Ana Yolanda Contreras

Rebelión e identidad en la palabra y la mala palabra:
Un discurso contra-hegemónico en la novelística de Arturo Arias, Marco Antonio Flores y Mario Roberto Morales

University of North Florida

acontrer@unf.edu

Bibliografía

Por lo general, las generaciones de escritores son nombradas con nombres distintivos y específicos debido a su poética o formalismo escritural. La diversa estilística de la novela que varios escritores introducen como innovación o ruptura con respecto a las anteriores generaciones los hace identificarse como un ente literario aparte en la gran gama de la tradición literaria. Este es el caso de los novelistas guatemaltecos Arturo Arias, Marco Antonio Flores y Mario Roberto Morales, quienes pertenecen a una generación de escritores que se han apropiado del argot y del lenguaje soez e irreverente de las clases medias y bajas urbanas ladinas, para hacerlo presente en su obra. Con este procedimiento han desolemnizado a la literatura guatemalteca, subvirtiendo sus convencionalismos y rejuveneciéndola. Al introducir el habla de los subalternos a la literatura nacional, por un lado, le colocan en un lugar visible en la literatura, y por otro, buscan que se manifieste como contra-discurso a la hegemonía lingüística y socio-política del país. En sus novelas, la transcripción directa del habla guatemalteca con su dinamismo, sus innovaciones, giros y creaciones frecuentes se hace presente, siendo ellas, como ha aseverado Mario Roberto Morales, más novelas del habla que del idioma (Morales, 1986: 81). En las novelas de Arias, Flores y Morales, se lleva a cabo lo que Ángel Rama ha destacado en la Nueva Narrativa Latinoamericana como la recuperación del realismo lingüístico. Esto se evidencia a través de la tendencia de utilizar el lenguaje coloquial, tanto a nivel de personajes, como a nivel de las voces narrativas: “el escritor ha ingresado al mismo lenguaje de sus personajes. Los ha asumido y desde ellos habla” (Rama,1986: 63).

El habla popular o del “vulgo” siempre ha causado revuelo entre los puristas de la lengua cuando la ven plasmada y convertida en literatura. En cualquier cultura encontramos que los puristas de la lengua desde su perspectiva conservadora se auto-denominan “protectores” de ésta, y mantienen que el prestigio de la lengua debe de ser prioridad en la sociedad (Alvar, 1995: 25). Por lo general, dichos individuos pertenecen a las clases elitistas y dominantes, y en su posición socialmente prejuiciada rechazan todo lo que se origina en los sectores populares, incluyendo el lenguaje. Consecuentemente, se observa su empecinado rechazo a cualquier intromisión del lenguaje popular en la lengua oficial arguyendo que estas intromisiones la desprestigian. En su afán por proteger la lengua los puristas “lanzan incesantemente la acusación de mal escritor y violador de la sintaxis castellana” a aquellos literatos que introducen cambios en el “buen decir” a través de modificaciones prosódicas, sintácticas, semánticas, y con la introducción del lenguaje de las diversas clases subalternas (Alvar, 1995: 132). Irónicamente, los que velan por una lengua nacional que proporcione réditos de prestigio no se percatan que su versión purista es tan minoritariamente empleada que su fijación con “el buen decir” se convierte en algo obsoleto.

En Guatemala se evidencian diversas prácticas discursivas que representan a jerarquías concretas. A través del lenguaje se reproducen las confrontaciones de las clases sociales, sus limitaciones y sus tabúes, imagen de la realidad vivida en el país. Aquellos provenientes de las clases posicionadas en la cima de la jerarquía social imponen parámetros dentro de los cuales se debe hablar, escribir y leer. Por lo tanto, Arias, Flores y Morales con la utilización del lenguaje coloquial e irreverente de las clases subalternas, rompen con esas imposiciones y establecen una rebelión simbólica contra el sistema opresivo y conservador de los gobiernos dictatoriales. Además de utilizar un lenguaje que rompe con "el buen decir", se observa la vigorosa utilización de un lenguaje satírico y burlesco como medio de contrarrestar el discurso oficial. Es a través de la identificación con dicho lenguaje, que los personajes y narradores en las novelas de Arias, Flores y Morales, se posicionan como un grupo alterno y contrapuesto al poder. Lo anterior se observa principalmente en: Itzam Na (1981) de Arturo Arias, Los compañeros (1976) y Los muchachos de antes (1996) de Marco Antonio Flores y Los demonios salvajes (1978) de Mario Roberto Morales, obras que servirán de base para el análisis en el presente ensayo.

