Consuelo Meza Márquez

 

La evolución de una tradición escritural femenina

en la narrativa centroamericana: Textos paradigmáticos

Universidad Autónoma de Aguascalientes, México

cmeza@correo.uaa.mx

Notas*Bibliografía

En Centroamérica existe una tradición importante de narradoras cuya presencia y producción es permanente desde finales del siglo XIX hasta el presente. La riqueza de las madres fundadoras de esta tradición radica en ese atrevimiento para apropiarse de la palabra escrita, todavía bajo las imposiciones del canon dominante respecto a la forma pero en la mayoría de los casos, no respecto a los temas. Como precursoras abrieron el camino para que otras mujeres fueran plasmando las inquietudes y anhelos de un cuerpo y una conciencia sexuadas femeninas. Esta herencia de desafío que, asimismo se encuentra en su vida personal como mujeres rebeldes, va del trastocamiento a la subversión y se manifestará en rupturas del canon literario. Lamentablemente, no todas estas propuestas innovadoras lograron derribar los márgenes: es el caso de la costarricense Yolanda Oreamuno (1916-1956) o la hondureña Mimí Diaz Lozano (1928). Otras escritoras como Claribel Alegría (1924), Ana María Rodas1(1937), Gioconda Belli (1948), Tatiana Lobo (1939) y Gloria Guardia (1940) son reconocidas por su importante papel en la renovación de los cánones de la narrativa centroamericana. Por su parte escritoras como Rosario Aguilar (1938), Leticia de Oyuela (1935) y Anacristina Rossi (1952), sin divorciarse de los movimientos literarios de la región, han dado continuidad y mostrado la madurez de una tradición de la narrativa de mujeres centroamericanas, en la que se destaca la presencia de numerosas autoras nacidas a partir de la década de los cincuenta como Magda Zavala (195?), Mildred Hernández (1966) y Jacinta Escudos (1961). En todas estas autoras se da un cuestionamiento de las normas, valores y ética de la sociedad patriarcal proponiendo una utopía basada en la equidad, en el reconocimiento y aceptación del otro como sujeto y el respeto a las diferencias genéricas, étnicas, sociales y culturales.

La ponencia pretende mostrar el desarrollo de la narrativa femenina centroamericana señalando las escritoras y textos paradigmáticos que inician y consolidan la tradición. Para ello, se retomaran varios críticos que han trabajado el tema, se incluyen otras autoras que se consideran como importantes y se agrega información, resultado de un primer acercamiento a la literatura de mujeres beliceñas. Para dar cuenta, en lo cuantitativo, de la tradición se agregan siete cuadros, uno por cada país centroamericano, en los que se anotan el año de nacimiento de la autora y el género narrativo.  

La crítica literaria nicaragüense Nydia Palacios Vives2 recupera una tradición de mujeres novelistas en Centroamérica. Selecciona las autoras y obras que considera más representativas de cada país y que constituyen un legado de la historia de la literatura centroamericana y, en particular, de la literatura de mujeres. El recorrido que Palacios propone se inicia con la hondureña Lucila Gamero de Medina y lo continúan la hondureña Argentina Díaz Lozano, las guatemaltecas Elisa Hall y Malín D’Echevers; las costarricenses Yolanda Oreamuno y Carmen Naranjo, las nicaragüense Rosario Aguilar y Gioconda Belli, la salvadoreña Claribel Alegría y la panameña Gloria Guardia.

Por su parte, Nicasio Urbina en el ensayo “Conciencia y afirmación: el desarrollo de la literatura escrita por mujeres en América Central” (2002)3, afirma que los textos claves escritos por mujeres que dan cuenta de cómo se va conformando una tradición literaria, surgen a partir de finales de la década de 1940 en Costa Rica y de las décadas de 1960 a 1980 en Guatemala y Nicaragua principalmente. Con esta tradición se establece en la literatura un espacio autónomo en el que la mujer toma conciencia de la desigualdad de género y se compromete, a través de la escritura, a enfrentarla. Este proceso de toma de conciencia del espacio enunciativolo inicia Yolanda Oreamuno con La ruta de su evasión (1949). Es ésta la primera novela que narra desde un cuerpo sexuado femenino el paradigma de ser mujer en la sociedad patriarcal, desnaturalizando y poniendo a prueba los mecanismos patriarcales de la familia y de la sociedad. Este acto narrativo, señala Urbina, es un acto de apropiación de la palabra para nombrar el mundo desde la subjetividad femenina. A Oreamuno, le siguen Claribel Alegría, Carmen Naranjo, Rosario Aguilar, Gioconda Belli, Gloria Guardia, Rigoberta Menchú y Tatiana Lobo.

Por otra parte, en Centroamérica, la escritura de mujeres ha sido clave para el desarrollo y evolución de la nueva novela histórica. Laura Barbas Rhoden en el texto Writing Women in Central America: Gender and the Fictionalization of History (2000)4 afirma el valor de las novelas de Claribel Alegría5, Rosario Aguilar6, Gioconda Belli7 y Tatiana Lobo8 como representaciones de la historia desde una visión del mundo femenina, desenmascarando los mitos que sostienen al patriarcado. Estos textos, señala, funcionan como suplementos subversivos que en su intento por visibilizar y completar el registro histórico, han empezado a reemplazarlo. Por otra parte, al introducir el concepto de género como eje de la narrativa, las escritoras dan cuenta de una colonización no solo de territorios y poblaciones sino también de las mujeres, de sus cuerpos y de su memoria, y el reclamo de los mismos como espacios de resistencia. Estas autoras, señala Barbas, hacen visible la marginalidad y la ausencia en el discurso de las historias no solo de las mujeres sino, asimismo, de los grupos subalternos, indígenas y afrocaribeños9.

Se presenta a continuación un cuadro en el que se presentan las obras señaladas por los críticos anteriores y se agregan otras, que en su conjunto, otorgan un sentido a esa importante tradición de narradoras centroamericanas:

Cuadro 1

Escritoras centroamericanas y textos paradigmáticos de una tradición de narradoras en la región.

