Gustavo González Villanueva

 

Desmitificar la historia.
El testamento del Adelantado Don Pedro de Alvarado

 

Universidad del Istmo (Guatemala)

gustavogonzalezv@gmail.com

 

Notas*Bibliografía


Abstract

El 5-IV-1528, Carlos V firma las Instrucciones a la Audiencia de Nueva España para tomar juicio de residencia a Cortés y a sus capitanes. Este juicio origina una pesquisa secreta contra Alvarado, que proporciona una biografía oscura. Al responder a los 34 cargos, Alvarado ofrece una autobiografía que con su testamento, dan luces para distinguir entre el mito y el hombre.

Índice

Introducción.

1.  La pesquisa secreta.

2.  Relación de los cargos.

3.  Los treinta y cuatro cargos.

4.  Relación de los descargos.

5.  Muerte del Adelantado.

6.   El testamento.

7.   Algunas cláusulas.

8.  El codicilo.

9.  Conclusiones.

10.  Mito y realidad.

11.  Conclusión final.

Introducción.

Esta ponencia propone tres biografías del Adelantado Don Pedro de Alvarado. Dos de ellas puede decirse que son auténticas autobiografías. Una, de boca —y tal vez de puño—, del mismo Alvarado; la otra, de boca del Adelantado y de pluma del Licenciado Francisco Marroquín, primer obispo de Guatemala (1499-1563). La primera biografía, pergeñada por las declaraciones de los testigos de los hechos.

Protagonista destacado de la conquista, Pedro de Alvarado recorrió el nuevo mundo desde las tierras mexicanas hasta las cumbres andinas (Libro Viejo 1934: 310–317) 1; creció y desapareció a la sombra de Hernán Cortés. Con él ha pasado a la historia y al mito. Con razón declaró uno de los testigos en el juicio de residencia al Marqués del Valle, que Cortés y Alvarado eran “cuerpo y alma”, y Bernal Díaz del Castillo memorizó, a su vez, las palabras de Cortés a Xicotenga: “éste (Pedro de Alvarado) es mi hermano y capitán…” (Díaz 1968: 632-633).

De las tres biografías, la ponencia se centra en el testamento de Alvarado, no solamente por las circunstancias, decisivas para toda persona, en las que fue redactado, sino principalmente por su contenido. Históricamente, en nuestra opinión, esta carta testamento plantea preguntas y sugiere revisiones al mito de Pedro de Alvarado.

1. La pesquisa secreta.

El cinco de abril de mil quinientos veintiocho, Carlos V firma las Instrucciones a la Audiencia de Nueva España para que tomen residencia a Hernán Cortés y a los oficiales reales. De acuerdo con estas Instrucciones, se lleva a cabo una “pesquisa secreta contra el Adelantado Don Pedro de Alvarado del tiempo que ha sido capitán en esta Nueva España (Libro Viejo 1934: 170-178).

2. Relación de los cargos.

Resultado de esta pesquisa fueron treinta y cuatro cargos, señalados por los testigos que la Audiencia de Nueva España convocó, más las personas que por sentirse personalmente agraviadas por Don Pedro, acudieron a declarar contra él. La lectura de los cargos ofrece una biografía de primera mano. Por su naturaleza de pesquisa secreta y por la calidad de los testigos, puede decirse que se trata de una biografía oscura (Libro Viejo 1934: 178) 2.

3. Los treinta y cuatro cargos.

Se pueden agrupar así:

I-XVII. Hechos acaecidos en la Nueva España. Alvarado, adelantándose al resto de la flota capitaneada por Hernán Cortés, tomó tierra en la isla Cozumel: “entró en la tierra adentro (...) e quemó e robó (…) sin causa ni razón alguna e les tomó lo que tenían”. Si se añade: caciques quemados, oro recaudado a las buenas y a las malas y no quintado, se tiene lo sustancial de los cargos. El V y el VI son los más graves: en ellos se le acusa de la matanza que provocó el alzamiento general y la expulsión de los españoles de Tenochitlán, más haber dejado desamparada “toda la gente de su capitanía” (Gómara 2001: 170-174).

XVIII-XXIX. Hechos acaecidos en Guatemala. Quema de caciques; quema de pueblos. Por su codicia de oro y sus abusos provocó un alzamiento general. Con tal de obedecer a Cortés, que le mandaba acudir a Honduras, “quiso despoblar la ciudad de Santiago de Guatemala” (Gómara 2001: 174-177).

XXX-XXXIV. Otros cargos: castigos inflingidos a españoles. Sin ser caballero de la orden de Santiago, usar “las insignias de la Cruz colorada” (Gómara 2001: 177-178).

