirmar que en la coyuntura de la Independencia, en los años 1821-1823 emergen algunos de los elementos básicos de la ideología del caracter excepcional y ejemplar de Costa Rica en relación con su entorno centroamericano y latinoamericano, elementos que serán luego utilizados por los liberales en su proceso de construcción cultural de la nación costarricense.

La visión de Costa Rica como pueblo que causa "envidia a los demás Estados de la República, y aún a las otras Repúblicas Americanas" en donde "su tranquilidad ha sido inalterable y admirada aún de las Naciones Extranjeras"10 fue reforzada durante los años 1823-1835, cuando el país prácticamente no conoció alteraciones políticas significativas, en un momento en que los conflictos en los otros estados de la Federación eran endémicos. Esta circunstancia, "objeto de la emulación de los que nos miran de largo", fue valorada tanto por los propios costarricenses, como se puede ver en los mensajes del Jefe de Estado Juan Mora Fernández, como por observadores externos como, por ejemplo, Manuel Montúfar y Coronado y Manuel José Arce.

Comentando las elecciones legislativas del Estado de 1833, en el Noticioso Universal, se decía lo siguiente:

"Los pueblos esperan del juicio, rectitud y patriotismo de sus Representantes una elección digna de las virtudes costarricenses, una elección que produzca la felicidad del país, y que satisfaciendo los deseos de los amantes de la prosperidad general sea el complemento de las glorias de Costa Rica y el ejemplo inalterable que ha ofrecido siempre a los Estados de la República y aún a los del continente americano"11

Otro artículo del mismo periódico de marzo de 1833, abunda en las mismas ideas:

"La tranquilidad pública de que constantemente ha gozado el Estado de Costa-rica ha sido la principal base sobre que el Gobierno ha procurado cimentar la prosperidad general, y los buenos efectos de este sistema se tocan de bulto, pues mientras los demás Estados con mayor población y mejores elementos por el adelantamiento en que se hallaba su comercio y su industria, han retrogradado conciderablemente desolandose la mayor parte de sus poblaciones, arruinandose los capitalistas, corrompiendose y descarriandose las demás clases por el desorden, persecución, inseguridad, ansiedad que han causado los repetidos trastornos y oscilaciones políticas que han sufrido aquellos Pueblos, el de Costa Rica que yacía antes en la miseria, inercia y obscuridad, marchando tranquilo y circunspecto por la senda legal, se ha hecho célebre en la Historia de la revolución, porque dando asilo y garantías a los desgraciados que han huido de la persecución de aquellos puntos, y a los empresarios para calcular sus especulaciones sobre este país, y en fin libertad y seguridad a todos para dedicarse a cualesquiera especie de industria o trabajo que quieran emprender sin que el Gobierno los perturbe con conscripciones para farsas militares y quijotescas, ni les arrebate el fruto de su industria para sostener fantasmas políticos, se ha animado la industria y agricultura multiplicándose sus productos y valores, se ha despertado el comercio extendiéndose sus relaciones y capitales y se ha aumentado considerablemente su población y conocimientos, de modo que por estos medios se halla todo el Estado en prosperidad progresiva. Esperamos pues que convencidos de esta verdad ni los hijos del Estado sean deslumbrados por mezquinos o quiméricos intereses para alterar nuestra tranquilidad, ni los huéspedes que abrigamos defrauden nuestra confianza para privarnos de los grandes bienes que aquella nos ha reportado y que disfrutan a la vez con nosotros."12

Comentando, el traspaso de poderes entre el jefe de Estado entrante y el saliente en 1833, el citado periódico compara la dicha de Costa Rica con la desdicha de los otros centroamericanos:

"Se arrebata nuestro espíritu cuando consideramos que pudiendo los Pueblos de Centro América disfrutar de iguales o mayores ventajas, por desgracia al tiempo que Costa-rica llena su suelo de triunfos, mira con dolor que sus hermanos centro americanos se despedazan y retrogradan a marcha doble del goce de sus libertades."13

La idea de neutralidad y de mantenerse a distancia de los conflictos políticos del istmo, aparece formulada siempre en el mismo impreso:

"1o Que nuestra posición en la República es la más favorable en las crisis políticas del interior por hallarnos en un extremo el más apartadodel centro de operaciones y oscilaciones políticas de la República, o como a la retaguardia de cualquiera innovación: 2o Que la experiencia nos ha enseñado ya suficientemente en las crisis anteriores las ventajas de esta posición para no comprometer los derechos e intereses del Estado por proyectos quiméricos, acomodándonos a nuestras circunstancias sin apartarnos por actos violentos de las sendas legales. 3o Que habiéndonos conservado hasta ahora pacíficos, libres y en prosperidad bajo estas máximas, no debemos no perderlas de vistas sino confirmarnos en ellas observando con madurez y detenimiento el impulso general de la Nación para ponernos a la par cuando la razón lo requiera, porque si la opinión de la mayoría entre los Estados no adoptase firmemente un principio, fuera una locura que este Estado se avanzase a sostenerlo y si por el contrario la mayoría se decidiese por alguno fuera temeraria una resistencia: debemos pues ser pacíficos, prudentes y circunspectos en materia de reformas."14

La percepción de una evolución tranquila de Costa Rica desde tiempos de la Independencia se traduce en una visión de continuidad histórica que luego será recurrente en la manera en que el país se percibe a sí mismo. Un texto del Noticioso Universal es muy ilustrativo al respecto:

"Catorce años ha que independimos [sic] del bárbaro Gobierno Español: doce contamos de libertad nacional, y diez de habernos dado una Constitución análoga a nuestra posición y recursos. Quizá ningún otro Pueblo de América describiría sus épocas con la satisfacción que lo hace Costa-rica, pues nada ha entorpecido su marcha regular desde que la emprendió por sus propias fuerzas y contando únicamente con el patriotismo inherente a sus virtuosos hijos y con los elementos que naturaleza le prodiga con abundancia."15

En 1834, al final de esta fase de excepcional paz en la historia política de Costa Rica en el siglo XIX, encontramos en el semanario La Tertulia otra de las ideas que ha tenido larga vida en el imaginario costarricense según la cual: "El Pueblo Costarricense es compuesto en su totalidad de propietarios en pequeño o en grande." Es conveniente agregar que esta idea es formulada en un artículo en que se propone la abolición del ejército y el uso del dinero liberado para invertirlo en educación, propuesta que provocó un largo debate en el semanario.16

En este mismo periodo en que se inventó el carácter pacífico del pueblo costarricense, también se elaboró una explicación para interpretar los conflictos que inevitablemente aparecían; por ejemplo, la corta guerra civil de 1823, entre Cartago y las otras ciudades del Valle Central encabezadas por San José. En este conflicto se pide la negociación, como lo hace el Ayuntamiento de Cartago el 4 de abril de 1823, justo antes de la batalla de Ochomogo, en nombre de las "estrechas e íntimas relaciones de parentescos, amistades y comunicaciones" que existen entre los habitantes de Cartago y de las otras ciudades del Valle Central.17 Este espíritu de negociación será base para afirmar que los conflictos entre los costarricenses nunca son disolventes porque rápidamente la comunidad perdona, olvida y se reúne. Hay que reconocer que Costa Rica en el siglo XIX no tuvo guerras civiles prolongadas, ni largos periodos de inestabilidad política.

En 1835, en vísperas de la Guerra de la Liga, en la cual las ciudades de Cartago, Heredia y Alajuela, se levantaron contra el gobierno asentado en San José, por la cuestión de la capitalidad, Carrillo apelaba "al caracter pacífico de los hijos de Costa Rica" y a "los ejemplos funestos de los otros estados que forman la Federación Centroamericana" para evitar el desencadenamiento del conflicto.18 La negociación se usa cuando el conflicto se ha desencadenado y el supuesto carácter pacífico de los costarricenses, se invoca como recurso para evitar los conflictos. En la circular que dirige a las municipalidades de las ciudades levantadas contra su gobierno, el 28 de setiembre de 1835, Carrilo manifiesta:

"Tiene el Gobierno a su disposición armas y soldados con que hacerse obedecer, mas desea que la ley triunfe sin sangre y que aún en sus revoluciones políticas, Costa Rica sea el ejemplo de la moderación y de la virtud."19

Tras la Guerra de la Liga de setiembre-octubre de 1835, la imagen de la Costa Rica pacífica, salió maltrecha. Carrillo en enero de 1836 llamaba a reconstituir ese espíritu de paz y a luchar contra el localismo:

"?afortunadamente pasó la borrasca en que corristeis tan mortal peligro; pero no estaréis libres si el espíritu de localismo sigue dividiendo. Es preciso que entendáis que a los ojos del gobierno no hay diferencia de Pueblos, que todos forman una sola familia ligada estrechamente por la sangre, las relaciones y la Ley..."20

Carrillo en su mensaje a la Asamblea del 1 de marzo de 1836, hace un balance de la evolución de Costa Rica después de la Independencia, donde retoma las imágenes de identidad ya mostradas y lamenta que la marcha de Costa Rica haya sido alterada en 1835:

"Envidiable era Costa Rica y con justicia había merecido ya el renombre de pueblo juicioso, por la serenidad de su marcha política en los tiempos más borrascosos de la República, por la religiosa observancia de sus leyes y por el respeto a las autoridades hasta el 26 de setiembre anterior, en que la malignidad de algunos hombres precipitó a ese mismo pueblo en un torrente de desgracias."21

A pesar de los conflictos políticos vividos por Costa Rica en 1835-36, en 1838, justo antes del golpe de estado de Carrillo, Francisco María Oreamuno, Secretario General del Gobierno de Costa Rica, en un documento dirigido al Congreso Federal en que propone la reconstrucción de la Federación, retoma y resume los temas identitarios de Costa Rica, forjados después de la Independencia,

"Costa Rica es el Estado que ha marchado con más regularidad y donde la tea de la discordia ha producido menos incendios; pero obsérvese que por su aislamiento de los demás Estados ha podido librarse del contagio de las perniciosas influencias del desorden general y del maligno influjo de los perversos, conservando de este modo la sencillez de sus costumbres: que por la homogeneidad de sus habitantes ha gozado de la paz que da la armonía de hombres que viven bajo las mismas leyes: que en Costa Rica las clases más infelices cuentan con una propiedad que los hace relativamente ricos sin ambicionar los bienes ajenos; que el amor natural a la propiedad en sus habitantes los ha hecho industriosos y laboriosos, y, en fin, que sobre estas felices condiciones no ha pesado sobre ellos una administración dispendiosa, sino que han sido antes bien favorecidos por leyes sencillas que han consultado su estado actual de civilización y fortuna. Sin embargo de estas felices cualidades, ¿no ha sentido ya Costa Rica sacudimientos que han hecho conocer que es un pueblo que pertenece a Centro América y que como parte constituyente debe ser plagada de los males que la República padece?"22

La existencia de Costa Rica como comunidad política legítima, se afirma en el propio momento de la Independencia y se reafirma en 1829 cuando se separó temporalmente de la Federación. En 1838, se consolida cuando Carrillo decreta la separación de la Federación. Según el documento respectivo, los pueblos de Costa Rica forman un "cuerpo político", forman un Estado, y no son una dependencia administrativa de Centroamérica; dicho cuerpo político es soberano e independiente. En este sentido, con este decreto hay una afirmación clara de la existencia de Costa Rica como comunidad política, que en su plenitud de derechos está disponible para formar un nuevo "pacto federal", para construir un "centro común", cuando eso sea posible.23

Después de los sucesos políticos de 1842, el derrocamiento de Carrillo y el fusilamiento de Morazán, hay una voluntad de reconstituir la comunidad política de Costa Rica, frente al localismo y las divisiones de facciones, acudiendo al mismo discurso de identidad nacido en la coyuntura de la Independencia. El rescate de este discurso se observa en un artículo publicado en el Mentor Costarricense, en febrero de 1843:

"Son tan notorias las virtudes de nuestros Pueblos que, sin exageración, puede decirse hay muy pocos que se les asemejen en el continente. [?] persuadidos íntimamente los Costarricenses de que donde no hay paz ni sociego en las masas, no hay ni puede haber engrandecimiento y prosperidad, nuestras diferencias domésticas se han concluido las más de las veces por la razón y el convencimiento, y si por desgracia la fuerza ha asomado entre nosotros sus astas destructoras, la moral Costarricense ha puesto barreras inaccesibles al genio del mal para salvar a los asociados de la triste tea de la discordia, sostener la quietud y conservar la armonía y la confianza entre todos."24

A continuación, el articulista enumera los principales conflictos políticos y militares que ha habido después de 1823, para luego afirmar que a diferencia de otros lugares de Hispanoamérica, en donde "los males se han prolongado" en Costa Rica ha prevalecido "el espíritu de conciliación y de paz". Esta actitud de unión y de superación del localismo se ha expresado, continúa el comentarista, en un baile que se hizo en honor de una delegación del Estado de Nicaragua. Interesante observar la utilización del baile para fines de integración política y, en particular, con el deseo de mitigar los resentimientos de Cartago.