Autora

País

Texto Paradigmático

Lucila Gomero (1873-1964)

Honduras

Adriana y Margarita (1897), Blanca Olmedo (1903), Aída (1948)

Argentina Díaz Lozano (1912-1999)

Honduras

Perlas de mi rosario (cuento, 1930) y Topacios (cuento, 1940), Mayapán (1950)

Elisa Hall

Guatemala

Mostaza (1939)

Malín D’Echevers

Guatemala

Map Rap (1946)

Yolanda Oreamuno (1916-1956)

Costa Rica

La ruta de su evasión (1949)

Rosario Aguilar (1938)

Nicaragua

Primavera sonámbula (1964), Quince barrotes de izquierda a derecha (1965), Las doce y veintinueve (1975), El guerrillero (1976), Siete relatos sobre el amor y la guerra (1986), La niña blanca y los pájaros sin pies (1992)

Claribel Alegría (1924)

El Salvador

Cenizas de Izalco (1966), No me agarran viva (1983), Despierta, mi bien, despierta (1986)

Carmen Naranjo (1928)

Costa Rica

Los perros no ladraron (1966)

Moravia Ochoa López (1939)

Panamá

Yesca (cuento, 1964), El espejo (cuento, 1968)

Gloria Guardia (1940)

Panamá

El último juego (1977), Cartas Apócrifas (cuento, 1997)

Rigoberta Menchú (1959)

Guatemala

Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia (1983)

Gioconda Belli (1948)

Nicaragua

La mujer habitada (1988), Sofía de los presagios (1990), Waslala (1996), El país bajo mi piel. Memorias de amor y de guerra (2001)

Tatiana Lobo (1939)

Costa Rica

Asalto al paraíso (1992), Entre Dios y el diablo (cuento, 1993), Calypso (1996), El año del laberinto (2000)

Mildred Hernández (1966)

Guatemala

Orígenes (cuento, 1995)

Ana María Rodas (1937)

Guatemala

Mariana en la tigrera (cuento, 1996)

Leticia de Oyuela (1935)

Honduras

Las Sin Remedio (cuento, 2001)

Anacristina Rossi (1952)

Costa Rica

La loca de Gandoca (1992), Limón Blues (2002)

Zee Edgell (1940)

Belice

Beka Lamb (1982), In times like these (1991), The festival of San Joaquin (1997)

A partir de los críticos antes mencionados es posible recuperar las aportaciones que han marcado el sentido de esta importante tradición de narradoras centroamericanas.

A la hondureña Lucila Gamero de Medina (1873-1964) le corresponde el honor de publicar la primera novela de su país: Adriana y Margarita (1897) se publica un año antes que Angelina de Carlos F. Gutiérrez. Asimismo, le corresponden los primeros esfuerzos por elaborar un hábeas cuentístico coherente10. Las protagonistas de su obra son mujeres valientes que reclaman el derecho a participar en la esfera pública del trabajo, la cultura y el arte, son dueñas de una ideología liberal y librepensadora a través de la cual filtran temas considerados como tabúes no sólo en la literatura de mujeres sino en la literatura en general.

En Guatemala, el valor de las mujeres precursoras de una novelística de mujeres radica en el rompimiento del predominio de los varones en el género. Argentina Díaz Lozano, nacida en Honduras pero radicada en Guatemala; Elisa Hall de Arévalo (¿?) y Malín D’Echevers (¿?), seudónimo de Amalia Cheves, publican novela en las décadas de los treinta y cuarenta, con excepción de Díaz Lozano cuya producción es constante, publicando 14 novelas entre 1935 y 1986. Si bien estas autoras narran desde un punto de vista masculino y no muestran una escritura marcada por una preocupación respecto a la condición de la mujer si da cuenta de problemáticas sociales, políticas e históricas. La excepción, de nuevo, es Díaz Lozano que en su obra cuentística, Perlas de mi rosario (1930) y Topacios (1940) construye personajes femeninos que desafían de manera gozosa y exitosa la ideología patriarcal, tratando incluso temas tabú como la infidelidad femenina. Díaz Lozano fue nombrada candidata, en 1974, al Premio Nobel de Literatura.

La costarricense Yolanda Oreamuno (1916-1956) es una figura que impacta el conjunto de la narrativa centroamericana. Su única novela, La ruta de su evasión (1949), se ha convertido ya en un clásico de la literatura latinoamericana. Esta novela es la primera en el istmo centroamericano que narra desde un cuerpo sexuado femenino la vivencia de ser mujer en una sociedad patriarcal y la resistencia a los dispositivos simbólicos patriarcales en la familia y la sociedad. Oreamuno visibiliza la intersección sexualidad y poder que permite relaciones de dominación-subordinación entre los sexos11. Esos mismos mecanismos patriarcales son los que invisibilizaron su obra puesto que revolucionaba no sólo los estereotipos genéricos de la identidad sino, asimismo proponía nuevas técnicas narrativas que rompían con los cánones del realismo en la literatura.

La nicaragüense Rosario Aguilar (1938-) da continuidad a esa perspectiva psicológica en la novela y a la enunciación desde un cuerpo sexuado femenino que ha sido violentamente expropiado del control de su cuerpo y sexualidad. Las novelas paradigmáticas son Primavera sonámbula (1964) y Quince barrotes de izquierda a derecha (1965). La segunda plantea ya el problema de la enunciación: el hablar y saber desde dónde se habla. Esta será una constante en la obra posterior de Aguilar contribuyendo de manera notable a la semiótica del discurso literario actual de la mujer en el ámbito centroamericano12. Además, es la primera escritora centroamericana que tocará de manera explícita la temática de la guerrilla en el contexto de la represión política con la novela El guerrillero (1976)13. La protagonista de esta obra inicia un proceso de concientización en lo político y lo ideológico que culminará con las heroínas combatientes de los 7 Relatos sobre el amor y la guerra (1986)14. En su obra se encuentra ya esa reflexión referida a la identidad y la sexualidad femeninas que cuestiona los mandatos culturales y construye el cuerpo femenino como el espacio contestatario en la lucha por el poder para nombrarse y nombrar su lugar en ese imaginario social del que ha sido excluida. En este quehacer, Aguilar introduce temas tabú en la literatura centroamericana como la infidelidad, el aborto y el rechazo a la maternidad; y personajes que en ese desafío a la identidad tradicional como esposas, madres e hijas, se encuentran atrapadas en un contexto de desigualdades económicas y políticas. Las protagonistas, al reflexionar sobre lo limitado de sus opciones, ligan su lucha personal con problemas nacionales que se dan fuera de su cuerpo15. Otra de las aportaciones importantes de la obra es el relato que protagoniza Leticia, en el que se encuentra ya la representación literaria, desde una visión exterior, de la costa del Caribe. Finalmente La niña blanca y los pájaros sin pies es la primera obra del género de la nueva novela histórica que se publica en Nicaragua en octubre de 1992.   

Con Cenizas de Izalco (1966), de la salvadoreña Claribel Alegría y David Flakoll, se consolida el tema de la introspección femenina y el rechazo y cuestionamiento de la estructura patriarcal en lo individual, en lo familiar y en lo político. El conflicto se resolverá en el relato testimonial No me agarran viva (1983), en el que ya se encuentra una propuesta de utopía. Esta conciencia social revolucionaria marcará el desarrollo de la literatura de mujeres centroamericanas. La escritura de Alegría se centra en dos temas, las guerras civiles y los territorios sexuales, revisando los términos de la lucha para referirse a inequidades de género y políticas. Sus personajes muestran el despertar a las limitaciones que la sociedad les impone, y el proceso de resistencia hasta construirse como agentes de cambio. Alegría incluye diarios y testimonios, mostrando mujeres en el proceso de escribir o de leer como medios de reflexión y de transformación de su identidad16.