Esta biografía presenta un Pedro de Alvarado cruel, avaro, codicioso, rijoso, vanidoso, desleal a sus compañeros soldados, casi cobarde. En esta biografía “oscura” se salvan la amistad, la fidelidad y la lealtad de Don Pedro a Hernán Cortés.

4. Relación de los descargos.

Alvarado extendió un poder general con el cual actuó Juan Ortega delante de la Audiencia (4 de julio) (Gómara 2001: 178). En el escrito de los descargos, Don Pedro comienza por pedir a la Audiencia que “deseche” los cargos porque “los testigos que dijeron contra mí son solos y singulares y deponen de oídas” (Gómara 2001: 178). Uno a uno responde a los cargos. Da su versión de los hechos; manifiesta decisiones de guerra y sus intenciones. Especialmente importante su versión sobre la matanza que dio por resultado la “noche triste”. Haya sido como haya sido, indudablemente pesó sobre Alvarado una perspicacia psicológica, que lo impulsó a decidir y actuar de aquel modo y, sin duda, las ideas y creencias que compartía plenamente con Hernán Cortés 3. Algunos cargos los niega, como el del cacique de Papalo (cargo VIII) y el de Tutululco (IX), otros los justifica con “razones de guerra”.

Surge, así, una autobiografía que, por inverosímil que parezca, va más allá de la apariencia externa del Adelantado. Por muy deformada que esté, constituye una singular autobiografía del acusado, y plantea tanto interrogaciones como dudas.

5. Muerte del Adelantado.

La carta del virrey Antonio de Mendoza con la noticia de la muerte de Alvarado está fechada 15 de julio de 1541, en México (Libro Viejo: 1934, 384), y fue recibida en Santiago de Guatemala el 29 de agosto (Pardo 1984: 1). Respecto a la fecha de la muerte, Adrián Recinos la data el 4 de julio (Recinos 1986: 203), Fuentes y Guzmán el 5 del mismo mes (Guzmán 1932: 98); el historiador Fernández del Castillo también señala esta fecha (Castillo 1945: 137); Ximénez se inclina por el 29 de junio (Ximénez 1977: 244). En cuanto a la edad que tenía al morir, según Fuentes y Guzmán cuarenta y tres años (Guzmán 1932: 98); según A. Recinos, Pedro de Alvarado había nacido en Badajoz hacia 1485, por lo que rondaría los cincuenta y seis años (Recinos 1986: 9). En carta al emperador, del 10 de agosto de 1541, al dar noticias de la muerte del Adelantado (lo supo antes que la Audiencia, mientras realizaba la visita pastoral de Chiapas), el obispo Marroquín escribe al emperador: “Acabando de hacer la tasación desta provincia (Chiapas) que  ha sido harto provechosa, estando de camino para mi casa, recibí cartas del visorey, con las más tristes nuevas que me podían venir, que fue la muerte del Adelantado Don Pedro de Alvarado, así por perder v. mt. el más bueno y leal servidor (a nadie pongo delante) en estas partes, como por el mucho y entrañable amor que yo le tenía (…); deja cincuenta mil pesos de deuda, todos gastados en servicio de v. mt.; él deja seis hijos e hijas desnudos, sin abrigo alguno: él deja muchos sobrinos y deudos que le han servido, sin amparo” (Sáenz de Santamaría, 1964: 164-165).

6. El testamento.

Entre lo ocurrido en la batalla de Guadalajara y la muerte, transcurrieron varios días, los indispensables para que Don Pedro se dispusiera a bien morir y dictara algunas disposiciones para “descargar su conciencia” (Remesal, 1966: 458)4. Nombró como albaceas a Juan de Alvarado y al obispo Licenciado Francisco Marroquín. El encargo suponía redactar el testamento y cuidar de su ejecución. Juan de Alvarado cedió su derecho (probablemente hacia el 21 de enero de 1542: Remesal, 1966: 458) al obispo Marroquín que, en realidad, era el más indicado, ya que con él había “comunicado e platicado” de estos asuntos Don Pedro: “Marroquín sabía de su voluntad”.

Este testamento viene a ser como la segunda parte y final, del juramento que Alvarado había prestado el 11 de abril de 1530, poniendo “su mano derecha en la cruz del señor Santiago, que en sus pechos traía” (González Villanueva 2003: 21, 24, 49). El testamento, o carta testamento, en el texto trascrito por Fray Antonio de Remesal en su Historia general de las Indias Occidentales y particular de la Gobernación de Chiapa y Guatemala, consta de treinta cláusulas (Remesal 1966: 458-476). Estas cláusulas se pueden agrupar así:

I-II                          Las disposiciones referentes a los esclavos.

III-IV                      Las referentes a los solares que se habían asignado a Don Pedro en la nueva traza de la ciudad de Santiago de Guatemala.