Dicha voluntad explícita de integración y de superación del localismo dominó las fiestas cívicas que se organizaron con motivo de la promulgación de la Constitución de 1844 y la fundación de la Universidad de Santo Tomás.25 Al hacer un balance de dichas fiestas, el semanario describe así al pueblo costarricense:

"Aquí se palpa el excelente carácter de nuestro pueblo: pacífico, laborioso y apasionado de la diversión, su constancia y eficacia para gozar, es solamente comparable al tezón y actividad con que trabaja; y lejos de mirar con ceño o envidia los recreos de las clases superiores, él se asimila a ellas, las imita y procura siempre mejorar."26

Es en estas fiestas en donde parece manifestarse por primera vez una voluntad de "ingeniería social" de utilización política, de la sociabilidad, música y danzas, con fines de integración de los habitantes del Estado. No obstante, un mes después de esos festejos, un articulista del semanario reconoce que el espíritu de localismo persiste y para hacerle frente se propone la reducción al mínimo de las fuerzas armadas del Estado y la creación de un gobierno colegiado.27

Hacia fines de la década de 1840, existe ya en Costa Rica una conciencia de su diferencia con respecto de los otros países centroamericanos; se ha elaborado un repertorio de signos de identidad; y el café ha empezado a mostrar que el país es viable. También la autoridad del Estado, del poder central, parece haber subordinado el localismo, aunque este aún persista débilmente. En este contexto, tras diez años de haberse desvinculado formalmente de la Federación, se plantea en 1848 la proclamación de Costa Rica, como República. Esta proclamación es ambigua en la medida en que casi al mismo tiempo se solicita la protección del gobierno británico frente a los Estados Unidos y su aliado, la vecina Nicaragua. En todo caso, la proclamación de la República, expresa la valoración de que Costa Rica ya es viable como nación, de que puede ser reconocida y admitida en la comunidad internacional. Esta definición supone también dejar atrás las esperanzas de reconstruir Centroamérica a corto plazo.28

La República de Costa Rica antes de la llegada de los liberales (1848-1870)

En las décadas de 1850 y 1860, la confianza de Costa Rica en su viabilidad como nación se consolidó. La base económica de esta certeza fue la continua expansión de la producción y exportación de café y su fundamento psicológico fue el triunfo contra William Walker. Esto último, no sin ambivalencias porque la invasión filibustera mostró también la vulnerabilidad del istmo. En efecto, la guerra contra los filibusteros reavivó el deseo de la unión centroamericana, lo que es perceptible en los distintos discursos del presidente Juan Rafael Mora de esos años. Por otro lado, la guerra también permitió retomar a Nicaragua como el ejemplo de lo que produce la discordia y para recordar la importancia de la concordia para Costa Rica.29 En la década de 1850, la autoridad del Estado se consolidó, teniendo por base la institución militar y la élite se unificó alrededor del negocio del café y de la puesta de las funciones estatales al servicio de sus intereses.30

Después de 1850, la imagen internacional de Costa Rica como lugar idílico va a ser difundida por la literatura de viajeros y por el folleto propagandístico de Felipe Molina, en el cual se retoman y se vulgarizan los atributos identitarios forjados después de 1821.31 Hacia fines de la década de 1850, dicha imagen parece haberse ya establecido en sus rasgos básicos. Así, por ejemplo en 1860 el viajero Thomas Francis Meagher denomina a Costa Rica "la Suiza de los Trópicos", apelativo que es conocido ha tenido una gran difusión dentro de las imágenes idílicas del país.32

Los viajeros de la década de 1850 van a insistir en la cuestión de la pureza racial del país. Tal es el caso de Wagner y Scherzer quienes habían encontrado "una población predominantemente blanca de raza española", tras su estadía en el país entre 1853-1854. Para estos viajeros germánicos, el pueblo costarricense era superior a los otros pueblos hispanoamericanos, pero muy inferior a los angloamericanos. Esta obra, publicada en alemán en 1856, es una descripción detallada y sistemática de Costa Rica, muy superior al folleto de Molina. En este sentido, es una de las primeras visiones de conjunto de los mitos identitarios de los costarricenses.33