Carmen Naranjo (1928-) es una de las escritoras más reconocidas de Costa Rica, escribe novela, cuento y poesía. Urbina y Palacios señalan como paradigmático de su obra a la novela Los perros no ladraron (1966). El texto cuestiona las estructuras de poder, entre ellas las genéricas, y los límites que imponen a la sociedad centroamericana. Una característica de Naranjo, que Palacios destaca, es que escribe su obra teniendo como protagonistas a varones en lo que la investigadora denomina narradora ventrílocua17. Por este concepto se entiende la utilización de un narrador masculino en la posición de autoridad y productor para hacer evidente la jerarquía masculina/femenina y desafiar la hegemonía masculina del texto.

Urbina menciona como una figura importante en esta tradición a la poeta y cuentista panameña Moravia Ochoa López (1939-) que continúa con ese proceso de afirmación de un cuerpo y una conciencia sexuadas femeninas en la década de los sesenta. Ochoa publica nueve libros de poesía entre 1969 y 1984; y tres de cuento: Yesca (1964), El espejo (1968) y Juan Garzón se va a la guerra de 1992 (Nathan et al, 1993: 97). La poeta guatemalteca Ana María Rodas (1937) en la colección de cuentos Mariana en la tigrera (1996) dará continuidad a la expresión del cuerpo y erotismo femenino. Igualmente, Mildred Hernández (Guatemala, 1966) reafirma esta apropiación del cuerpo y la sexualidad femeninas en su libro de cuentos Orígenes (1995). Diario de cuerpos (1998) de Hernández es una obra que aunque considerada como narrativa roza las fronteras de la poesía. Llama la atención que son las poetas que se han acercado al género cuentístico las que desarrollan el proceso de creación en una relación más cercana con el cuerpo y la sexualidad femeninas. Sin embargo, no es de extrañar ya que es en la poesía donde las escritoras centroamericanas han liberado y recreado la sensualidad y el erotismo del cuerpo femenino.

La panameña Gloria Guardia (1940-) es una autora que en el rompimiento de los cánones estéticos con El último juego (1977) marca el hito de la literatura centroamericana en general y de la panameña en particular. Plasma ese sueño del operativo guerrillero que logra penetrar y quebrantar el centro mismo del poder18. Escrita desde una subjetividad femenina que utiliza el recurso de la voz ventrílocua, es una novela que desmantela el poder político y patriarcal. Otra de sus aportaciones es que inserta a la sociedad de consumo como un elemento importante de la novela. La novela Libertad en llamas (1999) dará continuidad al género de la nueva novela histórica teniendo como personajes a mujeres que luchan por el protagonismo histórico y social. Cartas Apócrifas (1997) presenta una nueva ruptura, es una narración en forma epistolar de seis escritoras que han trascendido la historia. La obra representa una intersección del género epistolar con el cuento y la crítica literaria. Se observa, además, un dialogo entre la autora que, a decir de Cecilia Balcázar19, expresa su propia voz a través de las voces de estas escritoras que la han escogido y que han sido escogidas por Guardia.

El valor subversivo de las ficciones de Claribel Alegría, Rosario Aguilar, Gioconda Belli, Tatiana Lobo y Gloria Guardia que han venido no sólo a cuestionar la historia oficial sino a reemplazarla, se ve ejemplicado a continuación: Cenizas de Izalco de Alegría, es desde 1977, libro de texto en el plan de estudios de educación secundaria de El Salvador. Asalto al paraíso de Lobo, se ha convertido en un libro de texto utilizado en la enseñanza de la historia y como fuente de investigación acerca de las insurrecciones indígenas y la esclavitud de los negros. Como un ejercicio escolar interesante que realizan estudiantes de licenciatura en Historia, se han confrontado el discurso literario y la documentación histórica. Asimismo, forma parte de la bibliografía obligatoria para los alumnos de Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica. Rosa Sarmiento (1968) de Aguilar ha permitido a los nicaragüenses recuperar y valorar la figura de la madre de Rubén Darío, una figura invisibilizada por rebelarse a la visión culturalmente aceptada de la madre. En el museo dedicado a Darío en León, su ciudad natal, se cuenta ahora su vida teniendo como base la novela. El valor simbólico de la escritura de Belli se muestra en el señalamiento de Urbina de que los libros vendidos de La mujer habitada han sobrepasado a todos los de los novelistas centroamericanos20. El último juego de Guardia ha sido declarada patrimonio cultural de la nación panameña, se le considera uno de los libros fundadores de la identidad nacional y forma parte de los textos que se leen en las escuelas de educación pública.  

El texto Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia (1983) escrito por Elizabeth Burgos-Debray a partir del testimonio de Rigoberta Menchú21 (1959-) es el texto de la década de los ochenta que marca la tradición de una escritura de mujeres y, además, cuestiona los cánones literarios, en general, dando lugar a una nueva ruptura. El texto recupera la voz de una mujer indígena, esto es, la voz de los subalternos en el contexto del genocidio indígena del movimiento revolucionario guatemalteco; y somete a prueba las capacidades enunciativas del subalterno, como mujer y como indígena, para nombrar su mundo y transformarlo. Menchú cuestiona a la narrativa desde el testimonio y consagra a éste como género literario de la subalternidad22. La discusión académica que este texto ha generado desde su publicación no se ha agotado y continúa reformulando la discusión en la teoría literaria y en disciplinas como la antropología respecto al concepto de verdad, y a la epistemología y semiótica del discurso23.  