V-XVII                  Las disposiciones para saldar las deudas que ha dejado.

XVIII-XIX             Las promesas que dejó pendientes de cumplir

XX-XXIII              Los sufragios que se han de aplicar por el alma del Adelantado y de su esposa doña Beatriz.
                               En las primeras cláusulas ya se trata de este asunto.

XXIV-XXVII         Las disposiciones acerca de otras deudas, algunas contraídas con motivo de la armada que zarparía al Mar del Sur.

XXVIII-XXX         Las disposiciones acerca de los bienes que quedasen, después de pagadas todas las deudas, y de los legítimos herederos
                                (Díaz 1968: 632-634).5


7. Algunas cláusulas.

Ateniéndonos a los límites señalados para las ponencias, a continuación se transcriben breves extractos de las treinta cláusulas6.

Primeramente digo: Que por cuanto el dicho Adelantado dejó en el valle, términos de esta ciudad, una labranza de tierras donde están muchos esclavos casados con sus mujeres e hijos, y a mí me consta no se haber hecho esclavos con recta conciencia: porque en los años primeros de la población de la dicha labranza el dicho Adelantado llamó a los señores principales de los demás pueblos que el dicho Adelantado tenía en encomienda, e les hizo cierta plática y les pidió a cada señor de cada pueblo que le diesen tantas casas con su principales para las poner e juntar en la dicha labranza. Los cuales como le tuviesen por señor e haberlas él conquistado se las dieron así como las pidió. E se herraron por esclavos los más de ellos sin preceder otro examen. E para el descargo de la conciencia del dicho Adelantado e conforme a lo que yo con él tenía comunicado e platicado,  y a lo que sabía de su voluntad, digo: que dejo por libres a todos

 los indios esclavos que están en dicha labranza, milpa e a sus mujeres e hijos. E porque ninguna persona no se entremeta en se querer servir de ellos, lo cual sería en mucho perjuicio suyo. Digo que por les hacer bien quiero y es mi voluntad, porque sé que la misma voluntad tenía el dicho Adelantado, que en las tierras en que al presente están y poseen los dichos indios esclavos, se las tengan e posean e mando que no salgan ni sean sacados de ellas (Remesal 1966: 458)7.

Item, por cuanto el dicho Adelantado que haya gloria, dejó muchos esclavos sacando oro en la minas, de lo cual llevó mucha carga para su ánima, por los haber pedido a los indios, que tuvo en encomienda, y habérselos dado de la misma manera contenida en la cláusula antes de ésta: lo cual yo muchas veces se lo dije y así él lo conoció y por tener tantas deudas como dejó no osaba hacer lo que convenía a su conciencia. E siempre el dicho Adelantado me decía que cuando se viese sin deudas dejaría  libres  a  los  dichos  esclavos. Y por me constar lo susodicho como

me consta y descargar la conciencia del dicho Adelantado como la descargo. Digo que en nombre del dicho Adelantado y como cosa que tanto viene a la salvación de su ánima, dejo por libres a todos los indios esclavos, hombres y mujeres y sus hijos que así andan a sacar oro por el dicho Adelantado, y   desde  ahora  todos  sean  libres  para  siempre,  con

aditamento en condición que saquen oro para pagar las dichas deudas que el dicho Adelantado debe y dejó por no haber otros bienes ni rentas de dónde se puedan pagar en tanta cantidad, y en el entretanto saquen oro sean muy bien mantenidos y curados, y tratados y doctrinados en las cosas de nuestra santa fe católica…” (Remesal 1966: 461-462).

Item, por cuanto el dicho Adelantado tiene cuatro solares en la plaza de esta ciudad, mando que se edifiquen poco a poco con los dichos esclavos que están en la dicha heredad y labranza y se hagan en los dichos solares unas tiendas con su servicio conveniente para que alquilen, y de los frutos y rentas de las dichas tiendas sean para ayudar a pagar las deudas que el dicho Adelantado debe, guardando siempre cierta parte, la que fuere necesario para el reparo de las dichas tiendas y acabadas de pagar las dichas deudas con el oro que han de sacar las dichas cuadrillas como se contiene en el capítulo antes de este. Y  con  la  ayuda de la renta de dichas

 tiendas de allí adelante por el descargo de la conciencia  y ánima del dicho Adelantado, porque esto es conforme su voluntad, según él conmigo la comunicó, mando que la renta que rentaren las dichas tiendas de los alquileres se distribuyan en casar hijas de conquistadores huérfanas y pobres , por el mucho cargo que el dicho Adelantado es a sus padres en el tiempo de la Conquista, y la tercia parte de  las rentas que las dichas tiendas rentaren se dé y distribuya a los pobres del hospital de esta ciudad” (Remesal 1966: 463-464).