En la literatura de Arias, Flores y Morales se utiliza la sátira, la burla y el humor. La sátira hay que observarla como un ataque (Scholberg, 1971: 9). Northrop Frye, por su parte, asevera que en la sátira son esenciales dos aspectos: “one is wit or humor founded on fantasy or a sense of the grotesque or absurd, the other is an object of attack” (Frye, 1957: 224). A través de la sátira se patentiza lo desconocido o lo negado. En la sátira se establecen oposiciones y jerarquías, se evidencia la diferencia entre lo bueno y lo malo, el texto y el lector, el lector y su sociedad para causar una máxima tensión. Asimismo, hay una tendencia a dejar las cosas irresueltas, abiertas a la interpretación y al caos. (Connery y Combe, 1995: 1-13). Por su parte, la risa y el humor, dos elementos indispensables en la sátira son fundamentales en la obra de Arias, Flores y Morales. Su función primordial, además de romper con la rigidez y la seriedad, es actuar como motor de crítica. M. M. Bakhtin, en su estudio sobre la obra de Rabelais, profundiza en las funciones de la risa y el humor durante los carnavales de la Europa medieval. La risa, según Bakhtin, se oponía a la seriedad oficial, eclesiástica, feudal y política de esa época, ofreciendo un aspecto completamente anti-oficial, anti-eclesiástico y anti-político del mundo, del hombre y de las relaciones humanas. Con la risa se construía un mundo diferente al oficial, se eliminaban las jerarquías, liberándose temporalmente del orden establecido y de lo que se privilegiaba como verdad. A través de la risa y el humor el individuo podía renovarse y renovar lo que le rodeaba, podía entrar en una región de igualdad, comunidad y abundancia (Bakhtin, 1984: 6-12). Esta teorización de Bakhtin sobre la carnavalización, puede ser aplicada a otros contextos en los cuales la represión estatal y cultural se evidencia. En el caso particular de Guatemala, Arturo Arias explica que la risa, elemento primordial en varios de nuestros autores, se convierte en un medio para contrarrestar el miedo que se experimentaba en tiempos de represión política:

“Por medio de la risa, de la parodia, se buscaba edificar un mundo alternativo al mundo oficial de los militares (…) La seriedad es oficial, autoritaria, asociada a la violencia, a las prohibiciones, a las restricciones; (…) La risa, subversiva, destruye el horror de quienes lo inspiran.” (Arias, 1998: 94)

Como en esos carnavales liberadores de la Edad Media, en las novelas de Arias, Flores y Morales, el lenguaje irreverente, escatológico y vulgar de la cultura popular hace su presencia. A través de la utilización de este tipo de lenguaje, dichos escritores buscan que sus personajes y narradores presenten una identidad alterna que se contraponga simbólica o realmente a la hegemonía socio-política y cultural, y se rebelen contra las imposiciones represivas y autoritarias. Este lenguaje, así mismo funciona como un lazo de unión entre los personajes y resalta el hecho de que éstos comparten los mismos hábitos y persiguen los mismos propósitos. La identidad en su caso se debe entender como una construcción sociocultural, no una estructura social, se trata por tanto de un artefacto cultural que tiene que ver más con las representaciones sociales que con las instituciones sociales. Según Bruno Mazzara, la identidad esencialmente es la forma en que el individuo se percibe en la alteridad, un yo social a partir del contraste con el “otro” (Mazzara, 1999: 56). Consecuentemente, se debe entender la identidad como un concepto intersubjetivo y relacional, es decir una ‘imagen’ o una ‘percepción’ que el sujeto tiene de sí mismo a partir del contraste con el otro.

Por otro lado, para entender la actividad lingüística de los personajes de Arias, Flores y Morales, quienes representan a grupos sociales o unidades colectivas reales, es preciso tomar en cuenta que a través de la propia actividad lingüística de estas colectividades cabe la posibilidad de una producción de discursos o textos, que pueden o no, considerarse como el discurso del grupo en general y no solamente de un miembro del mismo. De acuerdo con Jean Baptist Marcellesi y Bernard Gardin, a pesar de reconocer la autoria del individuo, éste es erigido como "hablante-intelectual colectivo, y el discurso y la ideología del grupo se deben considerar como unidos dialécticamente. El hablante-intelectual colectivo no existe sino en la medida en que existe en el discurso colectivo" (Marcellesi y Gardin, 1979: 20). El discurso, por lo general, se diferencia de los otros grupos por medio de "diversas mociones, resoluciones, intenciones, pero también constantes lingüísticas. Las diversas clases tienen un papel histórico que desempeñar y especialmente las clases antagónicas […]” (Marcellesi y Gardin, 1979: 20). En el contexto de las novelas aquí analizadas, el lenguaje irreverente, escatológico y juvenil que unifica a los narradores y personajes como un grupo aparte los cohesiona y también se presenta como habla de resistencia. Conforme a Carlos Monsiváis el habla juvenil es un “habla de resistencia” debido a que la juventud crea “vocablos para designar nuevas formas de comprensión de la realidad, nuevos métodos de enlace con una sociedad despreciada o rechazada” (en Alarcón, 1978: 11).