La nicaragüense Gioconda Belli (1948-) representa un parteaguas en la literatura que hará visible la existencia de una tradición importante y ya consolidada de una literatura de mujeres. Incorpora a las mujeres como sujetos protagónicos en las diferentes esferas de la sociedad y recupera la voz de las mujeres de diferentes grupos sociales, culturales y étnicos incluyéndolas en la discusión sobre la marginalidad y la diferencia que atravesará el conjunto de su obra. Belli introduce el erotismo como fuerza lúdica-creadora y como espacio de resistencia a la sensualidad, entendida ésta como sensaciones, sentimientos y erotismo, ámbito desde el cual la mujer cuestiona y redefine su identidad en un sentido positivo de completud, que requiere para su legitimación de una genealogía femenina de mujeres rebeldes. Esa concepción del erotismo que fusiona la vitalidad erótica y la vitalidad política en un cuerpo de mujer representa una transgresión y un nuevo lenguaje que redefine los significados que las instituciones patriarcales han establecido como mandato cultural del deber ser femenino y, afirma la constitución de un nuevo sujeto en el discurso literario. En relación con esa genealogía que se construye por vía matrilineal, las mujeres de Belli son huérfanas en la búsqueda de la reconstrucción de una memoria de la madre, de una tradición femenina de resistencia que al asignarle un lugar en esa genealogía legitime su deseo de luchar por un nuevo posicionamiento con acceso a bienes y recursos materiales y simbólicos para enfrentar y subvertir el orden socio-cultural patriarcal (empoderamiento). En las novelas, la protagonista toma conciencia de las limitaciones que el patriarcado impone a sus aspiraciones, en un despertar exacerbado por la carencia de una historia de antecedentes femeninos que ofrezca un sentimiento de sororidad24 originado en esas nuevas expresiones de relación entre mujeres basadas en el acompañamiento, la cooperación, la reciprocidad, la simpatía y la empatía que permitan ese proceso de afirmación de su identidad como individuo sexuado femenino. La búsqueda de la madre se plantea, por tanto, como fundamental en la definición de sí mismas y como fuente de poder para el desafío. Esta característica de orfandad de las protagonistas es señalada por Barbara Dröscher como una figura literaria central en la narrativa femenina centroamericana publicada a partir de la década de 197025. En Waslala (1996) se encuentra ya una propuesta de utopía que se deriva del feminismo ecológico y que cuestiona el consumismo y los efectos perversos que los procesos de globalización han tenido sobre las sociedades latinoamericanas. Además, la obra es importante porque recupera como contexto geográfico de la trama la región del Caribe. La mirada, sin embargo, recrea una visión desde el exterior. Finalmente, El país bajo mi piel. Memorias de amor y de guerra (2001) es un texto en el que relata sus experiencias desde su posicionamiento como mujer, escritora, feminista, revolucionaria y madre. Este texto interroga al sistema literario transgrediendo a la novela y al testimonio desde la autobiografía y la memoria26.

Tatiana Lobo es una escritora de origen chileno nacionalizada costarricense, vive en este país desde 1967 y ha desarrollado el conjunto de su obra narrativa (novela y cuento) teniendo como tema la historia de Costa Rica. Se ha señalado, incluso, que en sus novelas se encuentra una reescritura de la historia del país que ha cuestionado una historia e identidad nacional basada en supuestos de pureza de sangre, valores democráticos e igualitarios, asimismo, han tenido, a decir de Urbina, implicaciones muy importantes para la historiografía literaria y la historia de la mujer en Centroamérica. En el conjunto del istmo centroamericano, la novela Asalto al paraíso (octubre, 1992) es reconocida como la que inicia el género de la nueva novela histórica, sin embargo, como antes se señala, Rosario Aguilar publica La niña blanca y los pájaros sin pies en la misma fecha en Nicaragua. Lobo rescata la presencia y resistencia de los indígenas y las mujeres en el proceso de colonización e introduce nuevos hilos en ese tejido social en el que el componente étnico se encuentra entrecruzado con el género, presentando mujeres indígenas, mestizas y africanas. Esta última presencia, la de los afrocaribeños, se encontrará en Calypso (1996) haciendo visible en el imaginario literario costarricense a estos nuevos sujetos con una mirada desde el centro del discurso. En esta obra recupera la fuerza transgresora de una herencia de origen matrilineal de tres generaciones de mujeres de una misma familia y cuestiona los efectos de la globalización27, como lo hace Belli y como lo hiciera Gloria Guardia. Sus textos se caracterizan por esa resistencia que al igual que en Belli, se transmite como un legado de subversión por la vía matrilineal. La obra El año del laberinto (2000) reafirma su compromiso de rescatar la presencia de las mujeres de diferentes estratos sociales en la historia y la importancia de su participación en la formación del estado-nación. El conjunto de su obra, que incluye el libro de relatos Entre Dios y el diablo (1993), son textos híbridos en dos sentidos: 1) fusionan un arduo trabajo de investigación histórica con la riqueza, el ludismo y la libertad de la imaginación literaria, de hecho incluye las fuentes que dan origen a los relatos; y 2) fusionan las diferentes voces que se encuentran en los procesos derivados de sociedades multiétnicas.

Anacristina Rossi (1952) dará continuidad a la nueva novela histórica recuperando a ese grupo desterrado del imaginario social costarricense: los afroantillanos de Puerto Limón. La novela recrea la historia de resistencia a la explotación bananera, la discriminación racial de la comunidad negra, la militancia a favor de sus derechos y ese sueño de construir, en África, una república libre para los negros que trascendía las fronteras y que unificaba a los negros limonenses, con los jamaiquinos, los norteamericanos y los africanos. El texto es híbrido en el primer sentido arriba señalado y se encuentra un apartado final en el que señala las fuentes por capítulo. Asimismo es híbrido porque se recuperan las voces, en su particular manera de expresarse, en una mezcla de español, inglés y creole. Además en ese retrato de ese mundo negro recupera la herencia cultural de las diferentes razas que le dieron origen:

la pasión victoriana por los rituales y los espectáculos, la pasión africana por el canto, el baile y el más allá, la pasión inglesa por la poesía y la literatura y la pasión jamaiquina por definir una identidad.28

La mirada con la que Rossi recrea ese mundo del Caribe costarricense es desde una visión interior pero ya antes había escrito otra novela, La Loca de Gandoca(1991), desde esa perspectiva.

Leticia de Oyuela (1935) es la primera escritora en Honduras que, en esa ruptura de los cánones, fusiona la investigación histórica con el discurso literario, apuntando de manera meticulosa las fuentes en sus dos colecciones de cuento: Dos siglos de amor (1997) y De santos y pecadores (1999). Las Sin Remedio (2001) incorpora relatos, que tienen como origen la historia oral, de mujeres que desafían el deber ser femenino pero que finalmente son sometidas por amor. De esta manera se hace visible el sentimiento amoroso como aquel que mediatiza el deseo de independencia y protagonismo.  

Tatiana Lobo y Anacristina Rossi escriben sobre el Caribe negro desde el Valle Central de Costa Rica, esta visión se verá modificada con la escritura de las autoras creoles beliceñas. Zee Edgell (1940) publica la primera novela del Belice independiente29. Beka Lamb (1982) es la primera novela de Edgell y será, además, la primera novela escrita por un autor beliceño con una difusión internacional. In times like these (1991) corresponde al género de la nueva novela histórica. Recupera desde la visión de una mujer el contexto político, social y cultural de finales de la década de los setentas. La lucha de los beliceños, colonia británica, por la independencia y su proyecto de nación al margen de las disputas de Inglaterra y Guatemala por los reclamos territoriales de este último. El proceso en que Belice se sacude la dependencia colonial corre paralelo al proceso en que la protagonista asume su independencia del orden simbólico patriarcal. The festival of San Joaquin (1997) tiene como protagonista a una mujer mestiza víctima de la doméstica que mata a su marido. Una preocupación de esta escritora es dar voz a los diferentes grupos étnicos que integran el mosaico racial de Belice. Edgell escribe en inglés pero en los diálogos de sus protagonistas recupera el creole del habla cotidiana. Esta hibridez se presenta más acentuada en la cuentista Zoila Ellis (1957) ya que los personajes, hombres y mujeres, son personas comunes del pueblo. Relata sus experiencias, sus carencias, sus sueños y aspiraciones. Evadne García (1950) escribe ya cuento y novela en creole. La inquietud por preservar la tradición oral como parte de su identidad cultural ha provocado el surgimiento de un género híbrido que se encuentra entre el folklore y la literatura. Cuentistas como Meg Craig30, la escritora garífona Jessie Castillo31, Felicia Hernández32 y Elizabeth Joan Cárdenas33 dan cuenta del género. 