Item digo que, por cuanto el dicho Adelantado siempre en el tiempo de la conquista de esta gobernación, y antes y después tuvo mucha gente a su cargo y contrató con muchos y sé yo de él y de otras personas dignas de fe y de creencia que como el dicho Adelantado andaba en la guerra, era en cargo a muchas personas en deudas de dineros y de otras cosas, por tanto que por descargo de su conciencia, digo: Que cualquiera persona que viniere, jurando que el dicho Adelantado le es encargo de alguna cosa, por juramento hecho en juicio, sea creído por él y le sean pagados hasta en cantidad de veinte pesos dando razones legítimas y verosímiles, declarando de qué, y cómo se los deben, los cuales dichos veinte pesos le sean pagados de los bienes del dicho Adelantado (Remesal 1966: 466).

Item digo que, por cuanto el dicho Adelantado anduvo muchos años en servicio de Su Majestad en la conquista de la isla Española y Cuba y Nueva España, y gobernación de Guatemala, y Honduras, y Perú, y otras partes de las Indias del mar Océano. En las cuales conquistas es mucho en cargo a los naturales de ellas, y por ser personas inciertas y no se poder hacer el descargo necesario a su conciencia, mando que de lo mejor parado de sus bienes del dicho Adelantado que ahora hay y hubiere, se tomen quinientos pesos de oro, los cuales sean para redención de cautivos, y ellos los gasten en redimir los cautivos que la dicha cantidad montare, y no se distribuyan en otra cosa ninguna, ni se entremeta ninguna persona directa ni indirecta a impedir que no se cumpla lo en  esta cláusula contenido; y si se estorbare de lo cumplir, esta dicha manda sea en sí ninguna y de ningún valor ni efecto. Las cuales dichas persona sean obligadas a lo cumplir dentro de un año” (Remesal 1966: 470).

“Item, por cuanto al presente por no estar averiguadas las cuentas con todos los acreedores del dicho Adelantado y no se saber el remanente que pueda haber de sus bienes y hacienda, a cuya causa no se puede dar el asiento fijo como conviene para la perpetuidad de las dichas capellanías y memorias instituidas en este testamento, quiero y es mi voluntad que durante los días de mi vida para poder mejor acertar, pueda quitar, mover y añadir y remover en el asiento de las dichas capellanías y condiciones de ellas, y en la distribución de los frutos y rentas de ellas, como más convenga para pro y utilidad y perpetuidad de las dichas capellanías (Remesal 1966: 472).

“Item digo, que para cumplir este testamento, mandas y legados en él contenidos, dejo e nombro por bienes del dicho Adelantado todos los navíos con todos los pertrechos e artillería e municiones que están en la compañía que el dicho Adelantado hizo con el señor visorrey don Antonio de Mendoza y más todos los negros que el dicho Adelantado dejó. Y más todos los intereses  y  provechos que de la  dicha compañía  se  siguieren.  Y

 más todas las milpas, casas, heredades, ganados y todos y cualesquier derechos y acciones que en cualquier manera pertenezcan al dicho Adelantado, y todas y cualesquiera gracias y mercedes que Su Majestad fuere servido de le hacer o haya hecho para descargo  de su ánima,  pues  todas  las  dichas

 deudas que el dicho Adelantado debe, son por cosas tocantes a su real servicio” (Remesal 1966: 474) 8.

Testigos que fueron presentes: Cristóbal Lobo, alcalde ordinario de la ciudad; el bachiller Juan Alonso; Juan Gascón, clérigo; Martín López Llanos; Diego López de Villanueva, vecinos y estantes de la ciudad. Diego de Robledo, escribano de S.M. (Remesal 1966: 475).

8. El codicilo.

El día cuatro de julio, “antes que se pase el año de la muerte del Adelantado, para dar valor a lo que hacía”, el obispo Marroquín anexó un codicilo ante el mismo escribano, Diego de Robledo (Remesal 1966: 475) 9. El objeto principal del codicilo era asegurar el cuidado y la atención de las capellanías instituidas en el testamento, por las almas de Don Pedro y de Doña Beatriz (Remesal 1966: 477-476).

9. Conclusiones

Se trata de documentos de primera mano, pues los testigos son los protagonistas de los hechos. Ofrecen tres biografías de Don Pedro de Alvarado.

La primera describe a un hombre mozo, audaz, arrogante, codicioso, rijoso, absolutamente leal a Hernán Cortés. Esta biografía está dictada por acusadores, algunos de ellos enemigos personales de Alvarado.