En Guatemala, los jóvenes comprometidos con la causa social han sido la principal fuente de rebelión, son sujetos sociales que se rebelan a través de sus acciones políticas, asícomo por medio de su lenguaje. Lo cual inevitablemente desde diferentes perspectivas se ve reflejado en la obra de Arias, Flores y Morales. En lo que respecta al lenguaje irreverente, escatológico y satírico utilizado por la juventud guatemalteca proveniente de las clases media y baja ladina urbana, hay un antecedente de utilización pública e impresa en el movimiento estudiantil de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Este lenguaje mantiene una similitud con el lenguaje utilizado por Arias, Flores y Morales en sus obras. El movimiento estudiantil universitario es un sector contestatario, que a partir de 1898 hizo del lenguaje popular irreverente y soez su medio de rebelión y protesta contra el sistema represivo y dictatorial de Manuel Estrada Cabrera y de sus sucesores creando la Huelga de Dolores. De acuerdo con Celso Lara Figueroa, esta actividad se inicia como “un fiel reflejo de las aspiraciones populares en contra de las dictaduras y de la opresión a las ideas y a la libertad” (en Barnoya, 1987: C). En la Huelga de Dolores se utiliza un humor mordaz, blasfemo e hiriente para satirizar a los organismos de poder. En un sólo día de burla y parodia, salen a relucir entre bromas y chistes las verdades sociales y todo aquello que ha estado reprimido. La Huelga de Dolores viene a funcionar en este sentido para el pueblo guatemalteco como los antiguos carnavales medievales sobre los que Bakhtin ha teorizado.

Para apreciar la similitud del lenguaje utilizado por Arias, Flores y Morales es preciso tener una ilustración del lenguaje empleado por el vocero huelguero universitario, el periódico No nos tientes. La siguiente es una cita de la publicación número 100 correspondiente al año 1998 con la que la huelga celebraba su centenario. En esta cita se evidencia la hipótesis sostenida por algunos estudiosos de la jerga, argot o caló cuando observan al “argot como una ‘lengua de combate’” (Dellepiane, 1967: 50):

No nos tientes pelón, pero de ahuevo, ajusta en este día sus seiscientos meses de azarosa, pero fachendosa existencia; tanatal de meses de dar leño, palo y pija a dictadores, corruptores y violadores que han esquilmado, aherrojado y diezmado a millones de habitantes de este país sumiso, enfermizo y ocacarizo. Pero que ahora está a un paso de dictar el juicio final, a tantos malos hijos y que con una poderosa y dolorosa inyección letal acabará con el último de los chafarotes, el enésimo de los presidentes, el quincuagésimo de los ministros y el centésimo de los diputados, para que así desaparezcan de una vez por todas de la faz de este país que tanto tiempo los ha soportado (No nos tientes: 4).

Como puede observarse en la cita anterior, la ideología de los huelgueros universitarios emerge a la superficie sin disimulo. Al igual que en este periódico, en las obras de Arias, Flores y Morales la posición ideológica izquierdista de narradores y personajes se presenta claramente, confirmando lo que Bakhtin ha teorizado sobre la incorporación de la ideología de cualquier narrador a través de su propio lenguaje (Bakhtin, 1981: 311). Por ejemplo, en el capítulo “El convidado de piedra” de la novela de Flores, Los muchachos de antes, Misterneras, el narrador homodiegético de este apartado deja clara su posición ideológica a través de su discurso y lenguaje. En un monólogo Misterneras se dirige a otro compañero revolucionario, el Colorado, quien al momento ya ha sido asesinado:

“¿Te acordás? Esa noche, como muchas otras, era un ir y venir parrafeando de la puerta de tu casa a la de la mía y viceversa. ¿Qué tanto hablaríamos sin descanso? Lo único que recuerdo es que por aquellos días todo nos apasionaba: la revolución, la poesía, el teatro, Cuba, las divinas, los tragos, la inmortalidad del cangrejo, los recuerdos, los viajes, las perlas de la virgen y las de la puta y sus respectivas conchas.” (Flores, 1996: 81).