Para terminar, la escritora nicaragüense Milagros Terán utiliza el diario íntimo como un medio de desnaturalización de la identidad en “El diario de una poeta” (1994). Este uso del diario íntimo se encuentra en la novela Memorias del año de la Cayetana (2003) de Jacinta Escudos (1961-) que narra el intento de una joven por escribir una novela, y para ello se enfrenta a la lucha interna de adaptar a la literatura su vida privada, la cual va plasmando en un diario. Ambas escritoras afirman el diario íntimo como género literario y al hacerlo no sólo cuestionan el canon sino que, asimismo hacen de lo privado, lo individual y personal un hecho social, desnaturalizando y subvirtiendo los mandatos culturales de feminidad. Esta utilización del diario como un medio de reflexión de las mujeres en el proceso de leer o escribir el texto, tiene como antecedente a Claribel Alegría en Cenizas de Izalco (1966) y a Rosario Aguilar en Primavera Sonámbula (1964). Por otra parte, en este corpus se incluye la novela La carta (1996) de Maria Lourdes Pallais que retoma la forma del género epistolar.

Me parece propio señalar que esta tradición literaria de escritura femenina ha tomado por asalto a la escritura, parafraseando a Lobo, para dar cuenta de ese proceso de enunciación de un cuerpo y una conciencia sexuados que muestra que al introducir el concepto de género sexual como eje de su narrativa, intencionalmente o no, dan cuenta de una lucha y estrategias de resistencia para combatir esa colonización de los cuerpos y de la memoria de las mujeres. Al hacerlo, han hecho visibles la colonización y marginalidad de otros grupos sociales que han quedado fuera de la construcción del concepto de ciudadanía en el discurso humanista que da sustento a las sociedades patriarcales. En este quehacer literario de subversión de las instituciones sociales y culturales, entre las cuales se encuentra la literatura, han marcado el sentido de una tradición importante de narradoras centroamericanas y han ejercido una tarea de ruptura y renovación de los cánones en el conjunto de la narrativa centroamericana.

El recorrido anterior no agota la riqueza de la narrativa de mujeres centroamericana. Para dar muestra de ello se incluyen, para terminar, una serie de cuadros que dan cuenta de 275 narradoras que publican desde la última década del siglo XIX hasta el presente. Se distribuyen por países como sigue: El Salvador, 21; Honduras, 33; Costa Rica, 85; Guatemala, 58; Panamá, 20; Nicaragua, 51; y Belice, 7.

 

Cuadro 2

Narradoras salvadoreñas, año de nacimiento y género narrativo

El Salvador

Nombre

Año de nacimiento

Género narrativo

1. Rafaela Salvadora Contreras Cañas

1869-1893

Cuento

2. María Guadalupe Cartagena

-------

Novela

3. Amparo Casamalhuapa de Marroquín

1909-1971

Cuento y novela

4. Blanca Lidia Trejo

-------

Cuento y novela

5. Pilar Bolaños

-------

Cuento y novela

6. Norma Seoane

-------

Cuento

7. María Álvarez de Guillén

-------

Novela

8. Yolanda Consuegra Martínez

-------

Cuento y novela

9. Eva Alcaine de Palomo

-------

Cuento

10. Carmen Delia de Suárez

-------

Novela

11. María Elena Mendoza

-------

Novela

12. Matilde Elena López Fischnaler

1922-

Cuento

13. Claribel Alegría

1924-

Cuento, novela, testimonio y cuento infantil

14. Mélida Anaya Montes

1929-198?

Cuento

15. Mercedes Durand

1933-1999.

Cuento y novela (murió antes de terminarla)

16. Carmen González Huguet

1958-

Cuento y novela

17. Jacinta Escudos

1961-

Novela y cuento

18. Yanira Soundy

1964-

Cuento infantil, novela

19. Aída Párraga

1966-

Cuento

20. Claudia Hernández

1975-

Cuento

21. Maura Echeverría

-------

Cuento


Cuadro 3

Narradoras hondureñas, año de nacimiento y género narrativo

Honduras

Nombre

Año de nacimiento

Género narrativo

1. Lucila Gamero de Medina

1873-1964

Novela y cuento

2. Ángela Ochoa Velásquez

1886-1969

Novela

3. Fausta Ferrera

1891-1970

Cuento

4. Francisca Puig Coderch

1893-1972

Cuento y novela rosa

5. Pacita Hernández

-------

Cuento

6. Cristina Hernández de Gómez

1900-1993

Novela

7. Paca Navas de Miralda

1900-1969

Novela y cuento

8. Argentina Díaz Lozano

1910-1999

Cuento y novela

9. Mercedes Laínez de Blanco

1900-?

Cuento

10. Clementina Suárez

1906-1991

Relato

11. Emma Moya Posadas

1915-

Cuento

12. Ángela Valle

1920-

Cuento

13. Paula Herminia (“Mina”) Cisneros

1926-

Cuento y novela

14. Mimí Díaz Lozano

1928-

Cuento

15. Rubenia Díaz de Ortega

1929-

Cuento y relato

16. Eva Thais

1931-

Cuento

17. Elvia Lya Castañeda

1932-

Cuento

18. Estela Jovel Pavón

1933-

Cuento

19. Leticia de Oyuela

1935-

Cuento

20. Gipsy Silverthone

1938-1990

Novela

21. Aída Castañeda de Sarmiento

1940-

Cuento

22. Marta Susana Prieto

1944-

Novela y cuento

23. Blanca Antonieta Flores

1953-

Cuento

24. María Eugenia Ramos

1959-

Cuento

25. Débora Ramos

1962-

Cuento

26. Rocío Tábora

1964-

Cuento

27. Waldina Mejía

------

Cuento

28. Mónica Romero

1971-

Cuento

29. Carolina del Valle

-------

Cuento

30. Elia Zelaya Espinal

-------

Cuento

31. Daisy Minera de Gutiérrez

-------

Cuento

32. Carolina Alduvín

-------

Cuento

33. Reina Victoria Estrada

-------

Cuento

 

Cuadro 4

Narradoras costarricenses, año de nacimiento y género narrativo

Costa Rica

Nombre

Año de nacimiento

Género narrativo

1. Juana Fernández Feraz

1855-?