La segunda biografía, escrita en la misma fecha y circunstancias que la anterior, puede decirse que es una autobiografía. Describe a un hombre simpático, valiente, razonable, leal. La versión de los hechos siempre es a su favor. Una autobiografía que exige reconocer al acusado el derecho a defenderse y tomar en cuenta, con todas las prevenciones del caso, sus afirmaciones. Permite saber cómo se consideraba a sí mismo: buen capitán y caballero (respuestas VI y IX), caballero, hijodalgo (respuesta (XI).

La tercera también es una autobiografía, aunque escrita por ajena mano. Autorretrato de madurez acelerada por la inminencia de la muerte, presenta a un hombre que pone en la balanza de la justicia, todo lo que juzga está obligado en conciencia a poner, independientemente del juicio humano y del juicio de la historia. El hecho de que la carta testamento no haya sido escrita de puño y letra de Don Pedro, aumenta su consideración e importancia. En primer lugar, porque son asuntos “tratados” largamente con su amigo; no son, pues, asuntos in articulo mortis. En segundo lugar, porque Alvarado ha elegido como juez para dirimir su causa, a alguien que por razón de su conciencia, de su estado y del conocimiento, no solamente de Don Pedro y de su familia sino de los hechos y circunstancias, sabe que le ha de juzgar sin miramientos ni disimulos. En tercer lugar, porque actuando de esta manera, hace a un lado méritos y honras, en pro de lo que reconoce debía haber sido el principio rector de su vida.

10. Mito y realidad.

Observa A. Llano que “pocas cuestiones hay en la cultura contemporánea que hayan despertado tantos entusiasmos y tantos recelos” como la palabra mito. Se puede utilizar “como alabanza máxima o como definitiva sospecha. Mas parece arrastrar casi siempre una cierta connotación morbosa” (Llano, 2004: 16). René Girard, al exponer su teoría mimética, limita el término “mito” a las antiguas religiones y a su manifestación en la literatura antigua. “En muchos usos del término mito, un elemento clave es la ocultación. El mito transmite un acontecimiento cultural y religioso de índole fundacional, al mismo tiempo que cela su nervio constitutivo: la violencia recíproca generalizada y la crisis sacrificial que provoca” (Llano 2004: 17). Sin olvidar estas observaciones, más las sugerencias que suscita la teoría mimética de Girard —la envidia, la rivalidad mimética—, más sencillamente se puede señalar que por mito se entiende lo opuesto a lo histórico, a lo real. Se equipara a la ficción histórica —“el salto de Alvarado”— y a la fábula —“frenos de oro para los caballos”—. Para los conquistadores el nuevo mundo era fabuloso, un mundo mitológico. Pero la cultura de que eran portadores no les permitía convertirse en hombres mitológicos colocados más allá del bien y del mal. “El hombre griego —escribe Clemente de Alejandría— piensa en forma de mito, el cristiano se guarda de pensar de modo mítico ya que para él lo importante en sentido religioso es el acontecimiento real” (Paedagogus, 3, 11, 3). Claro ejemplo es el Testamento de Alvarado.

La connotación morbosa y la ocultación que conlleva el mito, campea en muchas páginas de la historia de la conquista. La obra Viaje por la Capitanía general de Guatemala, escrita en alemán por autor desconocido, probablemente a principios del siglo XVIII, pues los grabados que la ilustran corresponden a esa época, ofrecía a los lectores alemanes y europeos un mitológico Pedro de Alvarado que “vomitó el alma blasfemando a Dios” (Anónimo 1930: 11, 20) 10. Pone en boca de un cacique de Nicaragua esta descripción de los conquistadores: “Jamás ponen un pie en un rancho indio, sin exigir a la hora maíz, miel, vestidos de invierno, oro, plata y una mujer para fornicar. En verdad, no hay un pueblo peor y más inútil en toda la tierra” (Anónimo 1930: 27). Resulta cómico que un español solicite ropa de invierno en la calurosa tierra de Nicaragua. La connotación morbosa y la ocultación propias del mito, serpean no solamente en la Brevísima relación de la destrucción de las Indias o en el anónimo alemán citado, sino en numerosos textos, acerca de Pedro de Alvarado como de la conquista.

M. Restall plantea la pregunta: “¿Por qué la historia de la conquista española está tan dominada de los mitos?” Y responde: “Según el antropólogo Samuel Wilson, intentamos distanciarnos de la historia del contacto y de la conquista, por la tragedia que contiene” (Restall 2004: 189); se prefiere lo “políticamente correcto” y fácil, que es “la perpetuidad de los mitos de la conquista (…) y que “perduren hasta bien entrado el siglo XXI”. Según M. Restall, de acuerdo con Wilson, “todavía vivimos en el periodo de contacto” (Restall 2004: 190).