En la cita anterior resaltan las tendencias ideológicas del narrador y de su interlocutor y una irreverencia de doble sentido. Por un lado, el irrespeto machista hacia la mujer, ya virgen o prostituta, y por el otro, se observa una tendencia profana contra la sagrada figura femenina de la religión católica. El lenguaje que profana lo sagrado, adrede se convierte, en una forma de protesta contra un sistema opresivo que ha hecho uso de la religión como forma de control contra la población. A través de la irreverencia lingüística se ataca lo sagrado, y se refuerza la actitud marxista y atea del hablante.

En las novelas de Arias, Flores y Morales encontramos una marcada polifonía, dónde en algunos casos las voces se confunden y se dispersan, pero sin encontrar una voz narrativa que controle totalmente la narración. En esa escogida polifonía se distinguen aquellas voces que representan la oficialidad, la autoridad represiva y conservadora, ante las cuales, las voces satíricas y paródicas se rebelan y se contraponen. En cada una de estas voces existe una autonomía lingüística, observándose lo que Bakhtin ha teorizado sobre el habla individual de los personajes novelísticos. Según este teórico, cada personaje posee un habla verbal y semánticamente autónoma que representa sus creencias y formas de pensar. Asimismo, esas voces autónomas pueden reflejar las intenciones autoriales y por tanto convertirse en una forma de "segundo idioma del autor" (Bakhtin, 1981: 315).

En Itzam Na, observamos principalmente un conflicto generacional en el cual los choques por motivos ideológicos, políticos, sociales, culturales y de identidad conllevan a una rebelión juvenil que nunca logra hacer cambios radicales, pero que inminentemente confronta a la autoridad y al sistema. En esta novela, los jóvenes rebeldes se identifican con un lenguaje irreverente, lúdico y hasta delincuencial que rompe con las reglas del “buen decir” de su clase acomodada. Su rebelión se expresa a través del desligamiento de las buenas costumbres, conducta establecida y “apropiada” de clase, forma de vida y visión de mundo impuesta por sus mayores. Es a través de esta rebelión juvenil que encontramos una crítica implícita al sistema burgués y por ende oficial guatemalteco y una propuesta abierta a llevar a cabo cambios socio-políticos por medios pacíficos. A través de la novela se observa una diversidad de enunciados polifónicos por medio de los cuales se expresa, por un lado, la rebeldía contra el sistema socio-político conservador y oprimente, y por otro, la crítica social que el autor pretende llevar a cabo a través de los personajes. A diferencia de las novelas de Flores y Morales, ésta novela se estructura en tres secciones distintivas de enunciación lingüística o lo que Bakhtin denomina como “utterance”. La enunciación, parafraseando a Bakhtin, es la forma de expresión individual y subjetiva de un sujeto, en la cual entran en juego condiciones específicas en cuanto a temática, lingüística y estilo (Bakhtin, 1986b: 60).

Las principales enunciaciones que encontramos en Itzam Na poseen su propio estilo, individualidad y la peculiaridad psicológica de cada uno de los personajes que las originan. La división tripartita de enunciaciones está conformada primeramente, por el narrador principal Pispi Sigaña hilando su historia, la de sus amigos y enemigos en forma retrospectiva. Pispi Sigaña se encarga de introducir al lector el resto de enunciaciones presentes en la novela. La segunda sección enunciativa está integrada por un diario escrito por La Gran Puta, ya fallecida. Al igual que la narración de Pispi Sigaña, el diario de La Gran Puta está organizado retrospectivamente. La tercera sección está integrada por las cartas enviadas a La Gran Puta por sus familiares. En lo que respecta a esta sección las cartas del tío Milo constituyen mayoría. Es preciso notar que en esta sección el orden narrativo de las cartas lleva una continuidad lineal. Hecho que contrasta con las otras dos secciones narrativas. Se puede intuir que este formato es adrede en la narrativa de la novela, debido a que en las secciones narrativas que corresponden a Pispi Sigaña y La Gran Puta los enunciados lingüísticos y las formas de conducta que se presentan en ellas rompen con el status quo, proponiéndose en sí una narrativa rebelde. Mientras que en la tercera sección los enunciados lingüísticos y las formas de conducta son conservadores y se repliegan a lo establecido por la sociedad elitista guatemalteca. En estas enunciaciones lingüísticas se puede observar la estratificación interna del lenguaje que tiene lugar en la novela. La estratificación en un principio se lleva a cabo en términos de los géneros que se intercalan en el texto de la novela y que llegan a formar parte de ella. Estos géneros traen consigo sus propias características, lenguajes y acentos. En la estructura narrativa de Itzam Na observamos el uso del diario, las cartas personales, los recortes de editoriales y noticias publicados en el periódico y la narración de Pispi Sigaña.