Novela

2. Caridad Salazar Fernández de Robles

1872-?

Novela

3. María Fernández le Cappellain de Tinoco

1879-1961

Novela

4. Carmen Lyra

1888-1949

Narrativa infantil y juvenil, cuento, relato y novela

5. María Leal de Noguera

1892-1989

Cuento infantil

6. Corina Rodríguez López

1893-1982

Cuento

7. Raquel Sáenz Zumbado de Arce

1898-1963

Cuento infantil

8. Adela Ferreto de Sáenz

1903-1987

Cuento y novela

9. Edelmira González Herrera

1904-1988

Cuento y novela

10. Luisa González Gutiérrez

1904-1999

Novela

11. Lilia Ramos

1905-1987

Narrativa infantil y juvenil, cuento, relato y novela

12. Blanca Milanes

1905-1986

Cuento

13. Yolanda Oreamuno

1916-1956

Cuento y novela

14. Hermina Sanabria Ortiz

1916-

Relato testimonial

15. Rosalía Muñoz Picado

1917-

Novela

16. Clara Amelia Acuña de Sojo

1918-

Cuento infantil

17. Eunice Odio

1919-1974

Cuento

18. Betty Rita Gómez Lance

-------

Cuento

19. María Lilia Montejo Ortuño

1922-1983

Cuento

20. Margot González López

1922-

Cuento

21. Julieta Pinto

1922-

Cuento y novela

22. Hilda Chen Apuy

1923-

Cuento

23. Nidia Sáenz

1925

Relato testimonial

24. Victoria Urbano

1926-

Cuento

25. Carmen Naranjo

1928-

Cuento y novela

26. Myriam Francis Brenes-Góngora

1928-

Cuento

27. Delfina Collado

1929-

Novela y Cuento infantil

28. Virginia Grüter

1929-

Cuento y novela

29. Rima Gretel Rothe de Vallbona

1931-

Cuento y novela

30. Inés Trejos de Montero

1932-

Cuento

31. Miryam Bustos Arratia

1933-

Cuento y novela

32. Rocío Sanz

1934-1993

Cuento

33. Elsa María Sáenz Ferreto

1934-

Relato testimonial

34. Marilyn Echevarría Zürcher de Sauter

1934-

Cuento y novela infantil

35. Tatiana Lobo

1939-

Cuento y novela

36. Elizabeth Odio Benito

1940-

Cuento

37. Silvia Mora Martínez

1943-

Cuento

38. Alejandra Gutiérrez

1943-

Novela

39. Floria Herrera Pinto

1943-

Cuento y novela infantil y juvenil, cuento

40. Anie Brenes

-------

Cuento infantil

41. Lily Guardia

-------

Cuento

42. Yadira Calvo

-------

Cuento

43. Aravella Salaverry

-------

Cuento

44. Cary Sagot

-------

Cuento infantil

45. Mariaamalia Sotela de Berrocal

1945-

Cuento

46. Olga Emilia Brenes Chacón

1945-

Cuento infantil

47. Saray Amador Hernández

1945-

Cuento

48. Marjorie Ross

1945-

Biografía novelada

49. Mabel Hilda Morvillo Frisote

1947-

Cuento

50. Vilma Faingezicht

1947-

Cuento

51. Rosibel Morera

1948-

Novela

52. Alejandrina Gutiérrez Ortega

1948-

Cuento

53. Emilia Macaya

1950-

Cuento

54. Linda Berrón

1951-

Cuento y novela

55. Amalia Sollet Hernández

1951-

Cuento

56. Anacristina Rossi

1952-

Cuento y novela

57. Alicia Miranda Hevia

1952-

Cuento y novela

58. Mía Gallegos

1953-

Cuento

59. Ana Rojas

1953-

Novela y relato

60. Nidia Barboza Mesén

1954-

Cuento

61. Magda Zavala

-------

Cuento y novela

62. Roxana Pinto

-------

Novela

63. Janina Bonilla

-------

Cuento

64. Silvia Kruse

1956-

Cuento

65. Dorelia Barahona

1959-

Cuento y novela

66. Gabriela Chavaría

1961-

Cuento

67. Xenia Estrada Mena

1964-

Cuento

68. D’lia McDonald

1965-

Cuento

69. Ishtar Yasin Gutiérrez

1968-

Cuento

70. Valeria Varas

-------

Relato

71. María Montero Zeledón

1970-

Cuento

72. Jaleh Alicia Ruhe

1971-

Novela

73. Elba Cleves Serrano

-------

Cuento

74. Sonia Morales SolArte

-------

Cuento

75. María Luisa Fernández Luthy

-------

Cuento

76. Vilma Loría Cortés

-------

Cuento y novela

77. Virginia Zúñiga Tristán

-------

Cuento

78. Yolanda Ingianna Mainieri

-------

Cuento

79. Luz María de la Cruz Rendón

-------

Cuento

80. Catalina Murillo

-------

Relato

81. Marta Rodríguez

-------

Cuento

82. Ana De Langton

-------

Novela

83. Chavela Vargas

-------

Novela

84. Giovanna Giglioli

-------

Cuento

85. Laura Fuentes

-------

Cuento

 

Cuadro 5

Narradoras guatemaltecas, año de nacimiento y género narrativo

Guatemala

Nombre

Año de nacimiento

Género narrativo

1. Luz Valle

1896-1971

Cuento

2. Magdalena Spínola

1897-1991

Cuento

3. Romelia Alarcón Folgar

1901-1971

Cuento

4. Lily Aguirre

¿-1973

Cuento

5. Elisa Fernández Hall de Arévalo

-------

Novela

6. Malín D’Echevers

-------

Novela

7. Blanca Luz Molina Castañeda

1920-198?

Cuento y novela

8. Alaíde Foppa

1921-1981

Cuento

9. Walda Valenti Donnelli

-------

Cuento y novela

10. María Eugenia Carrillo

-------

Cuento

11. Teresa Arévalo Andrade

1926-

Cuento y novela

12. Esmeralda Putzeys Illescas

1926-

Cuento

13. Lola Villacorta Vidaurre

-------

Cuento

14. Catalina Barrios y Barrios

1929-

Cuento

15. Margarita Carrera

1929-

Biografía novelada

16. Irina Darlee

-------

Novela

17. Leonor Paz y Paz

1932-2000

Cuento y novela

18. Ana María Rodas

1937-

Cuento

19. Norma García Mainieri

1940-1998

Cuento y novela

20. Circe Rodríguez

1940-

Cuento

21. Tania Díaz

1945-

Cuento

22. Ligia Rubio-White

1950-

Cuento

23. Marcela Valdeavellano

1951-

Cuento

24. Flora Chavarri

1951-

Cuento

25. Aída Toledo

1952-

Cuento

26. Ivonne Recinos

1953-

Cuento

27. Eugenia Gallardo

1953-

Cuento

28. Ligia Escribá

1954-

Cuento

29. Sagrario Castellanos

1954-

Cuento

30. Ruth Piedrasanta

1958-

Cuento

31. Rigoberta Menchú Tum

1959-

Testimonio y cuento infantil

32. Ana María Sandoval

1959-

Cuento

33. Gloria Hernández Montes de López

1960-

Cuento

34. María Odette Canivell Arzú

1960-

Novela

35. Mildred Hernández

1966-

Cuento

36. Patricia Cortez Bendfeldt

1967-

Cuento

37. Brenda Morales

1967-

Cuento

38. Johanna Godoy

1968.