El estadounidense Squier, quien radicó en Nicaragua, pero nunca visitó Costa Rica, basado en los citados viajeros germánicos, escribía en 1857:

"El pueblo de Costa Rica tiene mayor proporción de pura sangre española, con menos mezcla de negro e indio, que el de los demás países de Centro América, y si ha alcanzado mayor prosperidad, mostrando más actividad y espíritu de empresa en lo material y otros conceptos, es lícito atribuirlo con justicia a la apuntada circunstancia."34

El irlandés Meagher también señaló en 1860 "la pureza de su sangre española, que en el noventa por ciento de los casos no ha sido menoscabada con mezcla de negro o de indio". No obstante, en una óptica menos racista, en su opinión, el secreto de Costa Rica radicaba en que "en sus dos terceras partes la población se compone de terratenientes".35 De todos modos, pareciera que desde mediados del siglo XIX empezó a generalizarse la percepción, por lo menos por parte de los extranjeros, del carácter blanco y europeo de la población costarricense, secreto de sus virtudes.

Debe decirse, no obstante, que la idea de la homogeneidad racial ya había sido señalada en el periodo anterior. Al respecto hay un texto bastante revelador de Montúfar y Coronado de 1832. En la descripción de la población del Reino de Guatemala en tiempos de la Independencia, afirma lo siguiente: "...en Costa Rica se encuentra menos mezcla de castas, formando los blancos la casi totalidad de la población."36

En la década de 1860, la conciencia de su diferencia respecto de los otros países centroamericanos y su voluntad de caminar por su propia vía parecen haber avanzado de una manera casi irreversible, en el seno de las élites. Al respecto hay una carta de 1865 de Julián Volio, Secretario de Relaciones Exteriores, al diplomático Luis Molina que resulta muy sintomática:

"Yo sé perfectamente bien que Costa Rica es un país pequeño, desprovisto de toda clase de recursos, sin elementos para hacerse respetar y que su debilidad la expone a mil peligros, decepciones y a veces a faltas de consideración; pero por otra parte conozco que la unión con los otros Estados de Centro América no la haría cambiar de situación, complicaría sus dificultades y aumentaría su debilidad y su miseria ,sujetándola además a sufrir las consecuencias del necio orgullo de sus vecinos"37

El contexto de esta carta es el conflicto con los otros países centroamericanos porque Costa Rica ha concedido asilo al líder salvadoreño, Gerardo Barrios. En este mismo documento, sin muchos remilgos, Volio se queja de la prepotencia de los gobernantes de Guatemala. Luego de manera enfática agrega:

"Lo mismo que Ud. nací yo centroamericano; pero solo quiero ser costarricense, y nada deseo tanto como que en el exterior se sepa que esta República nada tiene de común con las que en un día formaron la Federación, en buena hora tan ilógica y tan imposible que no volverá a pensarse en ella mientras subsistan las condiciones actuales de aquellos pueblos."

Es interesante observar que la imagen de la Costa Rica estable y pacífica no fue afectada por la circunstancia de que después de 1859, hubo diversos conflictos políticos, el más grave de ellos: el fusilamiento de Juan Rafael Mora en 1860. Parece haber prevalecido la idea de que tales conflictos eran eventos que no llegaban a producir un desgarre profundo en el tejido social y político de Costa Rica. El francés Felix Belly, formulaba esta explicación de manera explícita en 1867, la misma que se había invocado en el periodo anterior:

"Su misma historia atestigua, con dos páginas sangrientas y en extremo lamentables [los fusilamientos de Morazán y de Mora], la violencia de los arrebatos que puede padecer; pero estos no son más que accidentes de su vida regular, sorpresas de su conciencia, cuya responsabilidad, por otra parte, solo incumbe a unas pocas cabezas. Pasada la crisis, la fuerza de las instituciones recobra su imperio..."38

En suma, antes de la llegada de los liberales, Costa Rica es una comunidad política por derecho propio, en su condición de república, ubicada en el concierto internacional de estados, y es también una comunidad con rasgos específicos que la distinguen de sus vecinos. No obstante, aunque su confianza en sí misma se ha fortalecido, persisten sus dudas sobre su viabilidad y mantiene una actitud ambivalente frente a la reconstrucción de la unión centroamericana. No la desea por el momento, pero tampoco la rechaza definitivamente. Los localismos parecen haberse reducido al mínimo y los conflictos tienen más una base económica, son más propiamente de clases, que de naturaleza étnica o de base local o regional. El proceso de centralización política ha avanzado con bastante éxito, conducido por y desde San José y asentado en la autoridad de la institución militar. El café ha brindado la base material en ese proceso de formación del estado.