La jerarquía lingüística se establece desde un punto de vista “oficial”, en otras palabras, el lenguaje aceptado como forma del “buen decir” se hace prominente ante el lenguaje en rebelión. En esta jerarquía el lenguaje austero y formal de las cartas del tío Milo y el formalismo de los editoriales de prensa que forman un apartado en el diario de la Gran Puta ocupan el escalón superior. En estas cartas y editoriales periodísticos observamos la tendencia a identificarse con el lenguaje elitista guatemalteco, lenguaje que intrínsecamente lleva consigo la marca de los que poseen el poder. En su continuo descenso en la jerarquía del lenguaje continúan las enunciaciones eclécticas de La Gran Puta, que incluyen meditaciones poéticas y existenciales, y en el escalón final encontramos las enunciaciones de Pispi Sigaña que poseen como característica principal la irreverencia, la vulgaridad, la sátira y la parodia, donde abunda el fonetismo auditivo, uso de onomatopeyas y clichés. Su enunciación perpetúa una línea irreverente y lúdica sobre la cual Linda Craft expresa lo siguiente:

Arias clearly delights in verbal acrobatics, name distortions, and outrageous banter —all aspects of his concept of art. His linguistic playfulness and literary irony situate him well within the tradition or irreverent and jocular Guatemalan writers that started with the first Guatemalan novelist and humorist, Irrisari. Arias’s palabra entertains, but also documents and denounces (133).

Lo anterior, se materializa especialmente en la narración de Pispi Sigaña, quien hace uso de un lenguaje soez a través de toda la novela. Este personaje, como vocero del resto del grupo juvenil, utiliza este tipo de lenguaje como una forma identitaria y de rebelión convirtiéndose así en el hablante-intelectual colectivo. Constantemente, Pispi Sigaña hace uso de lo que Bakhtin denominó en su estudio sobre la obra de Rabelais como “el lenguaje del mercado” y que se caracteriza principalmente por los insultos y las palabras hirientes (Bakhtin, 1984: 16). Por lo tanto, el lenguaje de Pispi Sigaña se encuentra mucho más ligado a los sectores populares urbanos guatemaltecas que a la élite socio-política del país. Es preciso aclarar que en las novelas de Flores y Morales la jerarquización del lenguaje no se marca tan distintivamente como en Itzam Na, debido principalmente a su estructura. Es decir, en las novelas de Flores y Morales se utiliza principalmente monólogos interiores, fluir de la consciencia y flashbacks en la narración, y no se evidencian enunciaciones marcadas en bloque que sean totalmente diferentes. Esto no quiere decir que haya una ausencia de voces que puedan jerarquizarse en estas novelas, ya que se observan instancias en las cuales el "discurso oficial" interviene y hace la diferencia. Por ejemplo, se encuentran por un lado, las enunciaciones de las madres de familia que poseen el control y funcionan como entes de represión en Los compañeros, y por otro, las enunciaciones de los profesores en Los demonios salvajes.

En lo que respecta a Itzam Na, Pispi Sigaña, así como el resto de los personajes juveniles, experimenta rutinariamente la opresión y la violencia doméstica a manos de un padre déspota y la vulnerabilidad de una madre sin autoridad. Si metafóricamente se traslada esta simbología a un nivel macro-socio-político, el padre autoritario y violento es la representación del régimen militar represivo que gobernaba al país a base de terror y muerte. La figura de la madre dominada y vencida metáfora de la mayoría del pueblo que solamente se replegaba a sufrir la violencia. Los hijos en rebelión, simbolizan aquellos grupos aislados que trataban de sublevarse y luchar contra el sistema.

En Los compañeros sucede algo similar, aunque la opresión y la violencia experimentadas tienen su origen en el matriarcado impuesto en el hogar. De ese modo, su rebelión es dirigida principalmente contra las figuras femeninas que actúan como entes represores. El matriarcado aquí actúa como una metáfora de la nación represora. En la siguiente cita observamos el regaño maternal y la contra-respuesta del Bolo, uno de los personajes de la novela:

“Siempre te he vivido cantando —¡puta, mariachi!— que seás un hombre decente y que hagás algo para el futuro. No siempre voy a vivir yo —¡gracias a dios!— para mantenerte…Además tenés que pensar en tu familia, en el buen nombre de tu hermana— más puta que las gallinas y allí no dice nada la vieja alcahueta—. Debés ir a misa si no qué va a decir la gente, que no sos decente —como le salió en verso mis huevos para su almuerzo. Tenés que llegar a ser alguien —puchis, soy la nada—, para eso me he sacrificado yo toda la vida. Me he quitado el pan de la boca para que vos comás — por eso está tan flaca la gordiflona—.” (Flores, 1995: 27).