Cuento

39. Jessica Masaya Portocarrero

1972-

Cuento

40. Regina José Galindo

1974-

Cuento

41. Lucía Escobar

1975-

Cuento

42. Margarita Toruño

-------

Cuento

43. Paola Judith Herrera

-------

Cuento

44. Corina Bress

-------

Cuento

45. Angélica de la Vega

-------

Cuento

46. Nancy Quiñónez

1977-

Cuento

47. Vanesa Toledo

1978-

Cuento

48. Aída Niederheitmann

-------

Cuento

49. DINA del Carmen Rodas Jeréz

-------

Cuento

50. Samara de Córdova

-------

Cuento y novela

51. Alcina Lubith Domecq

-------

Cuento

52. María Mercedes Arrivillaga Orantes

-------

Cuento

53. Ruth García Granados

-------

Cuento

54. Marta Josefina Herrera

-------

Cuento

55. María Magdalena Ponce de Véliz

-------

Cuento

56. Doris Putzeys de Fuentes

-------

Cuento

57. Telma del Río

-------

Cuento

58. Blanca de Wolley

-------

Cuento

 

Cuadro 6

Narradoras panameñas, año de nacimiento y género narrativo

Panamá

Nombre

Año de nacimiento

Género narrativo

1. Graciela Rojas Sucre

1904-

Cuento infantil y cuento

2. Acracia Sarasqueta de Smith

191?

Novela

3. Luisita Aquilera de Patiño

1914-

Novela

4. Stella Sierra

1917-

Cuento

5. Yolanda Camarano de Sucre

-------

Novela

6. Rosa Quirós de Martín

-------

Relato

7. Juana Oller de Muldorf

-------

Cuento y relato

8. Rosa María Britton

1936-

Cuento y novela

9. Griselda López

1938-

Cuento

10. Moravia Ochoa

1939-

Cuento

11. Bertalicia Peralta

1940-

Cuento

12. Isis Tejeira

-------

Cuento y novela

13. Gloria Guardia de Alfaro

1940-

Cuento, novela y relato

14. Sonia Ritter de Fledderjohn

1940-

Cuento

15. Bessy Reyna

1942-

Cuento

16. Beatriz Valdes

-------

Cuento

17. Giovanna Benedetti

1949-

Cuento

18. Consuelo Tomas Fitzgerald

1957-

Cuento

19. Lilia Algandona

1968-

Cuento

20. Mercedes Arias

-------

Novela

 

Cuadro 7

Narradoras nicaragüenses, año de nacimiento y género narrativo

Nicaragua

Nombre

Año de nacimiento

Género narrativo

1. Carmen Mantilla de Talavera

18¿?-19¿?

Novela

2. María Cristina Zapata

1898-1970

Novela

3. Carmen Talavera Mantilla

19¿?-196?

Novela

4. Margarita Gómez Espinosa

1915-1997

Novela

5. María Teresa Sánchez

1918-1994

Cuento

6. Graciela González

1918-

Novela

7. Olga Núñez Abaunza de Saballos

1920-1971

Novela

8. Ángela Robleto

-------

9. Elioconda Cardoza

-------

Cuento

10. Irma Prego Ortega

1923-2001

Cuento

11. Liliam Valladares

1934

Cuento

12. Blanca Rojas

1936

Cuento

13. Rosario Aguilar

1938-

Novela, relato, biografía y biografía novelada

14. Mercedes Gordillo

1938-

Cuento y novela

15. Christian Santos

1941-

Novela

16. Aurora Sánchez Nadal

1943-

Novela

17. María López Vigil

1944-

Cuento infantil

18. Michel Najlis

1946-

Cuento

19. Saud Marcos

1946-

Autobiografía/ testimonio

20. Isolda Rodríguez Rosales

1947-

Cuento

21. Gioconda Belli Pereira

1948-

Novela y cuento infantil

22. Gloria Elena Espinosa Padilla de Tercero

1948-

Novela

23. Gloriantonia Henríquez

1948-

Narrativa corta

24. Milagros Palma

1950-

Novela

25. Conny Palacios

-------

Cuento

26. María Lourdes Pallais

1953

Novela

27. Mónica Zalaquett

1954-

Novela testimonial

28. Marisela Quintana

1958-

Cuento

29. Karla Sánchez

1958-

Novela

30. Linda Wong-Valle

1958-

Cuento

31. Ninfa Farrach

1958-

Narrativa infantil

32. Helen Dixon

1958-

Narrativa corta

33. Georgina Lupiac Rodríguez

1960-

Cuento

34. Helena Ramos

1960-

Novela

35. Cecilia Ruiz de Ríos

-------

Cuento de terror

36. Milagros Terán

1963-

Diario

37. Patricia Belli

1964-

Cuento

38. Mildred Largaespada

-------

Cuento

39. Tania Excálibur Montenegro

1969-

Cuento

40. Cynara Michel Medina Matus

1971-

Cuento

41. María del Carmen Pérez Cuadra

1971-

Cuento

42. Marta Leonor González

1972-

Cuento

43. Mecker Möller

1972-

Cuento

44. Lucía Martínez Salvo

-------

Cuento

45. Yaosca Tijerino Espinosa

1979-

Cuento

46. María Gallo

-------

Cuento y novela

47. Crisnel Sánchez Argüello

-------

Cuento

48. María Estela García Flores

-------

Cuento

49. Alba Patricia Ordóñez Pallaviccini

-------

Cuento

50. María de los Ángeles Santos

-------

Cuento

51. Martha Sofía Amaya Delgado

-------

Cuento

Cuadro 8

Narradoras beliceñas, año de nacimiento y género narrativo

Belice

Nombre

Año de nacimiento

Género narrativo

1. Zee Edgell

1940-

Novela

2. Zoila Ellis

1957-

Cuento

3. Evadne L. Wade García

1950-

Narrativa infantil y novela

4. Meg Craig

-----

Tradición oral

5. Jessie Castillo

-----

Tradición oral

6. Elizabeth Joan Cárdenas

-----

Tradición oral

7. Felicia Hernández

-----

Cuento y tradición oral

© Consuelo Meza Márquez


Bibliografía

arriba

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Notas

arriba

vuelve 1. Su papel como renovadora del canon literario se da sobre todo en la poesía. El texto que hace ruptura es Poemas de la izquierda erótica que se publica en 1973, un año antes que Sobre la grama de Gioconda Belli.