Conclusiones

La imagen de Costa Rica fue construida después de 1821 y se consolidó en el periodo 1825-1835, en el cual el Estado disfrutó de una paz sin grandes alteraciones. A partir de 1835, con la Guerra de la Liga, hubo periódicos conflictos: el golpe de Estado de 1838, la caída de Carrillo y el fusilamiento de Morazán en 1842, golpes de Estado en 1846, 1849, 1851, 1859, 1868 y 1870. Agréguese a eso el fusilamiento de Juan Rafael Mora en 1860. Mención aparte merece la guerra contra los filibusteros de 1856-57. A pesar de que los conflictos político-militares no estuvieron ausentes y de que la construcción del Estado se asentó en la consolidación de una fuerza armada y que, a partir de 1838, los militares jugaron un papel clave en los procesos políticos, nada de ello disminuyó la imagen pacífica y ejemplar de Costa Rica. Quizás por reflejarse en el espejo de los otros países del istmo. Es posible que haya jugado un papel importante la circunstancia de que en los distintos conflictos la masa de la población no parece haberse involucrado, salvo en el levantamiento contra Morazán. De este modo, los conflictos políticos afectaban esencialmente a las élites y eran movimientos puramente palaciegos. La naturaleza de los conflictos políticos parece haber estado condicionada también por la circunstancia de que las élites de las ciudades del Valle Central reconocían tener vínculos de parentesco y de relación muy estrechos. La relativa continuidad institucional del poder central en formación fungió como un mecanismo de adhesión y de habituamiento de la población al estado llamado República de Costa Rica. En otras palabras, el relativo orden asegurado por el estado le granjeó sentimientos de lealtad por parte de la población. Hay que subrayar que después de 1850 hay en Costa Rica un conjunto institucional que cumple las funciones de centralización del poder político y de canalización de los conflictos sociales. No se puede dejar de insistir sobre la ausencia del caudillismo en la historia de Costa Rica del siglo XIX y la circunstancia de que en este país la política, a diferencia de lo que señala Guerra para el conjunto hispanoamericano, nunca dejó de hacerse en las ciudades, en cierto sentido la política en el siglo XIX nunca fue al campo.

El fenómeno de la colonización agrícola a partir de la llamada Meseta Central hacia otras zonas del llamado Valle Central puede haber contribuido a crear condiciones materiales para la construcción de un sentimiento de identidad común entre las poblaciones rurales. También jugó un papel el hecho que el negocio del café incluyó a diversos grupos sociales. Además, ya desde la década de 1840 hubo en relación con el café conflictos producidos por su comercialización interna y externa. De este modo, los conflictos de clase, los conflictos de base económica, parecen haber adquirido mayor importancia que los conflictos étnicos o las disputas basadas en el localismo. En este sentido, el Estado con su poder coercitivo y el café con su atractivo económico obligaron a las élites a unificarse y a enfocar sus conflictos en el terreno puramente económico. Un buen ejemplo de esto sería la caída y el fusilamiento de Mora. La lucha de clases jugó en este sentido un papel de integración social.

La imagen de Costa Rica se construyó en el espejo de Centro América en los primeros 50 años de vida independiente, simultáneamente con la formación del Estado. De este modo, se puede decir que los liberales, antes que fabricar una visión de la nación, lo que hicieron fue propagandizar entre la masa del pueblo, una serie de representaciónes ya elaboradas en el seno de sus élites antes de 1870. En el periodo liberal, solo se agregará el mito de "más maestros que soldados"; se subrayará la ideología racial del caracter europeo o blanco de su población y, sobre todo, se insistirá en la democracia como rasgo definitorio de la nacionalidad costarricense. También se abandonará definitivamente la ilusión de resuscitar la federación centroamericana.