La enunciación del Bolo, así como en el caso de Pispi Sigaña, se presenta como una enunciación colectiva al rebelarse contra el matriarcado, debido a que el resto de personajes, asimismo, experimentan la represión y el control castrante de este sistema de parentesco.

En Los demonios salvajes la situación de rebeldía no se evidencia contra los padres, o un matriarcado rígido, debido simplemente a que estas relaciones no se desarrollan en la novela. Más bien la actitud rebelde y contestataria es dirigida contra las autoridades educativas y el profesorado de un centro de enseñanza secundaria, la English American School. Al igual que los personajes de Itzam Na, se observa la tendencia adolescente de identificarse con cierto tipo de lenguaje. Por un lado, para identificarse como una colectividad diferente y alterna en la sociedad, y por otro, para llevar a cabo su rebelión contra la disciplina rígida de la institución. Aunque sus tácticas son básicamente aquellas utilizadas por cualquier grupito juvenil en rebelión: uso de formas diversas de conducta, de aproximación social y de aspecto físico, manejo de rasgos lingüísticos diferenciales tales como expresiones “compuestas de formas dialectales, albures [y] jergas (…) ” (Alarcón, 1978: 51). Su intención es alienarse del resto de la población y gozar de privacidad al reducir el entendimiento y acceso a su propia expresión. La pandilla de adolescentes en Los demonios salvajes, son fiel ejemplo del uso de un lenguaje dialectal ligado a sus intereses. Una de estas formas dialectales es la jerigonza, que según Mario Torrealba Losi, el diccionario de la Real Academia “tilda de mal gusto y hasta chocarrera” (Torrealba, 1997: 56). A través de la jerigonza, estos adolescentes no solamente se aíslan lingüísticamente, sino que mantienen un recurso lúdico ante la seriedad. Veamos una de sus utilizaciones de ciertas jerigonzas:

“—Viminis yi

—Osporoto hombro, folto grobor ol copotolo do moñono.

—¿Il fin si miri li viji?"

—Clere

—Puru quu su muru sufrundu, sufrundu cumu un purru.

—Ay ta

—Te, sere, te medre” (Morales, 1993: 107)

Aparte de la utilización de jerigonzas e intrincados modos de hablar también su rebelión se evidencia a través de sus conductas con los diversos profesores. A pesar de la rigidez represora de la English American School, metáfora del sistema político impuesto en el país, los chicos son ingeniosos al llevar a cabo burlas y actos de irrespeto. Su principal forma de demostrar su irreverencia y rebeldía es a través de travesuras mal intencionadas y de la narración de historias pornográficas. Las figuras de autoridad en el colegio son objetos de burla y protagonistas de historias eróticas, en las cuales se narran depravaciones sexuales. Por ejemplo, el cuento más gustado es el cuento erótico que tiene como protagonista a la maestra de inglés, Miss Bianchi, quien en la historia funge como instigadora de depravaciones sexuales con un gorila. Se puede leer en esta historia la alusión al extranjerismo de la maestra y ese estereotipo existente en la cultura guatemalteca con respecto a la promiscuidad y depravación de personas provenientes de países del primer mundo. Al mismo tiempo, a través de esta historia de humor erótico grotesco e irreverente, se hace mofa y se insulta a una figura de autoridad, representante simbólica del sistema hegemónico-imperialista.

En una práctica de lo que Bakhtin llamaría conductas del carnaval, en las cuales se evidencian actividades que tienen que ver con las necesidades físicas y sexuales, los estudiantes de la English American School, se masturban intencionalmente en el salón de clase. Con esta conducta irrespetan las reglas conservadoras de la institución. Asimismo, en su intención de saciar sus instintos sexuales que se encuentran en efervescencia adolescente, faltan al respeto a las maestras al convertirlas en objetos sexuales, a quienes espían vouyerísticamente. Hay una rotación entre los estudiantes para observar las piernas y la ropa interior de la víctima:

"Cárcamo se encuentra ahora debajo de la cátedra pensando en los bigotes de Miss Berta, vieja panzona, bigotona, calientona, piensa y el calzonote amarillo." (Morales, 1993: 77)

Todos los personajes juveniles en las diversas novelas presentan peculiaridades en sus conductas que contrastan con las reglas de "buena conducta" y la moral establecidas por la sociedad elitista. En Itzam Na, Pispi Sigaña enfoca gran parte de su narración en las actividades de su grupo juvenil, exponiendo sus propias experiencias, fantasías, deseos, frustraciones y carencias. Una de estas actividades rutinarias es la drogadicción, que los convierte en un grupo alienado y rebelde. Los productos adictivos que utilizan es tan variado como su lenguaje, entre ellos se encuentran: la marihuana, los hongos alucinatorios, el peyote, el alcohol, la cocaína, la heroína y el LSD. Además de sus desenfrenos drogadictos también practican desenfrenos sexuales. A través de su conducta libertina también se rebelan contra las reglas conservadoras sobre la abstinencia y el sexo extramarital. Al narrar dichos personajes explícitamente sus experiencias sexuales rompen con las imposiciones de clase relacionándose con el pueblo que habla de estos asuntos más abiertamente. Al respecto, es preciso notar que la incursión en los temas sexuales es uno de los aspectos que caracteriza la Nueva Novela Guatemalteca, y como se observa se patentizan especialmente en la obra de Arias, Flores y Morales.