vuelve 2. Nydia Palacios Vivas. Voces femeninas en la narrativa de Rosario Aguilar. Editorial Ciencias Sociales Managua, Nicaragua, 1998.

vuelve 3. Nicasio Urbina.“Conciencia y afirmación: el desarrollo de la literatura escrita por mujeres en América Central”. Conferencia magistral presentada en el Primer Congreso de Escritoras Centroamericanas. Universidad Centroamericana (UCA). Marzo 12 al 14, 2002. Managua, Nicaragua.

vuelve 4. Laura Barbas Rhoden. The fictionalisation of History in Central American Women’s narrative, 1966-1996(2000). Dissertation manuscript. Tulane University, Department of Spanish and Portuguese. New Orleans, LA.

vuelve 5. Las novelas que Laura Barbas analiza son Cenizas de Izalco (1966), Despierta, mi bien, despierta (1986) y No me agarran viva (1983).

vuelve 6. Los textos que Barbas analiza son Las doce y veintinueve (1975), Siete relatos sobre el amor y la guerra (1986) y La niña blanca y los pájaros sin pies (1992).

vuelve 7. Barbas estudia La mujer habitada (1988), Sofía de los presagios (1992) a la que no considera una novela histórica pero sin embargo comparte con el resto de la obra de Belli esa preocupación por la historia de la mujer, y Waslala (1996).

vuelve 8. Los textos que Barbas analiza son las novelas Asalto al paraíso (1992) y Calypso (1996), y el libro de relatos Entre Dios y el diablo (1993).

vuelve 9. Barbas, op.cit., 1-26, 202-214.

vuelve 10. Helen Umaña. Panorama Crítico del cuento hondureño (1881-1999). Letra Negra/Iberoamericana, Tegucigalpa, 1999, p. 30.

vuelve 11. Urbina, op. cit.

vuelve 12. Urbina, op. cit.

vuelve 13. Palacios. op.cit., 32.

vuelve 14. Esta característica en la que a lo largo del conjunto de su obra, las protagonistas toman conciencia de su valor como sujetos de transformación social, se presenta asimismo en Claribel Alegría y Gioconda Belli.

vuelve 15. Barbas, op. cit.

vuelve 16. Barbas, op. cit.

vuelve 17. Nydia Palacios señala haber tomado esta categoría del texto de Jean Franco “Apuntes sobre la crítica feminista y la literatura hispanoamericana” en Hispamérica 15-45, 1986. pp. 31-43. Franco, en este grupo de autoras que utilizan un narrador o una voz poética masculina, coloca a Rosario Ferré, Clarice Lispector y Cristina Peri Rossi (Cfr. Nydia Palacios Vivas. Voces femeninas en la narrativa de Rosario Aguilar. Ediciones del Siglo/JEA. Managua, Nicaragua, 1998. p. 40-41). En este grupo habría que incluir a la mexicana Josefina Vicens por su obra El libro vacío (1958). Por otra parte, en entrevista personal realizada a Gloria Guardia, la autora se refiere a este concepto en el caso de Garrido, el “protagonista” de El último juego.

vuelve 18. Arturo Arias. Gestos ceremoniales. Narrativa centroamericana 1960-1990. Artemis/Edinter, Guatemala, 1998, p. 178.

vuelve 19. Cecilia Balcázar. “Prólogo”. En Gloria Guardia, Cartas Apócrifas. Instituto Distrital de Cultura y Turismo, Colombia, 1997, p. 15.

vuelve 20. Urbina, op. cit.

vuelve 21. Rigoberta Menchú recibe el Premio Nóbel de la Paz en 1992.

vuelve 22. Urbina, op. cit.

vuelve 23. Entre los numerosos textos académicos que la discusión ha generado se sugiere consultar:

Morales, Mario Roberto (Coord.). Stoll-Menchú: La Invención de la Memoria. Consucultura, Guatemala, 2001.

Morales, Mario Roberto. La articulación de las diferencias o el Síndrome de Maximón. Los discursos literarios y políticos del débate interétnico en Guatemala. Consucultura / Editorial Palo de Hormiga, Guatemala, 2002.

Beverley, John y Achugar, Hugo (Coord.). La voz del otro: testimonio, subalternidad y verdad narrativa. Latinoamericana Editores, Lima-Berkeley, 1992 (1ra. edición). Universidad Landivar, Colección Abrapalabra. Guatemala, 2002 (2da. Edición).

vuelve 24. El concepto sororidad proviene del latín soeur, hermana que se distingue del frater, hermano. Posteriormente fue utilizado el concepto de sorority para referirse a las organizaciones de mujeres en las universidades norteamericanas, de manera análoga a las fraternidades de varones. La crítica feminista lo retoma para referirse a una nueva forma de relación entre mujeres, como hermanas, que rompe con las relaciones que tienen como base la ética de competencia que el orden patriarcal ha establecido como modelo entre los seres humanos.

vuelve 25. Barbara Dröscher señala como las más conocidas de estas figuras a Mariana en El último juego (1977) de Gloria Guardia; Olga en Sobrepunto (escrita en 1976 y publicada en 1986) de Carmen Naranjo; y Sofía y Melissandra en Sofía de los Presagios (1990) y Waslala (1996) de Gioconda Belli.Otras características de estas figuras marcadas por el afán de autodeterminación son que las mujeres pertenecen a los estratos sociales altos; se encuentran de cierta manera extrañas en su propio país ya sea porque han sido educadas en el extranjero o por el contacto cercano con otras culturas más desarrolladas; y como transgresoras de los límites culturales y las fronteras nacionales ocupan una posición marginal en la sociedad (Cfr. Dröscher, Barbara. “No tienen madres: deseo, traición y desaparición en la literatura centroamericana escrita por mujeres”. Afrodita en el Trópico: erotismo y construcción del sujeto femenino en obras de autoras centroamericanas (Oralia Preble-Niemi, comp.). Scripta Humanistica, Catholic University of America. Maryland, USA, 1999).

vuelve 26. Urbina, op.cit.

vuelve 27. En el mismo año que Calypso se publica Waslala de Belli, ambas novelas por distintos caminos realizan una crítica al ensanchamiento de las polaridades que el proceso de globalización ha provocado en los respectivos países.

vuelve 28. Anacristina Rossi. Limón Blues. Alfaguara, Costa Rica, 2002, p. 407-408.

vuelve 29. La independencia de Belice se consuma el 21 de septiembre de 1981.

vuelve 30. Characters and caricatures in Belizean folklore (1991).

vuelve 31. Garifuna Folktales.

vuelve 32. Those Ridiculous Days and Other Garifuna Stories (2000).

vuelve 33. East Indian Folk Culture in Belize y Belize Melting Pot


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