La respuesta de S. Wilson, como este argumento último compartido por M. Restall, no puede satisfacer al historiador. En todo caso, para los interesados y afectados directamente por esta historia, debería darse por terminado el período “de contacto” y poner delante la verdad histórica al rojo vivo.

11. Conclusión final.

La historia es algo muy diferente de lo que es la opinión pública; muy diferente también de lo que es la publicidad; de lo que es una versión ideológica de los hechos. Estas tres biografías del Adelantado Don Pedro de Alvarado, escritas o dictadas por los mismos protagonistas, sugieren una relectura pausada —no exclusivista— de lo vivido en nuestras tierras durante la Conquista y el periodo colonial. Esta relectura permitiría historiar con más perspectiva y realismo, las ideas y los hechos que han conformado las naciones más directamente vinculadas a Pedro de Alvarado. Las tres biografías invitan a crear un espacio de reflexión histórica acerca del mito del conquistador desalmado, y la realidad, tanto de un bisoño capitán —Alvarado tenía veinticinco años cuando llegó a América— deslumbrado y trastornado por el nuevo mundo, como la de un hombre maduro que acepta sus actos con todas sus consecuencias e intenta remediar lo que tiene que remediar. En la carta enviada al emperador, con fecha 25 de noviembre del año 1541, Marroquín afirmaba: “Una cosa no se puede callar, que han dejado (Pedro de Alvarado y su esposa Doña Beatriz) tanta lástima en esta tierra que aun hasta los naturales muestran sentimiento, y desean ver en ella persona de su sangre que los gobernase” (Sáenz de Santamaría, 1964, 170).

Exceso de amigo, mito o realidad, es un testimonio documentado que, por lo menos, invita a revisar estereotipos de nuestra historia, aunque sea “más seguro desde el punto de vista político y menos gravoso en el plano emocional, desdibujar la historia en el mito y confinarla ahí” (Restall 2004: 189).

© Gustavo González Villanueva


Bibliografía

arriba

Adeva Martín, Ildefonso, 1992: Cómo se preparaban para la muerte los españoles a finales del siglo XV, en Anuario de Historia de la Iglesia, vol. I, Instituto de Historia de la Iglesia, Universidad de Navarra.

Alvarado, Pedro de., 1950: Cartas de Relación a Cortés, el volumen recoge la Crónica de Michoacán, de Mota Padilla, que narra los últimos días y la muerte de Alvarado. BCP, MEP, vol. 4, Guatemala.

Anonimo, 1930: Viaje por la Capitanía General de Guatemala, traducido del alemán por Alfredo Schlesinger para El Imparcial. Unión Tipográfica, Guatemala.

Díaz del Castillo, Bernal, 1968: Historia de la conquista de Nueva España, Ed. Porrúa S.A. 14 edic. México.

Díaz-Trechuelo, Lourdes, 1984: La contribución de los seglares a la evangelización de América, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Córdoba y II Jornadas de Andalucía y América, La Rábida (Sevilla).

Fuentes y Guzmán, Francisco de, 1932: Recordación Florida, Discurso historial y demostración natural, material, militar y política del Reyno de Guatemala, Biblioteca “Goathemala”, VOl. VI, Guatemala.

González Villanueva, Gustavo, 2003-2005: Los primeros cristianos de la Audiencia de los Confines, vol. I-II, Ed. PROMESA, San José, Costa Rica.

González Villanueva, Gustavo, 2005: Pensando Centroamérica con Juan Pablo II, reflexiones históricas. Cátedra Karol Wojtyla, Conferencia pronunciada el 29-IV-2005 en el Colegio de Profesionales en Ciencias Económicas, en San José de Costa Rica. Recogida en Literatura, escritores y lectores, Ed. PROMESA,

Historia de las Indias, 1963, FCE, 2ª edición, México, 3 vol.

Las Casas, Bartolomé de, 1941: Brevísima Relación de la destrucción de las Indias, Secretaría de Educación Pública, México.

Lesley Byrd, Simpson, 1970: Los conquistadores y el indio americano Ed. Península, 1ª edic., Barcelona.

Libro Viejo, 1934: de la fundación de Guatemala y papeles relativos a D. Pedro de Alvarado. Biblioteca “Goathemala” de la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala. Vol. XII, Guatemala.

Llano, Alejandro, 2004:  Deseo, violencia, sacrificio, El secreto del mito según René Girard, EUNSA, 1ª edic.

Lohmann Villena, G. 1966: La restitución por conquistadores y encomenderos, un aspecto de la incidencia lascasiana en el Perú, “Anuario de Estudios Americanos”, 23.

López de Gómara, Francisco, 2001: La conquista de México, Dastin, S.L., 2ª edic.

Martínez, José Luis, 1990: Documentos cortesianos I-II, UNAM, FCE, 1ª edic. México.