Para el grupo juvenil en Los compañeros, las experiencias sexuales también forman una parte de esa actitud rebelde y contestataria. Sus experiencias sexuales al igual que las del Establo en Itzam Na son gráfica y explícitamente narradas. En su caso, su rebelión va dirigida contra sus madres, entes represores y controladores de la vida sexual de los personajes masculinos. El control se observa explícitamente en el caso del Bolo a quien su madre le repite y le advierte incansablemente que incurrirá en pecado al tener sexo extramaritalmente:

"Es, pecado, ya sabés que es pecado y debés esperarte hasta que te casés. El padre me dijo que ayer saliste temprano del colegio, ¿a dónde te fuiste? Veniste oloroso a perfume. Cuando estabas acostado fui a olerte. ¿Con quien te fuiste desgraciado?" (Flores, 1995: 33)

A diferencia del grupo adolescente en Itzam Na, los adolescentes de Los compañeros y la pandilla de Los demonios salvajes se dedican principalmente a asistir a prostíbulos de mala muerte en los cuales son asiduos y conocidos clientes.

En Los compañeros y Los demonios salvajes el alcoholismo se presenta como una adicción, aunque esta práctica se manifiesta como acto de experimentación adolescente más que un escape de la realidad. Muy al contrario es el caso en Itzam Na donde claramente la drogadicción se practica como medio para escapar la realidad. Por medio de Pispi Sigaña, se observa la posición ideológica de este grupo juvenil con respecto al conflicto en el país. Este personaje influenciado por La Gran Puta, se rebela contra las prácticas violentas que los integrantes de su clase utilizan para resolver las situaciones que afectan sus intereses económicos o políticos. Para este grupo juvenil encontrar la paz constituye una parte integral de la búsqueda de una nueva realidad. En ese afán Pispi Sigaña propone una generalización del uso de la drogas como método para disminuir la violencia:

“Si todo el mundo fumara y comiera honguitos se acabarían los vergasos, ¿ya vas? Imagináte nomás, ¿qué ganas de torturar le pueden dar a un shumo pisado que ande bien alivianado ...” (Arias, 1997: 62)

En las novelas de Arias, Flores y Morales se observa, en diversos grados, la presencia de uno o varios personajes que socio-políticamente se encuentran conscientes de la situación difícil y caótica por la que atravesaba Guatemala. En algunos casos ciertos personajes fungen como ideólogos de los grupos juveniles e influencian al resto de sus miembros hasta hacerlos concientizar de la situación. En el caso de Itzam Na, la ideóloga es La Gran Puta, personaje femenino que rompe con todo esquema de convencionalismo, una mujer valiente y osada que no teme enfrentamientos para defender su visión de mundo, conducta e ideología. La Gran Puta como personaje motor en la obra puede ser vista desde el punto bakhtiniano en el cual “[e]l héroe (…) no es sólo palabra acerca de sí mismo y de su entorno más próximo, sino también la palabra acerca del mundo, el héroe no es solamente un ser consciente, sino un ideólogo” (Bakhtin, 1986a: 112). Su función principalmente es ser ejemplo y fuerza influenciante para lograr cambios en su grupo juvenil. Su conducta habla mucho de su fuerza de espíritu y su rebelión contra los parámetros establecidos para una mujer “decente” la condenan al ostracismo. Ella misma se autonombra La Gran Puta, aunque su verdadero nombre es María. Este autonombramiento constituye una forma de sublevación, un cambio de identidad. Con el cambio de identidad sucede un desbordamiento al extremo, su nombre, María, relacionado con la pureza y la inmaculación de la madre de Jesucristo se convierte en el extremo profano, ser la más grande de las prostitutas. La Gran Puta se rebela contra toda hipocresía, apariencia, reglas de conducta y restricciones establecidas en una sociedad conservadora. Sus convicciones y su coraje la alientan para confrontar a su sociedad con respecto a varios asuntos, entre ellos: sus prácticas de explotación y violencia contra la población menos privilegiada e indígena, su apoyo al gobierno represivo militar que guarda sus intereses, y su ignorancia con respecto a la cultura indígena. Al confrontar la Gran Puta a los poderosos ocurre lo que Bakhtin ha denominado como dialogización de conciencias, en la cual los personajes no se petrifican (Bakhtin, 1986a: 101). Dicha dialogización propone “[e]l método dialógico de la búsqueda de la verdad (que) se opone a un monologismo oficial que pretende poseer una verdad ya hecha, (y) se opone también a la ingenua seguridad de los hombres que creen saber algo, es decir que creen poseer algunas verdades.” (Bakhtin, 1986a: 155). Además, es importante notar que Arias, es el único escritor de la Nueva Novela Guatemalteca que, utiliza a un personaje femenino como líder/ideóloga, rompiendo así con el sistema de liderazgo machista convencional.