Notas

arriba

vuelve * Versión preliminar de un trabajo de investigación en curso que se realiza en el Centro de Investigaciones Históricas de América Central de la Universidad de Costa Rica. Una versión previa fue presentada como ponencia en el Quinto Congreso Centroamericano de Historia, San Salvador, julio del 2000.

vuelve1. Taracena, Arturo y Piel, Jean Estado moderno e identidades nacionales en Centroamérica, San José: EUCR, 1995.

vuelve2. Meléndez, Carlos, Documentos fundamentales del siglo XIX, San José: ECR, 1978, p. 70-71.

vuelve3. Actas y correspondencia del Ayuntamiento de Cartago, 1820-23, San José: Imprenta Nacional, 1971, p. 142-43.

vuelve4. Meléndez, op. cit. p. 89-93.

vuelve5. Idem, p. 93.

vuelve6. Idem, p. 94.

vuelve7. Actas, op. cit. p. 249-50.

vuelve8. Rodríguez, Eugenio, El pensamiento liberal. Antología, San José: ECR, 1979, p. 31-32.

vuelve9. Meléndez, op. cit. p. 129.

vuelve10. La Tertulia, No. 11 (2-5-1834), p. 52.

vuelve11. Noticioso Universal, No. 8 (22-2-1833), p. 58.

vuelve12. Idem, No. 9 (1-3-1833), p. 66.

vuelve13. Idem, No. 11 (15-3-1833), p. 86.

vuelve14. Idem, No. 12 (22-3-1833), p. 90.

vuelve15. Idem, No. 62 (7-3-1834), p. 584.

vuelve16. La Tertulia, No. 20 (11-7-1834), p. 93.

vuelve17. Actas, op. cit., p. 296.

vuelve18. Villalobos, José Hilario y Chacón, Luz Alba Braulio Carrillo en sus fuentes documentales (Tomo I), San José: Imprenta Nacional, 1998, p. 164.

vuelve19. Idem, p. 171. Hay un documento similar de 4 de octubre de 1835, idem, p. 177.

vuelve20. Idem, p. 203.

vuelve21. Idem, p. 207.

vuelve22. Revista de los Archivos Nacionales (Costa Rica), I,3-4 (enero-febrero, 1937), p. 160.

vuelve23. Meléndez, op. cit. p. 208-209.

vuelve24. Mentor Costarricense, I,6 (4-2-1843), p. 21-22.

vuelve25. Idem, I, 47, 48, 49, 50 y 51 (números de abril y mayo de 1844).

vuelve26. Idem, I, 47 (27-4-1844), p. 156.

vuelve27. Idem, I, 56 (29-6-1844), p. 193-94.

vuelve28. Meléndez, op. cit., p. 242 ss.

vuelve29. Véase el discurso de Vicente Herrera a las tropas costarricenses de vuelta de expedición contra los filibusteros, Revista de los Archivos Nacionales (Costa Rica), IX, 11-12, (noviembre-diciembre, 1945), p. 598-600.

vuelve30. Fallas, Carmen María, Business and Politics in Costa Rica, 1849-1860: Consensus and Conflict whithin the Coffee Planter and Merchant Elite during the Mora Years, PhD Dissertation: University of California, Los Angeles, 1988.

vuelve31. Molina, Felipe, Bosquejo de la República de Costa Rica, seguido de apuntamientos par su historia, Nueva York: S. W. Benedict, 1851.

vuelve32. Fernández Guardia, Ricardo, Costa Rica en el siglo XIX. Antología de viajeros, San José: EDUCA, 1985, p. 373.

vuelve33. Wagner, Moritz y Scherzer, Carl, La República de Costa Rica en la América Central, San José: Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, 1974, 2 v.

vuelve34. Fernández Guardia, idem, p. 285.

vuelve35. Idem, p. 369. El chileno Francisco Solano decía que la aspiración de todos los costarricenses era ser propietarios, idem, p. 324.

vuelve36. Montúfar y Coronado, Manuel, Memorias para la historia de la revolución de Centroamérica (Memorias de Jalapa). Recuerdos y anécdotas, Guatemala: Ministerio de Educación Pública, 1963 (1832), p. 43-44.

vuelve37. Revista de los Archivos nacionales (Costa Rica), VIII,7-8, (julio-agosto, 1944), p. 361-363.

vuelve38. Fernández Guardia, op. cit. p. 546.


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