Pardo, José Joaquín, 1984: Efemérides de la Antigua Guatemala, 1541-1779, Biblioteca Nacional, Instituto de Antropología e Historia, Archivo General de C.A., C. Nacional para la protección de la Antigua, 3ª edic. Guatemala.

Pfandl, Ludwig, 1929: Cultura y costumbres del pueblo español de los siglos XVI y XVII, Casa Editorial Araluce, Barcelona, 1ª edición.

Prost, Antoine, 1996: Doce lecciones sobre la historia, Ediciones Cátedra, Madrid.

Recinos, Adrián, 1986: Pedro de Alvarado, 2ª edic. CENALTEX, Guatemala.

Remesal, Fray Antonio de, 1966: Historia General de las Indias Occidentales y particular de la Gobernación de Chiapa y Guatemala, 3ª edic. Editorial “José de Pineda Ibarra”, Guatemala.

Restall, Matthew, 2004: Los siete mitos de la conquista española, Ed. Paidós, Barcelona.

Sáenz de Santamaría, Carmelo, 1964: El Licenciado Francisco Marroquín, Primer obispo de Guatemala (1499-1563), Su vida–sus escritos. Edic. de Cultura Hispánica, Madrid.

Scripta Theologica Nº 24, 1992: Una mirada al pasado y al futuro de la Iglesia en Latinoamérica. Pag.147-163. Revista de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.

Suárez, Federico, 1977: La historia y el método de investigación histórica, Rialp, Madrid.

V.A. Historia General de Guatemala, I, 1993 y II, 1999: Ed. Príncipe nº 1041, Asociación de Amigos del País, Fundación para la Cultura y el Desarrollo, Guatemala.

Ximénez, Fray Francisco, 1977: Historia de la provincia de Chiapa y Guatemala de la Orden de Predicadores, primera edición del manuscrito original de Córdoba. Anotaciones de Carmelo Sáenz de Santa María, Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala, vol. XXVIII, Guatemala.


Notas

arriba

vuelve 1. Carta de Francisco Pizarro a Pedro de Alvarado. Ciudad de los Reyes, 9 de julio de 1.536. (Academia de Historia de Madrid, “Colección Muñoz”, tomo 80). Carta de Alvarado al Real Consejo de Indias, fechada en Guatemala, 20 de noviembre de 1.536. Refiere las “malas obras y agravios” que recibió de Pizarro y Almagro. Ambas cartas recogidas en Libro Viejo de la fundación de Guatemala y papeles relativos a D. Pedro de Alvarad,1934, Biblioteca “Goathemala” de la Sociedad de Geografía e Historia. Vol. XII, Guatemala, C.A.,  pp. 310-312 y 312-317, respectivamente.

vuelve 2. Ibid. p.178, calificación de los testigos según Alvarado. Francisco López de Gómara (2002, 402) comenta sobre el juicio de residencia a Cortés y sus capitanes: “Entonces veríais el bullir y negociar de todos y cada uno para sí, unos temiendo, otros esperando, y otros encizañando”.

vuelve 3. Cfr. Ordenanzas militares mandadas pregonar por Hernando de Cortés en Tlaxcala, al tiempo de partirse para poner cerco a México, Documentos cortesianos, 2 tomos, edición de José Luis Martínez, UNAM, FCE, México 1990. Tomo I, pp. 254-256. Cfr. también Gómara, 2001, 204–205; Cómo comenzó Cortés a derrocar los ídolos de México; Plática que hizo Cortés a los de México sobre los ídolos

vuelve 4. Para poder encuadrar adecuadamente este hecho, y entender el documento, es necesario situarse debidamente. Primero, el cristiano que se encontraba en peligro de muerte, sabía muy bien cómo prepararse a bien morir. El sacerdote o las personas que le acompañaban también. Paso a paso estaba previsto en uno de los manuales más famoso de la religiosidad popular que “cubre más que sobradamente la segunda mitad del siglo XV, se proyecta por todo el XVI y XVII, el Ars moriendi". Comenta Adeva Martín (1992, 113-138) “Se afirma corrientemente que la religiosidad del siglo XV fue formulista, ritualista, folklórica, con un talante muy semejante al del A.T., apoyándose en el valor de las propias obras más que en los méritos de Jesucristo; sin experiencia de la gracia. Se afirma también, en lógica consecuencia, que la actitud entonces imperante ante la muerte fue trágica, retorcida, atormentada. Las fuentes desde donde se argumentan estas aseveraciones son múltiples y parecen, a primera vista, concluyentes. Entre ellas se cita el Ars moriendi, el famoso manual para ayudar a morir cristianamente (…). Este Ars, cada vez más popular desde el siglo XV hasta bien entrado el XVII, “contradice de plano (…) la citada interpretación farisaica que por algunos se le atribuye”. El objetivo último del Ars moriendi es que el moribundo consiga, “como sea, la salvación eterna, valor supremo al que hay que sacrificar cualquier otro, por doloroso, incomprensible, y antipático que esto parezca”. En la Crónica de Michoacán (Mota Padilla) se dice que Alvarado expiró pronunciando estas palabras: “in manus tuas, Domine, commendo spiritum meum”. El Ars moriendi, después de una oración, aconseja repetir tres veces esas palabras de Cristo moribundo (Adeva Martín, 1992, 127–128); cfr, también Ludwig Pfandl,1929, 145–176.