Una de las principales metas en la vida de la Gran Puta es disociarse individual y colectivamente de la violencia y desencasillarse de los esquemas de pensamiento racista y clasista que se les han inculcado, proponiéndose, asimismo, entender la cosmovisión indígena. Sus intenciones son legítimas, así como su interés por entender el mundo maya y encontrar una identidad en ese pasado. Lo cual está contrapuesto a los deseos y designios de la élite blanca y ladina guatemalteca. No deja su visión, con respecto a ciertas prácticas ancestrales, de ser un tanto equívoca y tergiversada, sin embargo su intención es válida, la cual contrasta radicalmente con la mentalidad racista de los adolescentes en Los compañeros, y la indiferencia total de los muchachos en Los demonios salvajes.

En Los demonios salvajes así como en Los compañeros, a diferencia de Itzam Na, no se observa un líder/ideólogo en el grupo. En la pandilla de los demonios salvajes, se observa la presencia de Roberto, que a diferencia del resto de adolescentes totalmente despreocupados de la situación política del país, está consciente de los problemas socio-políticos. Roberto ha sido testigo del conflicto y de los problemas a través de las experiencias familiares, entre las cuales se encuentran la huida de su familia de la capital durante el derrocamiento de Jacobo Árbenz Guzmán por las fuerzas mercenarias lideradas por Carlos Castillo Armas en 1954. El resto de muchachos ven el mundo desde un ambiente protegido y se encuentran aislados de las crueles realidades nacionales. Como lo expresa Ann González "ven el mundo sin tocarlo, envueltos en un capullo burgués " (…) simbólicamente encapsulados en el automóvil de Roberto" (González, 1994: 344). Es solamente en Roberto, que se manifiesta cierta concientización política en su entrada a la mayoría de edad. Hecho que se convierte en su propio debatir entre la inercia burguesa y la actividad revolucionaria.

Algo similar sucede en Los compañeros, donde el Patojo siendo testigo y participante a temprana edad de una manifestación política en contra de la dictadura de Jorge Ubico y otras manifestaciones posteriores, se convierte en un ser politizado en su etapa de joven adulto. Su concientización temprana, al igual que a Roberto, luego lo impulsa a unirse a las fuerzas revolucionarias, rebelándose contra los designios de un padre militar. A pesar de su concientización, a diferencia de la Gran Puta, el Patojo no funge el papel de ideólogo/líder en su grupo, pero si de un ejemplo de valentía y compromiso por sus ideales.

Concluyo que a través del lenguaje irreverente y soez tanto Marco Antonio Flores, como Arturo Arias y Mario Roberto Morales, rompen con el estilo aceptado y canónicamente establecido en la literatura guatemalteca. Con su peculiar narrativa introducen a la reciente literatura un lenguaje de los sectores populares y con herencia combativa. Asimismo, a través del lenguaje irreverente y profano sus personajes se identifican como un grupo alterno a la hegemonía conservadora y opresiva y confrontan el sistema a través de la satíra y la burla. Al usar el lenguaje perteneciente a la periferia y hacerlo propio, estos grupos juveniles se apartan de sus clases sociales identificándose con los oprimidos para confrontar a aquellos que los evaden. A través de las novelas encontramos un lenguaje combativo que trata de hacerse independiente y que al mismo tiempo, identifica y representa en sí la lucha que en ese momento algunos hacían por otros medios menos retóricos. Por otro lado, la resistencia y la confrontación a la hegemonía opresora se patentiza a través de conductas alternativas y de actitudes de rechazo y repudio a la violencia. Aunque en realidad su rebelión nunca llega a concretarse en acción y permanece solamente en palabras y pensamientos, la intención es valiosa. Lo que resta es la esperanza de rebelión contra cualquier sistema oprimente, hipócrita y corrupto, concretada en acciones y cambios, y no solamente a través de la palabra.

© Ana Yolanda Contreras


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