vuelve 5. El 4 de junio de 1563, doña Leonor de Alvarado, como hija de Don Pedro y de doña Luisa de Xicotenga, reclama para ella y sus hijos la herencia que le corresponde. Declaración de Bernal Díaz del Castillo en la Probanza de servicios del Adelantado D. Pedro de Alvarado, hecha a petición de su hija Doña Leonor de Alvarado. (Días del Castillo, Bernal, 1968, 632-634).

vuelve 6. La fórmula habitual del inicio de los testamentos era la profesión de fe católica. A lo fundamental, el testador acostumbraba añadir la invocación a los patronos de su devoción personal. L. Pfandl (1919, 344–345) recoge como modelo el testamento del famoso pintor Bartolomé Murillo. La carta testamento comienza: “En el nombre de Dios. –Amén.– Sepan cuantos esta carta de testamento vieren como yo Bartolomé Murillo (…) creyendo como firme y verdaderamente creo, el divino misterio de la Santísima Trinidad (…) y un solo Dios verdadero, y en todo lo demás que tiene , cree y confiesa la Santa Madre Iglesia Católica Romana como cristiano, deseando salvarme …”. Remesal omite la cabecera.

vuelve 7. El encomendero Francisco de Chaves, natural de Trujillo y vecino de Arequipa, donde fue regidor, ordenó en su testamento celebrar en Trujillo, el martes del Espíritu Santo, una misa “por los indios cristianos naturales de los reinos del Perú a los que yo soy en cargo, vivos y difuntos; quiero el Señor sea servido de los perdonar, a los vivos alumbre el entendimiento e los atraiga al verdadero conocimiento de la santa fe católica”. Hernán Rodríguez, de Belalcázar, y vecino de Caramanta, en Popayán, disfrutó en este lugar de una encomienda. A la hora de testar pone de manifiesto que tenía obligación de instruir a los encomendados en las cosas de la fe católica “y no lo hizo”, por lo que manda restitución de sus bienes, de acuerdo con el señor obispo, “para que mi ánima no pene por ello”. Juan de Baena, fallecido en Tocuyo, Venezuela, el año 1.586, había testado el 1º de mayo de 1.570. Manda se celebren diez misas al Espíritu Santo, “porque sea servido que se infunda y arraigue su santísima fe en los naturales de esta gobernación convertidos, y que todos vengan en verdadero conocimiento, para que verdaderamente de ellos haya conversión”. Uno de “los trece de la fama”, Nicolás de Ribera el viejo, en 1.556 funda un hospital en Ica para los indios. Las razones son que, aunque actuó de buena fe, pensando que era justo hacer la guerra a los indios por ser infieles, y haberlos tenido luego en encomienda, los maltrató alguna vez o les exigió tributos que “sin mucho trabajo ni fatiga de sus personas me podían e debían tributar… o por no les haber dado tan bastante e complida doctrina como debía…” Los ejemplos pueden multiplicarse. Cfr. Díaz–Trechuelo (año y página) ; G. Lohmann Villena, 1966, 36; también,  Díaz–Trechuelo, 1984, 113-114.

vuelve 8. Nótese lo difícil de superar también para Marroquín, la costumbre aprobada por las leyes de todo el mundo respecto a los hombres de raza negra.

vuelve 9. Este dato favorece la afirmación de Recinos al fechar la muerte de Alvarado, el día 4 de julio.

vuelve 10. Se limita a transcribir lo difundido por B. de las Casas: “Han arrojado y estrellado los niños tiernos contra las rocas y los arrecifes…”.


*Istmo*

*¿Por qué existe Istmo? *¿Qué es Istmo? *¿Quiénes hacen la revista? *¿Cómo publicar en Istmo?*

*Consejo Editorial *Redacción *Artículos y Ensayos *Proyectos *Reseñas*

*Noticias *Foro Debate *Buscar *Archivo *Enlaces*

*Dirección: Associate Professor Mary Addis*

*Realización: Cheryl Johnson*

*Istmo@acs.wooster.edu*

*Modificado 08/10/06*

*© Istmo, 2006*